Cuatro años de guerra en Ucrania se pueden condensar en unas pocas cifras: las de los más de 12.600 civiles muertos, los más … de 29.999 heridos y los cerca de 6,8 millones de refugiados. Y también en la veintena de imágenes captadas sobre el terreno por el gijonés Álex Zapico y el barcelonés Ricardo García Vilanova que, hasta el 3 de mayo, se pueden ver en el Paseo de Begoña, en una exposición organizada por la concejalía de Servicios Sociales, Vivienda y Cooperación que lleva por título ‘La Vía Láctea tiene nombre ucraniano’.
Imágenes de los primeros días de la guerra a las afueras de Kiev, con la población huyendo de sus casas mientras los soldados se dirigen a los combates, o del instante en que una mujer se despide con un beso de su hija de 8 años, Margarita, durante su funeral. La foto, de Ricardo García Vilanova, no solo es de «las más duras» sino que tiene el valor de haber sido el primer testimonio gráfico de que «también había víctimas civiles, algo que hasta ese momento Rusia negaba. Por eso, esta foto cambia el relato de la guerra», explicaba esta mañana Álex Zapico en la inauguración de la exposición. De hecho, según le contó el propio García Vilanova, durante el funeral de la niña «continuaron bombardeando con drones la zona».

Álex Zapico y Guzmán Pendás, con varios ucranianos residentes en Asturias. Entre ellos, Oleksandor Kamchatnyy (primero por la izquierda) y Halina Zhkovska (quinta por la izquierda).
E. C.

Las fotos (tomadas entre hace cuatro años y seis meses) se pueden ver en cada uno de los cuatro lados de 2×2 metros de los cinco cubos instalados en el paseo gijonés. El objetivo es seguir «sensibilizando a la ciudadanía gijonesa» respecto a la crueldad de la guerra y cómo el conflicto está impactando en la población civil, comentó Pendás.
De lo que allí se está viviendo pudo hacerse una idea a partir del relato de Zapico, quien explicó que «todas las personas que salen en mis fotografías están muertas» en la actualidad. Las había retratado en un refugio (aunque «llamarle refugio es mucho, aquello era un sótano») en Zaporiyia, a 800 metros del frente. La mayoría eran personas mayores que no quisieron, o no pudieron, huir de sus pueblos. Salían una hora al día al exterior, para poder asearse o echarse un poquito de agua y respirar, contó. Y cuatro días después de que él se fuera de allí, el refugio fue destruido con drones cargados de explosivos. Por eso, «es muy importante seguir recordando las víctimas civiles y lo que está pasando en Ucrania», insistió el fotógrafo.
«La gente muere cada día»
De lo que está pasando en su país dieron cuenta también tres ucranianos que colaboran con diferentes ONG de apoyo a la población ucraniana y que estuvieron presentes en la inauguración de la muestra. Halina Zhkovska, organizadora de las primeras concentraciones en favor de Ucrania en Asturias, habló de lo «terrible» que es la guerra y de sus dos familiares desaparecidos, uno desde hace un año y otro, el hijo de una prima, desde hace ocho meses. «Hasta que el cuerpo no aparezca, todavía hay esperanza», se consuela.
«La gente muere cada día y todo sigue como antes», lamentó Álex Vdovenko, presidente de la ONG Inicia Foundation, quien lleva 24 años en España.