Lleva el ciclismo en la sangre, desde que para su primera comunión le regalaron una bicicleta de carrera. Y con 44 años Alberto Viejo Escudero ‘Albertín’ sigue disfrutando sobre las dos ruedas. Y poniéndose retos.
Entre ellos, nada menos que lograr completar los cinco monumentos del ciclismo en su versión cicloturista, seis si se tiene en cuenta la Strade Bianche que muchos, por su historia y características, ya la sitúan en el mismo vagón que la París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja, Giro de Lombardía, Milán-San Remo y Tour de Flandes.
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En cinco años, desde que en 2021 afrontara el primer monumento con la Lieja-Bastoña-Lieja, Alberto ha logrado añadir otros dos escenarios más, el último hace apenas unos días con el pavé y los adoquines como exigentes examinadores, la París-Roubaix. «Ha sido una experiencia que voy a recordar siempre», apunta este ciclista leonés que recuerda su llegada al Velódromo de Roubaix como una imagen imborrable. «Llegar para poder acabar la marcha y dar una última vuelta en el velódromo es algo que no se puede explicar con palabras. Es hacerlo a un sitio mítico. Es como si fueras a la final de la Champions en un estadio de los llamados históricos, que gane tu equipo y luego poder bajar al terreno de juego», apunta.
Y todo tras un recorrido exigente que hace bien al apodo de la carrera como ‘el infierno del norte’. Y más superando zonas con tanta historia como extrema dureza como el Bosque Arenberg en el que los adoquines obligan a quien los transita a un sufrimiento extremo. «Para mí el recorrido sobre la bicicleta fue una novedad. No hay en España lugares donde poder entrenar estas condiciones y viajé sabedor de que iba a encontrarme cosas poco habituales. Las manos y la espalda padecen mucho. Cuanto más fuerte coges el manillar el impacto es mayor. Por eso me fui fijando en otros ciclistas que contaban con más experiencia para aprender de ellos y salir airoso», remarca Albertín que ya mira a su siguiente objetivo: el Giro de Lombardía. Eso sí «lo más seguro es que sea el próximo año o tal vez dentro de dos. Lo voy a hacer, pero no quiero precipitarme», confiesa.
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Sobre esta faceta de realizar los monumentos ciclistas a nivel internacional, Alberto Viejo Escudero apunta: «He realizado muchas clásicas y marchas. Pero quería buscar nuevos alicientes. Ya no me llenaban y, tras ver por la televisión, hace unos años una marcha de una dureza que la resumía su nombre ‘La Heroica’ decidí afrontar este reto. No pude hacerlo en 2020 a causa de la pandemia, pero en 2021 me inicié con la Lieja-Bastoña-Lieja. Luego dos años más tarde con la Strade Bianche y ahora con la París Roubaix».
Son pruebas que tienen su versión cicloturista, por el mismo trazado (salvo la Milán-San Remo) y eso es un aliciente para personas como yo. Fíjate que en la París-Roubaix este año tomamos parte 12.000 cicloturistas. Además, luego podemos quedarnos para ver al día siguiente la prueba en versión de los ciclistas profesionales».
Albertín afronta cada uno de estos retos desplazándose en autocaravana y con el convencimiento de que no los afronta como unas ‘vacaciones. Si corres es para acabar, y de la mejor manera posible», apostilla Albertín.
«Llegar al Velódromo de Roubaix y dar una vuelta antes de acabar es algo que lo recuerdas siempre»