En el programa En Casa de Herrero de esRadio, Luis Herrero ha mantenido una profunda y emotiva conversación con José Miguel Arroyo, conocido mundialmente como Joselito. El motivo central del encuentro ha sido la conmemoración del 40 aniversario de su alternativa, recibida en la plaza de Málaga un 14 de mayo de 1982 de manos de Curro Romero. A lo largo de la entrevista, el torero ha repasado no solo sus hitos profesionales más brillantes, sino también los episodios más oscuros y humanos de una biografía marcada por la superación personal y una constante búsqueda de identidad que trasciende los ruedos.

Uno de los momentos más impactantes de la charla ha sido cuando han recordado la extrema dificultad que tuvo el maestro para adaptarse a la vida civil tras abandonar profesionalmente los ruedos. José Miguel Arroyo confesó que le costó mucho volver a ser simplemente una persona de a pie y dejar atrás la armadura del torero Joselito. En este sentido, rememoró el intento de suicidio que protagonizó años atrás, un episodio que ya relató con crudeza en su biografía. Según explicó, llegó a preparar una soga y una escalera para quitarse la vida, pero el miedo y la providencial llamada de su madre adoptiva le salvaron en el último instante, empujándole a buscar ayuda en un psicólogo para gestionar sus emociones.

La actualidad taurina también ha tenido su espacio con la mención a Morante de la Puebla, quien ha sido noticia en las últimas horas por una cogida en la Feria de Sevilla. Joselito no ha ocultado su profunda admiración por el diestro cigarrero, reconociendo que siente una mezcla de fascinación y sana envidia profesional por su capacidad artística. «Dile a ese hombre que se retire ya (…) que nos va a dejar a la altura del betún. De los que yo he visto en vivo, si no es el mejor, es uno de los mejores», dijo el maestro en los micrófonos de esRadio, subrayando que Morante es, sin duda, uno de los mejores toreros que ha visto en su vida, destacando su capacidad para transmitir arte y pureza por encima de cualquier otro compañero de escalafón. «No sé cómo andará su mente después de lo que ha pasado, pero no es la primera vez que lo coge un toro. Es la parte amarga de nuestra profesión y sabemos que un día u otro nos tendremos que retirar», ha explicado en esRadio sobre la cogida de Morante y la posibilidad de que no pueda volver a los ruedos.

Al hablar de las rivalidades históricas de su época, Luis Herrero sacó a colación el nombre de Enrique Ponce. Joselito explicó que, aunque mantienen una buena relación personal, la competencia en el ruedo era feroz y necesaria para el espectáculo. Para él, ser amigo de un rival directo es complicado porque su mentalidad siempre fue la de querer ser el mejor y evitar, de forma competitiva, que los demás triunfaran más que él. No obstante, aclaró que esa competitividad moría al salir de la plaza, dando paso a un respeto mutuo y un compañerismo que define a los verdaderos profesionales de la tauromaquia en España.

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La infancia del torero ocupó una parte fundamental de la entrevista por su dureza. José Miguel Arroyo recordó sus orígenes en el barrio de la Guindalera en Madrid y la compleja figura de su padre, quien se dedicó al tráfico de drogas. Con total sinceridad, el diestro afirmó que si no hubiera descubierto el mundo de los toros por pura casualidad, probablemente habría terminado sumergido en la delincuencia o consumido por las sustancias estupefacientes que veía en su hogar. Relató una anécdota de su juventud en la que, intentando liar un cigarrillo de chocolate, este se le cayó al suelo, lo cual interpretó como una señal del destino para alejarse definitivamente de ese entorno nocivo.

Otro de los temas sensibles fue el abandono de su madre biológica cuando él era apenas un niño. Joselito confesó que solo pudo perdonarla durante un tiempo, pero que al convertirse él mismo en padre, volvió a sentir el peso de aquella traición y la incomprensión de su gesto. «Una madre tiene un punto más de cariño hacia las criaturas y no entendí su proceder», explicó con amargura. A pesar de que ella intentó retomar el contacto cuando él ya era un torero consagrado y famoso, José Miguel decidió no abrir esa puerta, pues consideraba que ya había aprendido a volar por su cuenta sin necesidad de su apoyo.

En cuanto a su carrera, recordaron la mítica tarde de 1996 en la que se encerró con seis toros en Madrid, aunque el maestro destacó que su mejor faena artística fue en Valladolid, en una corrida que guarda en su memoria por encima de las demás. También rememoró con especial cariño su paso por la Plaza México, donde tras cortar un rabo, fue llevado en hombros durante dos horas por las calles de la capital mexicana. Estas experiencias explican, según su visión, la adicción al miedo que sienten los toreros, una sensación extrema que les empuja a volver a los ruedos una y otra vez a pesar del peligro de muerte y las graves cornadas sufridas.

Finalmente, Joselito se declaró una persona «tremendamente feliz» en su situación actual, disfrutando de su familia y de la tranquilidad que le brinda su finca en el campo. Sin embargo, no perdió la oportunidad de mostrar su opinión sobre la política actual y los ataques a la fiesta nacional. Al ser preguntado por el diplomático Chencho Arias sobre figuras como Ernest Urtasun, el diestro no dudó en calificarlo como un personaje «descerebrado», cerrando la entrevista con la contundencia que siempre le ha caracterizado tanto dentro como fuera de las plazas de toros.