Entre los integrantes del Club Ciclista Stagiaires se respiraba satisfacción, y no era para menos porque cuando los casi seiscientos ciclistas que se decidieron por … participar en ‘la Clásica del Norte’, en la marcha cicloturista Ebro Gold Ride, cruzaron la linea de llegada todos decían lo mismo: «ha sido una pasada, que prueba más bonita».

Un comentario que se repetía como un mantra y que hacía que algunos de los responsables, como es el caso de Roberto Cortázar respondieran que «esto que estáis diciéndonos es como una vitamina que nos ayudará para seguir mejorando».

La tercera edición de la Ebro Gold Ride fue un éxito rotundo en todos los ámbitos, en el plano deportivo al concentrar a 550 ciclistas, una cifra «que confirma su crecimiento y su consolidación como una de las citas deportivas con mayor participación», apuntaban desde el club.

Imanol Serrano y Roberto Cortázar, que ya piensan en la cita del próximo año quisieron destacar también que esta cita tiene un importante impacto económico en la ciudad. Estiman que durante el fin de semana va a ser «superior a los 150.000 euros», lo que sitúa la prueba «entre las actividades deportivas con mayor capacidad de atracción turística del calendario local».

La jornada transcurrió sin incidencias destacables «sólo una caída sin consecuencias», y el buen clima permitió a los participantes disfrutar de la naturaleza de la comarca mirandesa. Y pudieron hacerlo pese a lo exigente del trazado. Un recorrido de aproximadamente 140 kilómetros y más de 2.200 metros de desnivel positivo, un auténtico ‘rompepiernas’

Hubo muchos participantes del País Vasco, de Burgos, y La Rioja, además de ciclistas que llegaron desde provincias limítrofes, así como desde Cataluña, Asturias y hasta el sur de Francia. Y no faltaron los mirandeses, que fueron alrededor del 10% de los corredores. Entre ellos estaba Rubén Morote, que acabó muy satisfecho.

«Ha acompañado el tiempo, la temperatura ha sido muy buena. Yo he hecho todo el recorrido con un compañero del Club Ciclista, con Joseba, y ha sido una gozada. He disfrutado muchísimo con los paisajes, la ruta ha sido preciosa aunque un poco rompepiernas, pero todo ha estado genial».

No faltaron chicas, como la burgalesa María Saínz, que se estrenaba en la marcha mirandesa y no tenía más que elogios. «Todo ha estado fenomenal, el recorrido, el tiempo, el ambiente, la organización, he disfrutado un montón. El recorrido tiene tramos muy duros, pero merece la pena».

Que así era había que dejarlo claro y una manera de hacerlo era posando en el photocall, como lo hizo el vitoriano Rubén Rodríguez, que recordaba el tormentón del año pasado y por lo tanto disfrutó mucho más en esta tercera edición. «El recorrido es súper chulo, la organización es la leche y es una marcha en la que, aunque hay tramos duros, se disfruta mucho».

Con mensaje

Entre los 550 participantes había quienes eran historia viva de superación, como Antonio Ontoso, de Aranda y Julen Agirreburualde, de Legazpia, y lo son porque ambos son personas trasplantadas, el primero de corazón y el segundo de riñón.

Ontoso comentó que para él el ciclismo es «hoy por hoy una forma de vida», y que participa en pruebas como la Ebro Gold Ride para «transmitir el mensaje de que sin donación no hay transplantes y sin transplantes no hay salvación».

Se hizo ver, como Julen, que participó para «que la gente sede cuenta de que aunque seas transplantado puedes seguir, y de hecho debes, seguir haciendo deporte».