Los caminos de la creación son inescrutables. A veces, cuando parece que todo está perdido y que uno no encuentra su sitio, sucede algo y se abre el horizonte hacia nuevas sendas de la belleza, el arte o a la aventura misma de la emoción. Algo así le ha pasado a Alberto Martín Giraldo (Verín, Orense, 1978), bautizado tiempo atrás como «el pintor revelación», que se convirtió en un artista sorprendente, original y figurativo, muy buscado, con obra en Aragón, sobre todo en la colección Enate o en la particular de Luis Nozaleda. Ahora ha aumentado su presencia con dos encargos el Grupo Jorge.