Películas como Embestida, un thriller con tiburones de por medio realizado para cines pero finalmente estrenado en Netflix, requieren ser conscientes de sus limitaciones. Que, en el caso de la película del noruego Tommy Wirkola —Zombis nazis, Hansel y Gretel—, están manifiestamente claras e indisimuladas. Todo el film deriva, a su vez, de otro —excelente— título de explotación como fue Infierno bajo el agua —2019—, del francés Alexandre Aja, donde unos peligrosos cocodrilos entraban en las casas de un vecindario de Florida tras inundarse por un huracán. Sustituyan reptiles por tiburones y voilà, ya tienen un entretenimiento de hora y media que, afortunadamente, destaca por unos aceptables efectos visuales y una mala leche debida tanto al realizador de serie B como al productor del evento, Adam McKay, director de comedia reconvertido en crítico del sistema en films como La gran apuesta o El vicio del poder.
Claro que el precedente directo de Embestida, tanto o más que el famoso Tiburón de Spielberg, estaría en la delirante saga Sharknado de la factoría Asylum, películas de serie Z que detonaron toda una moda cultural sharksploitation de la cual la aquí presente corrige algunas deficiencias, como una realización más que correcta y un sentido del humor negro compatible con un relativo dramatismo.
Wirkola dirige la primera mitad del film, de hecho, como si este fuera medianamente en serio, es decir, una aventura cotidiana de catástrofes con un reparto coral de probables víctimas y supervivientes. Los efectos del huracán son, dentro de los parámetros de la cinta, sorprendentemente verosímiles, así como los primeros ataques del grupo de tiburones toro que se infiltran en el pueblo costero de Annieville. Wirkola aprovecha escenarios y situaciones para rodar de manera elegante pero sin cortarse —ese plano cenital encima de la puerta mientras un escualo entra por la cocina…— y que remiten directamente a otro clásico de la serie B digital de tiburones, Deep Blue Sea de Renny Harlin.
Relacionado
Y sí, hay detalles de mala hostia compatibles con cierto verismo: la locutora indicando a los espectadores que se escriban en rotulador el nombre para identificar los cuerpos, el muñón de una de las víctimas conectando una emisora country, el camión de productos cárnicos que sirve de cebo a los depredadores, o una madre del reino animal salvando a otra que sirve para hacer un guiño al final de Jurassic Park.
Son todo ello momentos de genio en una cinta que sigue haciendo de su descaro la mejor virtud, por mucho que haya cosas que reprocharle. Bien resuelto como está la mayoría de su —escueto— metraje, llama la atención que Wirkola y McKay escamoteen al espectador un clímax bien construido, lo que por otro lado no hace más que evidenciar las asumidas limitaciones del relato. Película honesta y con una cierta visión ideológica de la clase obrera norteamericana —debida a McKay, probablemente—, Embestida está por encima de lo esperado e incluso habría resistido un tratamiento más ambicioso.