A piñón fijo. No hay quien le pare. Miguel Ángel Fernández vuela cada vez que se monta en la bici. Y este domingo lo volvió … a demostrar en el Trofeo Eusebio Velez, organizado por la Peña Ciclista Durana y patrocinado por ELCORREO. El ciclista cántabro, que ha cambiado el maillot del Kern Pharma por el del equipo Txipis, se impuso en un apretado y exigente sprint final en subida. Apretó los dientes. Miró dos veces hacia atrás para asegurarse que ya no le podían dar caza. Se golpeó también dos veces en el pecho. Y regaló una dedicatoria muy especial, acunando al aire. Comenzó a andar en bicicleta a los dos años. A los cuatro empezó a participar en sus primeras carreras. Y a los 29 sigue ampliando su palmarés. Con el triunfo en la prueba alavesa de 135 kilómetros culmina su ‘hat-trick’ en un mes de ensueño.
Esa batalla final por ver quién se coronaba en la 57 edición de esta prueba, con salida y llegada en Durana, fue el reflejo de una carrera en la que ninguno de los ataques consiguió llegar a buen puerto. Lo intentó primero Asier Castilla en solitario. Se lanzó demasiado pronto a la aventura. Apenas se había completado el primer cuarto del recorrido. El pelotón necesitó unos kilómetros para darle caza. Y con la carrera de nuevo neutralizada, Albert Roca y Héctor Fernández fueron los que probaron suerte, aprovechando un escenario propicio para intentar abrir hueco.
El recorrido enfrentó a los corredores a 6,8 kilómetros sobre pistas sin asfaltar. La renta aumentó a medida que enlazaban los relevos. Sabían que era la única fórmula de ensanchar la brecha. Y lo lograron. Superaron el ecuador de la carrera con 40 segundos de ventaja respecto al pelotón. El joven Aimar Marín, de 20 años, probó suerte y lanzó un ataque para tratar de alcanzar a la cabeza.
Los organizadores apostaron por un nuevo trazado que se recortó en 23 kilómetros pero elevó la exigencia. Un circuito que exigió física y mentalmente a los corredores. En esos momentos de crisis, el entorno era el que permitía buscar ese desarrollo extra. Las bengalas y bombas de humo fueron un chute moral. pero también el hecho de rodar por al lado del pantano de Ullibarri-Gamboa.
La carrera contó con una cuarta escapada. Pero daba igual, al igual que en la edición pasada todo se iba a decidir en los metros finales. El año pasado, en mitad de la lluvia Adrià Regada frustó las aspiraciones del vitoriano Gabriel Ibáñez Beltrán de Salazar, que acarició el triunfo en casa. Ayer fue él quien se quedó a las puertas de la victoria. Enfrente tuvo a un Miguel Ángel Fernández que golpea como un martillo pilón. En la categoría junior, el ganador fue Ion Egia, que cruzó la meta por delante de Aratz Sánchez y Aner Irizar en otro apretado sprint final.