La editora de Elísabet Benavent en Suma de Letras, Ana Lozano, le envió un artículo sobre el síndrome de la niña buena. «Yo creo que aquí hay un ‘temazo’ para una novela», le dijo. La autora, que ha vendido más de cinco millones … de ejemplares de su obra, reconoció el filón. Ella misma y sus amigas, que acaban de estrenar los cuarenta, habían tenido conversaciones en torno a ese patrón, que «no tiene tanto que ver con portarse bien, sino con lo que los demás esperan de nosotras», explica a ABC. «Hay mucho de ser complaciente, de contentar expectativas, de no levantar demasiado la voz ni llamar la atención».

Benavent está convencida de que cuestionar la proyección social de la mujer -la que se filtra en la literatura, en las pantallas, en los medios y en las redes- es un proceso que llega con el tiempo, a medida que se acumulan experiencias. «No es tanto interpretar un papel como tener dibujadas en el suelo nuestras propias fronteras, aquellas líneas de las que no nos queremos salir», incide.

Una imagen limitante que ella ha encarnado en su libro en Júlia Casanovas. Hace diez años fue una actriz de relumbrón, pero ahora trabaja en un bar de tapas de Barcelona. La clave para entender el abismo entre ambas vidas está en su madre, cuyos rasgos narcisistas y controladores llevaron a pique su carrera. «Quería tratar en la novela el éxito porque hoy en día manejamos una idea grandilocuente que no tiene que ver con la vida real. Lo veo en la gente más joven, que aún no se ha enfrentado al mundo laboral y que sigue, sobre todo en redes sociales, unas vidas de éxito completamente irreales. Normalizan que se viaje a cualquier confín del mundo, que se consuma mucho lujo… Se ha pervertido y se nos está olvidando relacionarla con lo que debería estar, la felicidad».

Benavent reconoce que su relación con el éxito está lejos de esa imagen idealizada. «En la editorial me llaman Sor Angustias de la Cruz», confiesa entre risas, mientras admite que sufre bastante ansiedad y que lleva desde sus comienzos conviviendo con el miedo y la incertidumbre. Su forma de gestionarlo pasa por un ejercicio constante de equilibrio: «Creo que es muy importante saber que la situación que tienes hoy es la de hoy, la de ayer fue otra y la de mañana no se sabe cuál será».

Júlia hace malabarismos entre el pasado y el futuro en ‘Una niña buena’. Entre Germán, que ha escrito una novela pensando en ella, y Mateo, el director de fotografía de la adaptación cinematográfica que Júlia protagoniza y que fue su primer amor. «Esto no es un triángulo amoroso, es una mujer que se debate entre lo que ha idealizado y lo que cree que debería ser. Quizá hay que restarle poesía a la vida para vivirla plenamente», avanza.

Como suele pasar en estos casos, la cabeza puede estar confundida, pero el cuerpo no. Y eso se traduce en el sexo. «Cuando escribo una escena de sexo siento que estoy manejando queroseno», advierte Benavent. A pesar de que reconoce que la línea que separa lo sensual de lo chabacano es muy delgada, es partidaria de mostrarlo sin tabúes. «En el espacio oscuro donde no se cuenta y no se habla es donde crecen los prejuicios que nos hacen mucho daño, pero estas escenas tienen un sentido. Es el lenguaje de los amantes y me gusta que juegue un papel dentro de la historia».

En ‘La niña libre’ hay una sexualidad libre y decisiones reproductivas muy conscientes. La autora tiene muy claro que no quiere ser madre, pero trata el tema en sus libros «con muchísimo cuidado y respeto». Para el caso de la mejor amiga de Júlia, Judith, ha hablado con amigas que ya han sido madres y con amigas que se lo están pensando. «Sabe que quiere esperar, pero tiene miedo a equivocarse. Esa idea de: ‘¿Estaré priorizando algo que no debería?, ¿estoy relegando a un segundo plano algo que me va a hacer feliz?… Creo que la idea que quiero que quede ahí es que la duda es sana».

«La escritora ya trabaja en su próxima novela, prevista para 2027, y ha dejado lista para su publicación en otoño una obra de no ficción que se aleja de su narrativa habitual»

Benavent también pone el foco sobre el escenario, ya que el rodaje de la película de Júlia se lleva a cabo en la localidad leonesa de Villaquilambre. La España vacía como telón de fondo. «Muchísimo territorio queda abandonado porque es muy difícil ocupar un sitio donde no hay atención sanitaria y los servicios llegan tarde y mal. Estamos muy apretados en las grandes ciudades y reivindico que las grandes cosas no solo pasan aquí. La vida está en todas partes».

‘Valeria’, ‘Fuimos canciones’ o ‘Un cuento perfecto’ ya han cruzado el umbral de la literatura hacia la pantalla, ¿hay probabilidades de que ‘Una niña buena’ lo haga? «Me gustaría muchísimo, pero soy consciente de que el hecho de que sea metanarrativa, meter un rodaje en un rodaje, es muy complicado. Me da a mí que esta no la voy a ver».

Benavent sí que verá en los próximos meses el estreno en Netflix de ‘Toda la verdad de mis mentiras’. «Estoy a la espera de la fecha oficial, pero será en 2026. Ya lo he podido ver y es un proyecto que respira verano. Terminas de ver los cinco episodios y lo que quieres es llamar a tus amigos y montar un viaje», adelanta.

Mientras tanto, la escritora ya trabaja en su próxima novela, prevista para 2027, y ha dejado lista para su publicación en otoño una obra de no ficción que se aleja de su narrativa habitual. Se trata de un conjunto de textos nacidos en los viajes de trabajo, en esos momentos en los que la escritura se convierte en un diálogo interior. «Son textos sobre los temas que nos abordan cuando estamos solos».