Pedro Sánchez es ya uno de los dirigentes europeos más longevos en el puesto y ello coincide con su abierto interés por labrarse una posición relevante en la política internacional. Sin embargo, sus intentos de arrastrar a la Unión Europea hacia sus posiciones radicales han … vuelto a fracasar. La propuesta que ha llevado el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a la reunión con sus colegas europeos en Luxemburgo no ha sido debatida dado que no tenía ni siquiera una mayoría cualificada para poder decretar, como quería el Gobierno, más sanciones contra Israel.

La Alta Representante, Kaja Kallas, ha anunciado al fin de la reunión del consejo de ministros de Asuntos Exteriores que si bien «algunos países pidieron la suspensión total o parcial del acuerdo de asociación y restricciones al comercio con Israel, otros no estaban de acuerdo», por lo que el asunto no fue debatido teniendo en cuenta que para ello sería necesaria la unanimidad «y no había apoyo para estas propuestas en la sala». Otras alternativas que podrían considerarse, como una suspensión parcial del acuerdo, «requieren que algún país cambie su posición, por lo que las discusiones van a seguir» a la espera que eso se produzca.

Esta no es la primera vez que los socios europeos rechazan unirse a las posiciones que promueve Pedro Sánchez, que en los últimos años ha consumido grandes cantidades de capital político en busca de apoyos dentro de la UE. Habitualmente, los Gobiernos suelen intercambiar favores en un voto que les resulte poco relevante, a cambio de asuntos que consideren más importantes, pero cada ocasión requiere lo que más o menos se puede considerar una compensación. Irlanda, por ejemplo, es un país con una sensibilidad exacerbada hacia la causa palestina, por lo que a Albares no le ha costado ningún esfuerzo conseguir que le acompañase en la carta que envió la semana pasada a Kallas pidiendo que se apruebe la suspensión del acuerdo de asociación con Israel. Tampoco era necesario convencer a la ministra de Exteriores eslovena, Tanja Fajon, una socialista militante que nunca ha ocultado su admiración hacia Sánchez y que representa a un país pequeño que siempre necesitará favores de los países más grandes.

Sin embargo, entre los demás gobiernos europeos la cuestión es mucho más sutil y a muchos de ellos el presidente del Gobierno español ya les debe varios favores en asuntos que resultan ser de política interior, como los sucesivos —e infructuosos— esfuerzos por imponer las lenguas cooficiales como idiomas oficiales en la UE. Este tipo de gestiones van acumulando tanto favores hechos como favores debidos y Sánchez por ahora no tiene muchos asuntos por los que tratar de compensar a los países a los que les quiere pedir que cambien sus posiciones. Italia, que hubiera sido el elemento que habría cambiado la relación de fuerzas, se ha mantenido dentro de sus posiciones y ha privado a Albares de lograr su objetivo. Alemania también.

La mayoría de países pueden coincidir con la sensibilidad general y considerar que la situación actual en la zona del Golfo, en Líbano y en los territorios palestinos es extremadamente grave. Sin embargo, el argumento más repetido por los ministros ha sido que la suspensión del comercio con Israel perjudicaría más a la sociedad israelí que a su Gobierno e incluso podría tener consecuencias negativas para empresas europeas. Y en todo caso, la principal preocupación siguen siendo las posibles medidas para reducir el impacto de la guerra en la economía europea, con el alza del precio de los carburantes y la penuria de otros productos que se producen en el Golfo.

A su entrada a la reunión, Albares había llegado a decir que «Europa se juega su credibilidad» en esta decisión sobre el tratado de asociación con Israel, que a su juicio debía de haber sido «coherente, como es la política exterior de España» y aumentar la presión sobre Israel como medio para tratar de reducir la violencia en la zona. Teniendo en cuenta que la situación sobre el Terreno, tanto en el Líbano como en Gaza es «extremadamente grave», para Albares «si no aprovechamos esta situación, la credibilidad de Europa se perderá».

Sin embargo, los demás países no piensan lo mismo y Albares se ha tenido que conformar con una entrevista bilateral con el primer ministro libanés, Nawaf Salam, con el que ha hablado de la retirada de la misión de la ONU, FINUL, en la que España es uno de los países contribuyentes más relevantes. Albares se ha mostrado partidario de que este contingente sea sustituido por una misión militar europea, con el acuerdo de Naciones Unidas, aunque no ha precisado si también aportaría España militares para conformarla.