Un cuarto de siglo ha pasado desde una de esas bodas que hizo historia: la de Estrella Morente y Javier Conde. En estos 25 años han sido la mejor demostración de que el amor todo lo puede. Su camino ha tenido momentos de todo tipo, pero siempre han avanzado de la mano, remando en la misma dirección y con un objetivo común: la bonita familia que han formado con Estrella y Curro. Sus dos hijos son la absoluta prioridad y lo demuestran con hechos y también con palabras. «Son mi razón de vivir, lo más importante que tengo en la vida. Mis niños son buenos, son nobles y cariñosos», comentó tiempo atrás la cantante. Ahora las miradas se posan en la pequeña, que acaba de cumplir 21 años y es heredera de la belleza, el carácter y el talento de una saga inigualable.
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En el ADN de Estrella, el arte está impregnado por los cuatro costados. La cultura en todas sus formas ha estado presente en su vida desde que nació: de la mano de su padre ha convivido con el mundo taurino que tanto le gusta, como demuestra su presencia en algunas corridas de máxima relevancia; junto a su madre y su abuelo el siempre recordado Enrique Morente, ha conocido los entresijos del flamenco. Durante su infancia convivió con músicos, diseñadores, intelectuales y poetas que visitaban la casa familiar del Albaicín (Granada), punto de encuentro de grandes personalidades. Todas influyeron a la hora de formar la personalidad de aquella niña que adoraba acompañar a su abuelo al estudio de grabación, se divertía escuchando sus historias y veía como un juego los momentos en los que se sentaban al piano juntos. También recuerda con cariño el día que su abuelo, leyenda indiscutible, grabó una nana y metió ese clip en un peluche para que su única nieta lo sintiera siempre cerca.
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Forma parte de una de las familias más queridas de nuestro país, pero en su entorno siempre se han esforzado por mantenerla al margen de los focos. Los detalles de su vida han ido llegando a cuentagotas a través de sus padres, quienes han contado que es una bailarina brillante desde pequeña. Su hermano Curro, dos años mayor, es percusionista y forma parte de la banda que acompaña a su madre en las actuaciones. Todos amenizan las celebraciones que hacen en casa, en las que no faltan las voces de Soleá Morente y Kiki Morente, quienes también se dedican a la música.
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Ahora Estrella Debla, como se llama en realidad, ha tomado la palabra para hablar de sus gustos, de sus sueños y sus planes de futuro. En conversación con Vanity Fair ha contado que estudia Diseño de Moda y Comunicación en Madrid y prepara su primera colección. En el proceso creativo para dar forma a esas piezas se inspira en grandes diseñadores, en su admiración por la artesanía, inspirada por sus abuelas y buceando en esos momentos que tiene grabados en su mente: «Me gustaba coger las medias de torero de mi padre y mezclarlas con lo que encontraba o ponerme las botas de pico de mi abuelo, que me venían enormes, y probar, experimentar».
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Cuando mira al futuro, la ahijada de Miguel Báez ‘El Litri’ se ve dedicándose a lo que le ilusione, pero siempre con los pies en la tierra. Además, no tiene miedo a equivocarse ni a reinventarse, lo único que le importa es dar pasos al frente con cabeza y honestidad. En cuanto a su personalidad, Estrella confiesa que ha heredado de su padre su forma de mirar el mundo y ha elogiado el carácter único de su madre. De ambos destaca su fuerza y sensibilidad y a través de sus palabras refleja todo lo que significan para ella y la relación tan cómplice que tienen. Tanto el diestro como la cantante la apoyan en sus decisiones, la impulsan a seguir sus instintos y la animan a hacer lo que le gusta, ya que ambos saben que es la llave de la felicidad.