En la historia de la moda, existen alianzas que definen épocas. Sin embargo, el vínculo entre Cristóbal Balenciaga y Hubert de Givenchy se sitúa en un plano superior: una simbiosis basada en el silencio, el respeto y una filosofía compartida de perfeccionamiento constante. Ahora, la muestra The Givenchiaga Family, en el Museo Cristóbal Balenciaga (Getaria, Guipúzcoa), permite conocer más de cerca esta sinergia en un recorrido espectacular por su ecosistema creativo, revelando cómo la técnica del maestro de Getaria se entrelazó con la sensibilidad del modista francés.
La exposición no se limita a exhibir indumentaria; rinde un tributo profundo a la figura de Hubert de Givenchy en su rol de guardián. Más allá de su éxito individual, Givenchy ejerció como custodio del legado de su mentor, atesorando lecciones de estilo que luego desplegaría bajo su propia identidad. Esta lenta evolución es el eje vertebral de la muestra, donde se aprecia una arquitectura textil que huye de las tendencias efímeras para buscar la permanencia.
Cortesía de Givenchy. París.
Bocetos de líneas saco y túnica, 1957.
Bajo la dirección curatorial de Igor Uria, comisario y director de colecciones del museo, la selección evita la estructura de una retrospectiva convencional. El objetivo es, en cambio, iluminar los puntos de contacto y las afinidades que permitieron a ambos diseñadores hablar un mismo lenguaje estético.

Cortesía de Museo Cristóbal Balenciaga
El recorrido cronológico, que abarca desde 1956 hasta 1972, permite observar la madurez de ambos autores a través de una cuidada selección de piezas. Por un lado, la esencia de Cristóbal Balenciaga emerge en un total de 11 obras —procedentes del museo y de colecciones privadas de España e Italia— que establecen las pautas maestras. Son piezas que marcan las líneas de convergencia y la maestría técnica que Balenciaga transmitió a su entorno más cercano. Por otro, 24 obras de Givenchy, procedentes en su mayoría de los archivos de la Maison en París y del Museo del Traje en Madrid, documentan cómo el francés interpretó y expandió los códigos de su mentor, aportando una visión personal que marcaría después numerosos hitos en la industria de la moda.
©CRISTÓBAL BALENCIAGA MUSEOA/PAREDES
Abrigo en sarga de lana azul marino. BALENCIAGA, febrero 1968CBM 2000.13.
La narrativa de la exposición trasciende lo profesional para adentrarse en lo personal, reflejando una hermandad que cambió el curso de la costura. La ubicación de las obras y su diálogo en el espacio expositivo permiten al espectador comprender la importancia de esta «familia creativa», donde el aprendizaje fue un regalo mutuo nacido de la admiración, el rigor y la belleza.
©BILL CUNNINGHAM/New York Times
Hubert de Givenchy, junto a Mrs. Rachel L. Mellon, en la National Gallery, 1983.
La muestra permanecerá abierta hasta el 22 de febrero de 2027, una fecha final nada casual: marca el centenario del nacimiento de Hubert de Givenchy, clausurando el evento con el máximo honor posible a su memoria y a la de su eterno maestro.

Paula Martíns (1993) es editora de lifestyle y cultura. Es apasionada de moverse de ciudad en ciudad y catadora confesable de cualquier cafetería y restaurante. En su tiempo libre la verás moverse entre exposiciones, en cualquier establecimiento devorando libros y probando cafés de especialidad o haciendo fotografías a las fachadas y de los rincones más secretos cualquier paraje que visite. Por la noche, disfruta bailando en los conciertos, enganchándose a toda película o serie que haya en streaming y buscando festivales de cine.
En sus artículos enseña las ciudades bajo su prisma, descubriendo detalles que no encontrarás en ninguna guía de viaje. Desentraña la personalidad de los personajes sobre los que escribe y siempre busca comunicar desde un enfoque social, derribando estereotipos.
Paula Martíns es una pontevedrea que en su afán por estudiar en una gran ciudad terminó en Cuenca, estudiando un grado en Periodismo por la UCLM. Guiada por su ímpetu viajero buscó unas prácticas en el periódico de El Ibérico de Londres y, con una beca de Erasmus + se fue a conocer Reino Unido. A su vuelta a España persiguió una de las primeras razones que le llevaron a dedicarse al periodismo: la moda. Estudió un máster en Digital Communication and marketing in fashion (sí, en inglés) en el Istituto Europeo di Design (IED) mientras trabajaba los fines de semana en aquella marca de Inditex llamada Uterqüe. Al mismo tiempo realizaba prácticas en revistas como VEIN magazine y en agencias de comunicación como OnTwice.
Con esta misma pasión por el universo textil comenzó su andadura en Harper’s Bazaar España desde Madrid: primero como becaria de la edición de papel, y después como colaboradora web. Dentro de Harper’s Bazaar fue la encargada de las guardias del fin de semana, community manager, y ahora es la responsable de la sección de lifestyle y cultura, aunque es multidisciplinar y también apoya al equipo de moda y celebrities. Además, como confesa workalcoholic, ocupa su tiempo escribiendo también para otros medios como ¡HOLA!, donde trata moda y lifestyle. También es coordinadora de la revista cultural de la editorial de Bamba, y realiza notas de prensa y labores de comunicación para varias agencias de comunicación. Aún hay más: ha fundado su propia revista digital de arte y cultura, llamada Kaldo magazine y ahora vive la vida nómada. Ha vivido en Pontevedra, Cuenca, Londres, Madrid, Lisboa y Barcelona.