infecciones respiratorias

Las infecciones de las vías respiratorias inferiores (IVRI), como la neumonía y la bronquiolitis, continúan siendo la principal causa infecciosa de muerte en el mundo. Así lo confirma el último análisis del Estudio de la Carga Global de Enfermedades 2023 (GBD, por sus siglas en inglés), publicado en The Lancet Infectious Diseases, que ofrece una radiografía actualizada del impacto global de estas patologías en 204 países y territorios entre 1990 y 2023.

El trabajo, que amplía estimaciones previas con nuevos datos y modelos analíticos, cifra en 2,5 millones las muertes atribuibles a IVRI en 2023, junto a 98,7 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD). Pese a los avances logrados en las últimas décadas, los resultados ponen de relieve que la carga sigue siendo muy elevada, especialmente en los extremos de la vida: niños menores de cinco años y adultos de 70 o más.

Avances en la infancia, pero insuficientes

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la reducción del 33,4% en la mortalidad por infecciones respiratorias bajas en menores de cinco años desde 2010. Este descenso refleja, en gran medida, el impacto positivo de las campañas de vacunación, la mejora en el acceso a tratamientos y el fortalecimiento de algunos sistemas sanitarios.

Sin embargo, los progresos siguen siendo insuficientes para alcanzar los objetivos internacionales. En 2023, la tasa global de mortalidad en menores de cinco años se situó en 94,8 muertes por cada 100.000, muy por encima del umbral fijado por el Plan de Acción Mundial para la Prevención y el Control de la Neumonía y la Diarrea (GAPPD), que establece el objetivo en menos de 60 muertes por 100.000.

Aunque 129 de los 204 países analizados lograron situarse por debajo de ese objetivo, las desigualdades geográficas son marcadas. El África subsahariana concentra las tasas más elevadas y se mantiene como la región más alejada de las metas globales, evidenciando una brecha persistente en acceso a prevención, diagnóstico y tratamiento.

Una carga creciente en los mayores

Frente a la mejora observada en la población infantil, el estudio advierte de un estancamiento preocupante en los adultos mayores. En las personas de 70 años o más, la carga de enfermedad y mortalidad por IVRI sigue siendo muy elevada, con reducciones solo marginales desde 2010.

Este patrón refleja el envejecimiento progresivo de la población mundial y la mayor vulnerabilidad de este grupo frente a infecciones respiratorias. Además, pone sobre la mesa la necesidad de reforzar estrategias preventivas dirigidas a adultos, un ámbito tradicionalmente menos desarrollado que el pediátrico.

El análisis también ofrece un desglose detallado de los agentes infecciosos responsables. Entre los 26 patógenos evaluados, las bacterias continúan liderando la mortalidad global.

El principal responsable sigue siendo Streptococcus pneumoniae, causante de aproximadamente 634.000 muertes, lo que representa más de una cuarta parte del total. Le siguen Staphylococcus aureus, con 271.000 fallecimientos, y Klebsiella pneumoniae, con 228.000.

Estos datos refuerzan la relevancia de las vacunas antineumocócicas y de las estrategias frente a infecciones bacterianas, especialmente en contextos donde el acceso a antibióticos eficaces puede estar limitado o condicionado por la resistencia antimicrobiana.

Nuevos patógenos emergen en el radar

Una de las principales novedades del estudio GBD 2023 es la incorporación de 11 patógenos modelados por primera vez, que en conjunto representan alrededor del 22% de las muertes por infecciones respiratorias bajas.

Entre ellos destacan las micobacterias no tuberculosas, responsables de unas 177.000 muertes, y los hongos del género Aspergillus, con cerca de 68.000 fallecimientos. Su inclusión pone de manifiesto la creciente importancia de agentes no tradicionales, especialmente en poblaciones vulnerables o inmunodeprimidas.

Este hallazgo subraya la necesidad de mejorar la vigilancia epidemiológica y la capacidad diagnóstica, ya que muchos de estos patógenos pueden pasar desapercibidos o confundirse con otras infecciones respiratorias.

El estudio confirma que la carga de las IVRI no se distribuye de manera homogénea. Las tasas más altas de mortalidad se concentran en países de ingresos bajos y medios, particularmente en el África subsahariana. Factores como la pobreza, la malnutrición, la contaminación del aire, el hacinamiento y el acceso limitado a servicios sanitarios siguen desempeñando un papel clave en la persistencia de estas enfermedades. A ello se suma la desigual cobertura vacunal y las dificultades para implementar programas de prevención de manera equitativa.

El papel clave de la vacunación

Los autores destacan que los avances logrados en la reducción de la mortalidad infantil están estrechamente ligados a la expansión de la vacunación, especialmente frente a Streptococcus pneumoniae y otros patógenos respiratorios.

No obstante, advierten de que persisten importantes brechas en el acceso a vacunas, tanto en niños como en adultos. En este sentido, subrayan el potencial de nuevas herramientas preventivas, como los anticuerpos monoclonales frente al virus respiratorio sincitial (VRS), que podrían desempeñar un papel relevante en los próximos años.

Además, el estudio apunta a la necesidad de combatir la reticencia a la vacunación, un fenómeno creciente en algunas regiones que amenaza con revertir los avances alcanzados.

Más allá de la prevención, el informe pone el foco en la importancia de contar con sistemas sanitarios capaces de garantizar un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado de las infecciones respiratorias.

La disponibilidad de pruebas diagnósticas, el acceso a antibióticos y antivirales, y la capacidad de atención hospitalaria son elementos clave para reducir la mortalidad. Sin embargo, en muchos países con alta carga de enfermedad, estos recursos siguen siendo limitados.

Un doble desafío global

En conjunto, los resultados del GBD 2023 dibujan un escenario de progreso desigual. Por un lado, se han logrado avances significativos en la supervivencia infantil; por otro, persisten importantes retos, especialmente en adultos mayores y en regiones con menos recursos.

Los autores concluyen que el control de las infecciones respiratorias bajas en las próximas décadas dependerá de la capacidad de los sistemas sanitarios para afrontar un doble desafío: mantener los logros en la reducción de la mortalidad infantil y, al mismo tiempo, responder al aumento de la vulnerabilidad en una población global cada vez más envejecida.

Para ello, será imprescindible reforzar la equidad en el acceso a vacunas y tratamientos, ampliar la vigilancia de patógenos emergentes y consolidar sistemas de salud resilientes. Solo así será posible avanzar hacia los objetivos internacionales y reducir de forma sostenida la carga de una de las principales amenazas infecciosas a nivel mundial.

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