Resulta que esta vivienda de diseño contemporáneo se localiza junto a la Vía Apia Vecchia, una de las calzadas más importantes de la antigua Roma, y dentro de los Castelli Romani, un grupo pueblecitos al sureste de Roma, famosos por sus villas señoriales, sus paisajes de colinas volcánicas y una gastronomía de lo más interesante. Y lo mejor es que esta casa de diseño con jardín de 1976 se alquila.
La vivienda, que forma parte de Urlaubsarchitektur, la plataforma que conecta a dueños de singulares casas vacacionales con amantes de la arquitectura, es una joya arquitectónica que lleva el sello de uno de los arquitectos más famosos de Italia en el s.XX, Alfredo Lambertucci. Él la diseñó para él y su familia, y se podría decir que su diseño, rompedor para la época, es el fiel reflejo de las investigaciones sobre casas que él llevó a cabo en la Universidad de Roma.

© Stefano Corso
Singulares estructuras en el exterior
Casa Lambertucci se muestra discreta frente al entorno y parece adaptarse con naturalidad al terreno de colinas, como si hubiese estado allí siempre. Su estratégica ubicación le permite además divisar un horizonte sin límites hasta alcanzar el mar. Desde su planta superior, las vistas a las colinas son insuperables y uno parece que sobrevuela por la historia de estas tierras.
Su arquitectura de 1976 tiene una calmada simplicidad que cruza planos rectos y curvos. Dos muros paralelos definen una estructura compacta y rectangular que se unen a través de una bóveda de cañón de trazado sutil que da carácter al diseño y nos recuerda la arquitectura simple de la antigua Roma. Fuera también se pueden una singular chimenea y un cilindro que oculta una espectacular escalera de caracol de hormigón. Piezas claves que revelan los años de la casa.
El acceso a la casa rompe con los cánones tradicionales, ya que se realiza por un estrecho puente que conduce a la planta de arriba, donde están los dormitorios y baños que, aunque cuentan con una enorme apertura al exterior, presentan un diseño relajante. Las estancias sociales se despliegan en línea por la planta baja: sala de estar abierta a una cocina con comedor, un porche y, a continuación, una sala de lectura. Ambos niveles se conectan por la escalera de caracol y la chimenea que comentábamos antes.

© Stefano Corso
La clave, captar la luz natural
Entre sus muros blancos, la vivienda alterna grandes cerramientos de cristal de suelo a techo y ventanales que inundan de luz natural todas las estancias de la casa. Así, algunas puertas de paso, como en los dormitorios, se flanquean con vidrios para que la luz natural traspase pasillos bien aprovechados. Esta conexión con el exterior se puede ver por los cuatro costados de la vivienda y en especial en la zona del salón que parece fundirse con el porche a través de la enorme puerta.
Esta sensación de luminosidad tan agradable se ve reforzada por los materiales y acabados que revisten la casa. Por un lado tenemos un suelo de barro rojizo muy potente, que además añade frescura a los ambientes; y por otro, la pintura de las paredes, en muchos casos de doble altura, donde se alterna con maestría el blanco y el gris para subrayar los diferentes planos arquitectónicos de la casa.
Stefano Corso
Un porche, que une el salón con una zona de lectura y descando en la planta baja.
Otro de los elementos que llama la atención en la vivienda, y le confiere otro punto de conexión con la naturaleza, son las carpinterías en madera natural color miel. La carpintería de ventanas, puertas y armarios, realizados a medida, sintoniza de maravilla con el pavimento arcilla y, juntos, muestran ese sabor setentero de una arquitectura que sigue gustando.
En 2023, el arquitecto Giorgio Massaccesi realizó un trabajo de reforma en la casa, pero siempre preservando la visión original del arquitecto Lambertucci. Así, la casa que lleva el nombre de su autor sigue siendo un ejemplo evidente de la arquitectura de los años 70, con el sentido práctico y estético que su autor quiso darle a las residencias tras una larga vida de investigación.

Stefano Corso
Decoración mininalista pero a todo color
Lo cierto es que la Casa Lambertucci nos enseña una decoración muy depurada y minimalista, pero no por ello, aburrida. Mucho menos, con un punto de frialdad. Porque lejos de tener unos interiores neutros, simples y austeros, la casa se vive como un lienzo en blanco donde se ha añadido color con una naturalidad asombrosa a través de los tejidos y de algunas obras de arte.
Descubre todas las estancias de esta casa de campo
Ver Fotos
Muchos de los muebles que salpican sutilmente los espacios están realizados a medida. Eso hace que la casa se sienta más personal y los rincones sean dueños de sus propias funciones. En el salón encontramos unos divertidos sofás de diseño modulares suben el tono con una tapicería en verde que da una nota fuerte de contraste junto al suelo y la alfombra clásica. Maravillosa esta combinación, unida a las obras de arte abstracto colocadas estratégicamente en las paredes para no quitar protagonismo a las vistas.
Pero si hay algo que llama la atención en esta casa, en cuanto al color, eso son los tejidos que visten las camas de los dormitorios juveniles y también de la sala de lectura, situada en la planta baja, junto al porche. Vibrantes telas lisas y con rayas en verdes menta, rojos, amarillos y naranjas reviven los ambientes y compiten con la luz natural que inunda de alegría esta casa vacacional. Una lectura que se extiende también a los baños, donde los azulejos de tamaño estándar y los muebles de obra nos devuelven también a los años 70.