El Azulmarino vuelve a poner el nombre de Mallorca en el panorama del baloncesto nacional. Con su triunfo frente al Real Canoe y la derrota del Celta Femxa frente al Bosonit Unibasquet, las de Antuña firmaron el tan buscado ascenso a la Liga Femenina Endesa con una jornada todavía por disputarse.
Con esta promoción, las mallorquinas ponen su nombre junto a dos equipos que ya jugaron en su momento en la máxima categoría del baloncesto nacional. El primero de ellos fue el Flavia, que logró dar el salto en la temporada 1976/77, pero no lograron asentarse. Apenas militaron una campaña en Primera, la 77/78, en la que acabaron penúltimas, undécimas en la clasificación, con un registro de 4 victorias y 18 derrotas, descendiendo junto al Stadium Casablanca de Zaragoza.
Un momento de la celebración de las jugadoras del Azulmarino en el restaurante Sandro en Palma. Foto: Teresa Ayuga
El otro fue el Joventut Mariana de Sóller, decano del básquet de la isla que jugó en la élite del baloncesto femenino en los inicios de la década del 2010. Tras varios intentos fallidos por alcanzar la primera división, fue en 2008 que el conjunto de Jorge Méndez (y con María España en la plantilla) logró el ascenso a la máxima categoría hasta el 2012, donde se vieron obligados a renunciar a la plaza y ahora, es el Azulmarino quien recoge el testigo en este 2026.
Un proyecto que nació tras la temporada 2021-2022 donde el club (bajo el nombre de Club Sant Josep Obrer) finalizó la campaña en undécima posición en la Liga Femenina 2 con ocho victorias y dieciocho derrotas en el grupo B. Sería ya para el curso 2022-2023 donde empezaría el camino del club logrando una cuarta posición en la temporada con 19 victorias y solo siete derrotas que le daban acceso al playoff de ascenso a la Liga Femenina Challenge, pero fueron eliminadas en semifinales por el Almería, es entonces que compran plaza en la segunda división y suben de categoría.
En la campaña 2023-2024, y en su primer contacto con la liga, las cosas no salen como esperaban dentro de la institución. El equipo, dirigido en aquel momento por Daniel Rubio solo puede ser noveno con 13 victorias y 17 derrotas y no puede acceder a las eliminatorias por la promoción. Es entonces que, para la siguiente temporada, se piensa en aumentar el proyecto e ir directamente a por esa meta. La llegada de María Aviñoa, Kristina Rakovic, Jihyun Park o la propia María España (que había estado en el último equipo mallorquín que jugó en la máxima categoría del baloncesto español), entre otras, ponían las bases de una idea ambiciosa: llegar cuanto antes a la Liga Femenina Endesa, pero tampoco sería el año.
En la 2024-2025, las de Jesús Vázquez, que en el tramo final de temporada sería destituido y llegaría en su lugar Alberto Antuña, solo pudieron ser sextas y, pese a que lograron el pase a la semifinales en el playoff de ascenso venciendo al Melilla Ciudad del Deporte, no pudieron conseguir el billete a la final tras caer contra el CAB Estepona por 81-72. Y es entonces cuando llega el verdadero cambio.
En verano de 2025, el club mantiene a Alberto Antuña como técnico y a las jugadoras María España, Genda Capel, María España y Kristina Rakovic, mientras que el resto abandonan la entidad. Desde la dirección deportiva incorpora talento puro, llegan Asinde, Bulgak, Marta García, Carmen Grande, Mbulito, Giménez y Siciliano para completar el equipo y la reacción fue inmediata. El primer partido es prueba de ello donde consiguen vencer al Oses Construcción por 53-83 y el nivel va subiendo jornada tras jornada, tanto es así que completan la primera vuelta sin conocer la derrota y sumar una racha de dieciséis triunfos consecutivos hasta conocer la derrota, la única, contra el Celta Femxa, pero antes de ello, llegaba la guinda del pastel.
Con un proyecto ya consolidado, el Azulmarino pegaba un golpe encima de la mesa y fichaba a Alba Torrens, la que es considerada por mucho como una de las mejores sino la mejor jugadora de la historia del baloncesto femenino español, con la que completaba un plantel de ensueño y reafirmaba su objetivo de devolver el baloncesto de élite a la isla, y así fue. Se sumó posteriormente al proyecto Enya Maguire mientras que Inés Giménez abandonaba la institución mientras el club ponía rumbo al ascenso.
La única derrota contra sus únicas perseguidoras no hizo mella en las mallorquinas que, más allá de venirse abajo siguieron sumando y haciendo historia, prueba de ello fue el partido contra el Santfeliuenc donde vencieron por 61-143 en el que lograron varios hitos históricos para la liga en el encuentro. Entre ellos el de mayor récord de anotación en la competición, mayor diferencia de puntos de la competición y mayor valoración de la historia de la competición (Marta García con 49 puntos).
Se acercaba el final de la temporada y en la penúltima jornada, con el último partido en casa, en Son Moix, el Azulmarino debía hacer los deberes (y los hizo venciendo al Real Canoe por 107 a 65) y esperar al complicado pero no imposible pinchazo del Celta Femxa en casa del Bosonit Unibasquet si querían cantar el alirón. Y así fue. Las de Cristina Cantero sucumbieron ante las de Logroño y, con dos derrotas y el average perdido ante las mallorquinas, se escapaban sus opciones de luchar por el ascenso directo.
El Azulmarino devuelve así, 14 años después al baloncesto balear a la máxima categoría del baloncesto español a falta de una jornada con la opción de despedir el curso por todo lo alto.