Fue un proyecto ‘revolucionario’, sin precedentes, rompedor. Tanto, que resultó demasiado vanguardista y no pasó de la maqueta. Hoy se cumplen dos décadas del carpetazo al que podría haber sido el edificio más alto de la ciudad, el denominado Ojo del Califa, un hotel … que planteó Prasa con diseño el arquitecto Carlos Ferrater, y que iba a ocupar el solar del ‘Oxidaíto’ (Eurostars Palace). Las primeras referencias hablaban de que alcanzaría los 70 metros.
La promotora presentó en octubre de 2005 el diseño de su innovador hotel cinco estrellas que sustituiría al ya demolido icónico Meliá. El proyecto, firmado por el arquitecto Carlos Ferrater, bajaba algo la altura planteada en un principio: un edificio de 13 plantas con unas 140 habitaciones y 45 metros de altura. Iría acompañado de un centro de convenciones de 20 metros y cuatro plantas, con un parking subterráneo para 60 plazas en conde de Vallellano.
La maqueta que se mostró a la opinión pública mostraba la suntuosidad y elegancia del complejo (la inversión de Prasa rondaría los 15 millones de euros), que contaba con un atrio para conectar sus dos edificios; incluso se había previsto la creación de un espacio arqueológico.
Contaría con una cubierta de piezas de arenista, inspiradas en las celosías árabes. Además, contaría con un plano ondulado para reflejar la luz de forma distinta.
Las críticas, que ya se fueron fraguando desde comenzó a esbozarse el hotel, se recrudecieron: personalidades destacadas, como el exalcalde Herminio Trigo, manifestaron su disconformidad con un proyecto que, por su altura, rompería la fisonomía visual de la ciudad. Estas voces reprobaban que el hotel acabaría con el skyline de Córdoba.
No obstante, la iniciativa siguió adelante, incluso con el visto bueno del gobierno municipal de IU, que aprobó con el apoyo del Partido Popular y con la abstención del PSOE, la innovación en el PGOU para permitir hasta 74 metros de altura.
Sin embargo, los opositores amenazaron con acudir a los tribunales si el Ojo del Califa veía la luz. Esto unido al tiempo que habría que esperar para que la citada innovación urbanística se hiciera efectiva, llevaron a Prasa a renunciar a su hotel el 15 de abril de 2006.
El padre del Ojo del Califa reconoce, veinte años después, quie «me dio mucha pena que el proyecto no se realizara, porque lo consideraba muy significativo, tanto por su simbolismo como por su capacidad de convertirse en un icono. Era una propuesta espectacular, especialmente por la forma en que se integraba en el entorno, en esa puerta de entrada a la ciudad de Córdoba, con su hermosa planta que evocaba la forma de una hoja».
El arquitecto recuerda que mantuvo varios encuentros con Rosa Aguilar, alcaldesa por entonces, «y ella estaba completamente enamorada del proyecto. Sin embargo, el verdadero obstáculo vino del interior de su propio partido político. La ciudad no protestó, pero los problemas fueron a nivel interno, lo que, personalmente, le supo fatal a Rosa», cuenta Ferrater.
«Nunca consideré rebajar la altura; hubiera comprometido su esencia al tener que hacerlo más ‘chato’»
Carlos Ferrater
Arquitecto del Ojo del Califa
A lo largo de estos años, el interés por el Ojo del Califa se ha mantenido, curiosamente. «Sigue generando una gran cantidad de búsquedas en Google, lo que demuestra que el proyecto continúa siendo una referencia para muchas personas».
No se consideró reducir la altura del edificio, «ya que eso habría comprometido su esencia, haciéndolo más ‘chato’. Me ofrecieron la posibilidad de continuar con el proyecto que iba a sutituir al original, pero decidí no hacerlo. Así que me quedé con la ilusión del Ojo del Califa, tal como lo había concebido», reconoce Ferrater.
El origen del ‘Oxidaíto’
Así, el arquitecto Justo Isasi junto con Alfonso Casares se encargaron del nuevo hotel: un edificio de siete plantas con un espectacular mirador en el ático, zonas ajardinadas y piscina, 143 habitaciones dobles , cinco suites junior y siete senior, además de salones de reunión y congresos con capacidad para 400 personas.
Su característica más llamativa (y que en un principio tampoco gustó demasiado a la opinión pública) fue la piel de acero que arropa el complejo de cristal, conformada por unas mil chapas de cortem.
El ‘Oxidaíto’, como se conoce al Eurostars Palace relegó al olvido al Ojo del Califa, al menos, en Córdoba, ya que en octubre de 2006, la constructora se hizo con un terreno en Wroclaw (Polonia) donde proyectó un hotel muy similar.