Zaragoza es una ciudad especialmente rica en monumentos y obras públicas, muchos de ellos profundamente ligados a la memoria colectiva de sus vecinos. Algunos han marcado la infancia de varias generaciones, como el caballito de La Lonja, mientras que otros han sido escenario de momentos históricos y festivos, como la fuente de la plaza de España, convertida durante años en símbolo de celebración y orgullo cada vez que el Real Zaragoza conquistaba una Copa del Rey.
En la capital se puede encontrar monumentos dedicados a grandes figuras como Goya o César Augusto, este último uno de los más visitados y fotografiados de la ciudad. También tienen su homenaje personajes históricos como Palafox o Agustina de Aragón. Sin embargo, dentro de la categoría de «Esculturas» que usa Google, hay una pieza relativamente reciente que, a pesar de su juventud, guarda un enorme significado para la ciudad y deja fascinados a los turistas.
El Alma del Ebro, la escultura más famosa de Zaragoza, según las reseñas de Google
Conviene recordar que no es lo mismo un monumento que una escultura: los monumentos se erigen para conmemorar un hecho o personaje, como el famoso Rey Alfonso I el Batallador, mientras que las esculturas suelen gozar de mayor libertad creativa y expresiva.
Con 353 reseñas, más que el niño que mira a la Torre Nueva o el Dragón Emergente, se encuentra el Alma del Ebro (junto al Palacio de Congresos) y no hay forma más poética de capturar la esencia de Zaragoza que con esta escultura. Creada por el reconocido artista Jaume Plensa para la Expo 2008, esta obra se ha convertido en el testigo más simbólico que ha resistido al paso del tiempo. Su significado es profundo y el propio autor lo explicó con una frase que lo dice todo: «Es una arquitectura que protege algo muy frágil, como es el alma».
Aunque algunos la conocen como «El hombre de las Letras», para Jaume Plensa, el Ebro es lo que da vida a la provincia de Zaragoza y por eso quiso que fuese este río el protagonista de su obra y su visión es compartida por quienes la visitan: «Siempre que la miro reflexiono en lo que explicó su autor cuando se inauguró, no son muchas las ocasiones que se tienen de ver una escultura por dentro».
La obra representa a un ser humano, eso sí, de 11 metros de altura y 8,5 de ancho, en posición casi fetal, que “mira hacia adentro” invitando al espectador a reflexionar sobre sí mismo. Está compuesta en acero a base de letras del alfabeto: «No te puedes ir de Zaragoza sin verla».
En este caso el interior es hueco y practicable, invitando al espectador a introducirse en la figura sedente para mirar desde dentro hacia el exterior. Ello no deja de ser una manera compleja de aludir al alma de la figura. Las reseñas destacan la sensación tan extraña al entrar dentro de la figura o lo icónica que es en la ciudad: «Si no te has hecho una foto con ella es que no eres de Zaragoza», afirman.
La mayoría de las reseñas destacan su majestuosidad e incluso hay algunos que aprovechan para arrojar sus reflexiones desde dentro de ella, como un turista inglés que dice: «He estado una hora aquí«. Sin lugar a dudas, una de las esculturas más impactantes de la ciudad, capaz de estremecer a cualquiera que la contemple. De hecho, los ciudadanos alientan a que la ciudad haga más publicidad de ella debido al gran potencial que tiene como atractivo turístico. Sin embargo, la escultura no solo existe en la ciudad, ya que Moscú tiene una muy similar.