La región belga de Flandes, una de las principales cunas del ciclismo, parió en 1994 a Wout van Aert y Michael Goolaerts. Rivales desde … pequeños y compañeros durante una temporada, en 2018 sus caminos se separaron para siempre. Goolaerts falleció a causa de un paro cardíaco en el transcurso de la París-Roubaix, la carrera en la que siempre había soñado correr. Van Aert, que no supo nada hasta terminar la carrera, le despidió con una bellísima carta. «No solo he perdido a un súper compañero de equipo, sino también a un buen amigo. Siempre serás una inspiración. Descansa en paz». Con la fuerza de su amigo desde el cielo, Van Aert no encontró rival en Pogacar en el sprint del Velódromo de Roubaix, a donde lamentablemente Goolaerts nunca pudo llegar.

Con la piel de cordero y el desierto por el que ha vagado durante demasiados años bien presente, el belga del Visma se presentó en la Paris-Roubaix en uno de los mejores momentos de su carrera. En la dicotomía Van der Poel-Pogacar apenas se le tenía en cuenta como aspirante a la victoria, pero fue el más fuerte para lograr su segundo monumento tras Milán-San Remo 2020.

Si los adoquines de la París-Roubaix son una carnicería cada año, esta edición les tocó pasar por el matadero a los grandes favoritos. El primero en pinchar fue Pogacar, quien tuvo que remontar un minuto antes de pasar por Arenberg con la ayuda de Alpecin y Visma, que no quisieron hacer sangre en una decisión tan deportiva como poco ambiciosa.

Castigado Van der Poel

Peor suerte tuvo Van der Poel. El gran favorito a la victoria pinchó dos veces en Arenberg y perdió más de dos minutos que fueron imposibles de recuperar. Se intentó cambiar la bici con Jasper Philipsen pero no le entraron las calas, de distinto tamaño. Luego cambió la rueda afectada con Del Grosso, pero ya era tarde. Demasiados problemas técnicos en el momento decisivo de la carrera. A base de martillazos y tras una cabalgada emocionante intentó dar caza a Pogacar y Van Aert, que aceleró de forma inteligente a 53 kilómetros de meta cuando Van der Poel se acercaba peligrosamente.

La cosa quedó en un mano a mano. Queda en el imaginario qué hubiera sido de este carrerón con Van der Poel en la pelea. La redención de Van Aert o la hazaña de Pogacar, que buscaba ser el primero en ganar los cinco Monumentos consecutivos, una epopeya que cada día que pasa es todavía más probable. Es esloveno no se podía permitir dar una sola posibilidad a Van der Poel, su máximo rival pese a que a rueda tenía a otro enorme ciclista. Además, sus posibilidades pasaban por soltarle antes de meta, puesto que a un sprint en el Velódromo tenía las de perder. Aceleró el tramo adoquinado con salida en Carrefour. En balde.

Van Aert tenía un gran día y estaba aprovechando la coyuntura para llegar entero a meta. En el grupo de Van der Poel venía su compañero Laporte por lo que no tenía la necesidad de dar relevos en las zonas más peligrosas. Toda la responsabilidad la asumió Pogacar. Una vez superado el tramo decisivo y que por detrás arrojaron la toalla, volvió a colaborar hasta entrar al Velódromo.

El esloveno miraba atrás en las curvas peraltadas de la meta. No se quería anticipar y aguantaba el arreón de Van Aert. El neerlandés se levanto de la bici, empujó con el alma y un poco más, pasó como una exhalación y levantó el dedo al cielo por Goolaerts.

Pogacar contra la lógica

No es normal que el vigente campeón del Tour de Francia pelee hasta el último metro la París-Roubaix y no hay que dejar de poner en valor la preparación y valentía de Pogacar. Si el año pasado una caída le privó de ser una opción real al triunfo, esta edición demostró que el año que viene el mejor ciclista del mundo volverá a ser un firme candidato en la carrera más complicada del calendario. Nadie en la historia había sido capaz de empezar el año ganando Milán-San Remo, Tour de Flandes y París-Roubaix. Esta ‘derrota’, si se puede categorizar de esta manera –seguro que en su cabeza siente que ha perdido– otro segundo puesto, dignifica aún más a Pogacar y le presenta un reto para la temporada que viene a un ciclista necesitado de desafíos.