La mole de hormigón se eleva sobre un alcor que ofrece unas vistas impresionantes: de un lado, la sierra de Atapuerca; del otro, la Demanda aún exhibiendo sus cimas blancas. A la altura de Santovenia, frente al cruce que lleva a San Juan de Ortega -Nacional-120, carretera de Logroño-, languidece fantasmal un complejo hotelero que cumple diez años de abandono y que pese a las advertencias realizadas desde que fuera saqueado y vandalizado sigue constituyendo un verdadero peligro para curiosos, grafiteros y apasionados de los edificios vacíos, yertos.Del que fuera Hotel Restaurante Sierra de Atapuerca apenas queda el esqueleto.Las grandes letras de molde que lo anunciaban han desaparecido, y el único cartel que ha resistido a tanto olvido es ya apenas legible.El aparcamiento, hoy vacío, revela la ambición de aquel negocio de restauración de lujo que terminó fracasando tras algo más de una década en funcionamiento: es enorme, pensado para acoger decenas de camiones, el tráfico más frecuente de la vía.Estaba bien pensado, desde luego.

Poseía un comedor con capacidad para 300 comensales, nada menos. Este soberbio espacio ofrece hoy un aspecto fantasmal: su suelo está en muchos tramos levantado, y en el centro quedan restos de una antigua fogata; del alto y curvo techo de madera cuelgan, como ahorcados, las lámparas que un día iluminaron tantos banquetes. Sus paredes están reventadas y pintarrajeadas, abiertos de par en par al aire sus amplios ventanales. En la también enorme cocina queda, como postrero vestigio, la herrumbrosa campana extractora; lo mismo sucede con el bar y la larga barra que lo presidía. El resto es un puro escombro, que es lo que alfombra el diáfano vestíbulo que recibía al visitante, coronado por una claraboya abierta al cielo como un cañón de luz.

Resulta misión imposible no pisar un solo resto de la acción vandálica, y uno puede encontrarse desde cristales rotos a botes de pintura pasando por algunas de las dieciséis duchas de hidromasaje que en su día estuvieron en los baños de las 24 habitaciones que ofrecía este hotel de tres estrellas, que tenía ascensor incluido para subir a éstas y cuyo cajón desventrado es hoy otro símbolo de la ruina rampante que lleva una década devorando este complejo hotelero.El primer piso es el que encierra el principal peligro: el pasillo por el que se repartían las habitaciones (todas con sus baños destrozados, con sus armarios empotrados destartalados, las puertas arrancadas de sus goznes) tiene tres enormes arquetas abiertas por las que podría precipitarse algún incauto y desgraciarse. Por más que desde los pueblos del entorno se lleva años alertando del riesgo que supone este edificio (se ha reclamado por activa y por pasiva que sea tapiado para evitar que la gente entre), hoy -diez años después de su cierre- presenta más facilidades que nunca. 

Proyecto truncado. El Hotel Restaurante Sierra de Atapuerca fue inaugurado en 2004. Detrás del proyecto estaba el empresario burgalés Teodoro Pérez López.Aunque tenía experiencia, no cumplió sus objetivos y después de que la familia intentara sin éxito renegociar los plazos e importes hipotecarios el inmueble acabó en manos de la entidad que lo gestiona a través de una inmobiliaria. Está a la venta en el portal Fotocasa por casi un millón de euros.De aquel ambicioso proyecto no queda más que esta ruina, y eso que se anunciaba a bombo y platillo: «En Santovenia de Oca, en el kilómetro 92,2 de la carretera de Logroño, en el cruce que lleva hasta San Juan de Ortega y a tan solo 15 minutos de Burgos, se encuentra el Hotel Restaurante Sierra de Atapuerca. Se trata de un nuevo establecimiento situado en pleno Camino de Santiago, a solo seis kilómetros de los yacimientos arqueológicos y con unas magníficas vistas de las sierras de Atapuerca y de La Demanda y de los Montes de Oca. Sin embargo, de poco sirve tener una excepcional ubicación si no se ofrece un buen servicio a precios atractivos. Por eso, el Hotel Restaurante Sierra de Atapuerca pone a disposición de sus clientes unas instalaciones recién inauguradas que van más allá de las tres estrellas que tiene el establecimiento. El restaurante tiene una capacidad para acoger a 300 personas y en él se pueden degustar desde un amplio y variado menú del día, elaborado con platos caseros y disponible los siete días de la semana, a una comida o cena a la carta en la que se pueden encontrar carnes y pescados de primera calidad. Todo ello acompañado por una selección de vinos de distintas denominaciones de origen. Además, también dispone de una carta de menús de varios precios y opciones pensados para ocasiones familiares y comidas y cenas de grupo, sin olvidar la posibilidad de celebrar en sus instalaciones bodas y comuniones…».