Su altísimo precio y las actuales restricciones legales harían prácticamente imposible que alguien intentara hoy comprar un cuadro de Goya para regalarlo. Sin embargo, el escenario era muy distinto en 1941, cuando a Franco no se le ocurrió mejor idea que afianzar su relación con Adolf Hitler obsequiándole con una obra del genio de Fuendetodos. En concreto, con el retrato de La marquesa de Santa Cruz (1805), una pintura que se ha convertido en todo un símbolo de cómo la joven democracia española plantó cara al expolio del patrimonio artístico nacional. Porque la recuperación del cuadro, hace ahora justo 40 años, supuso un hito histórico. Y para rescatarlo del olvido, el Museo del Prado ha inaugurado una exposición temporal muy especial.