El Paseo Fluvial, junto al puente Enrique Estevan, se convertirá próximamente en un espacio que combinará la belleza natural con el recuerdo a las … víctimas del nazismo gracias a la escultura de Ignacio Villar, que ya ultima los detalles para su inauguración.

Se trata de una pieza concebida como homenaje a los salmantinos que sufrieron la deportación a los campos de concentración nazis, con un recuerdo especial para quienes fueron enviados a Mauthausen. Por estos centros de exterminio pasaron 35 salmantinos, de los cuales 19 fallecieron y 17 lograron sobrevivir.

La obra, diseñada por el escultor salmantino Ignacio Villar, se aleja deliberadamente de cualquier representación figurativa. No hay rostros ni cuerpos reconocibles; en su lugar, el lenguaje elegido es el de la abstracción. «Mi estilo es más simbólico. Me gusta representar las emociones a través de las formas, invitar al espectador a que busque su propio significado», explica el artista.

Se trata de una escultura de cuatro metros de altura que incluye en su base una alusión a los 186 escalones de la mina de Mauthausen, conocida como la «escalera de la muerte», por la que los prisioneros debían ascender. «Es una construcción volumétrica en la que, en la parte frontal, se puede apreciar una serie de peldaños. Estos representan esa terrible escalera en la que tantas personas perdieron la vida. La estructura vertical busca transmitir una sensación de pesadez acorde con la temática», señala Villar.

El material elegido, el acero corten, refuerza el carácter de la pieza. Este tipo de acero, conocido por su resistencia y por la pátina de óxido que adquiere con el tiempo, aporta una estética austera y sobria, en sintonía con la gravedad del homenaje. La chapa, de apenas tres milímetros de espesor, contrasta con el peso total de la estructura, cercano a los 450 kilos.

«Al ser una escultura que permanecerá en el exterior, junto al río, era necesario que fuera de un material resistente a la humedad. Por ello, el acero corten me pareció el más adecuado. Además, con el tiempo su color evoluciona hacia un marrón terroso que no romperá la estética del entorno en el que estará ubicada», destaca el autor.

La pieza tiene como finalidad servir de recordatorio constante de la barbarie del pasado, pero también invitar a mirar hacia el futuro. «Hay que reflexionar sobre lo ocurrido para evitar que se repita. Nunca debemos olvidar las atrocidades que se han cometido», afirma Villar, quien califica como un «gran honor y responsabilidad» exponer una obra de estas características.

La escultura ha sido encargada por la Asociación Salamanca por la Memoria y la Justicia, que inicialmente planteó su inauguración para el 5 de mayo del año pasado, coincidiendo con el 80 aniversario de la liberación de los presos del campo de Mauthausen. Sin embargo, la pieza no pudo estar lista en esa fecha y se espera que pueda inaugurarse este mes de mayo.