Tan solo el empeño de Giuseppe Verdi y la fe en las posibilidades de su obra, rescatada decenios después de un fiasco, logró que este … título tenga presencia en el panorama operístico del SXX y también del XXI. La remodelación casi total de la ópera con la ayuda en el libreto de Arrigo Boito no es que revertiera el asunto de su éxito en primera instancia, que lo tuvo, sino que ha dejado entre nosotros esta pieza redonda en lo musical, exigente para todos, pero que en las ocasiones en que se logra equilibrio entre sus diversos componentes, como es el caso, resulta enormemente satisfactoria para los oyentes. Esta ópera «bifronte», como señaló acertadamente el gran maestro Riccardo Muti, que tanto es precedente del ‘Otello’ que vendría a continuación, como mira hacia la producción anterior -con aria y ‘caballeta’- aunque todo medido y controlado dentro del ‘continuum’ musical que, influenciado por Wagner, va a observar Verdi en sus últimas composiciones.

Tuvo la dirección artística de la Temporada el acierto en la elección del reparto y responsables musical y escénico, y nosotros, lo oyentes, el placer de disfrutar de una velada muy lograda. Sin duda, la arrebatadora solvencia del barítono mongol Ariunbaatar Ganbaatar (Simon Boccanegra) artista premiadísimo que retornaba a la temporada capitalina y que estuvo extraordinario durante toda la representación, plasmó el éxito del reparto, pero no fue el único; en torno a él, se presentó un concurrido elenco vocal que dio la talla y con los que pudimos escuchar una excelente versión de tan compleja y profunda partitura.

Ya desde el inicio del prólogo marcó el maestro Ciampa lo que sería las líneas maestras de su quehacer: claridad en las líneas y sonido bello y transparente, amén del mantra de no tapar a los cantantes. Muy lograda la bella escenografía inicial, con el mar como protagonista velado de la trama. Todo el Prólogo funcionó muy bien en sus diferentes episodios, mostrando el comienzo de la trama conspiratoria que llevará a Boccanegra a convertirse, entre aclamaciones, en el nuevo Dux de Génova. Dejaron ver sus virtudes Germán Olvera (Paolo) y Ricardo Fassi (Fiesco), que debutaban en el rol, y cumplió correctamente el bajo tinerfeño Jeroboám Tejera en sus intervenciones. El coro que dirige Olga Santana estuvo muy solvente en su importante rol durante el acto, aunque el interno de mujeres sonó demasiado lejano y algo destemplado en ocasiones. El ‘finale’ fue trepidante, el dúo entre los dos rivales irreconciliables (Fiesco y Boccanegra), tuvo enjundia escénica y calidad vocal y musical. Con una orquesta magnífica en su discurso sinfónico, que recuerda la tormenta del comienzo de ‘Otello’, Ganbaatar desgranó su sentida aria con calidad vocal extraordinaria, llena de matices y con bellísimo timbre y color. No se quedó atrás Fassi, que estuvo también muy bien, y el coro y la orquesta que nos dieron un vibrante fin del preludio.

Durante el primer acto, con bellas imágenes de un mar omnipresente, otros protagonistas se sumaron al discurso lírico, que comenzó con un delicado Interludio musical de la orquesta, muy sutiles las cuerdas y flautas y con bellísimo solo de clarinete. La presentación de Amelia (María) que encarnó la debutante en el rol, Miren Urbieta-Vega, no pudo ser más afortunada, poco tardó la soprano donostiarra en darlo todo en un papel que le va muy bien y en el que se le vio muy cómoda y eficaz, siempre con una línea de canto excelente. La presentación del tenor, voz en off con un guiño a ‘La Traviatta’, propició poco después un dúo amoroso y apasionado y una ‘caballeta’ que resolvieron bien ambos cantantes. Desde ahí se fraguó lo mejor del acto, el dúo del Dux con Amelia, él con una magnífica voz verdiana, ella estupenda en color y calidad vocal; aunque algo estático en lo escénico, llegó el momento ‘Otello’ con el aria ‘Orfanelle tutte…’ que cantó con clase y profundidad, color y dramatismo la soprano, para seguir en clave ‘Traviatta’ en el dúo con Boccanegra que recuerda inevitablemente al de Germont/Violetta, tanto como su continuación escénica y final. Magníficos todo el acto director y orquesta, subrayando el dramatismo de lo que acontece con una presencia musical necesaria y adecuada; que continuó con la escena del Consejo, muy lograda escénica y musicalmente y en la que la agitación fue subrayada en foso y escena. Formidable Ganbaatar, con poderío vocal y escénico, liderando la acción y las interacciones con los diferentes coprotagonistas, que no dudaron en meterse en faena dejándonos una inmejorable sensación antes del descanso.

Todo se corroboró en la segunda parte, ya con la voces calientes y comprometidas de los actuantes todo fue a más. Buena entrada de los conspiradores, con un Germán Olvera muy afortunado, al que dieron buena réplica Tejera y Fassi. Magnífica nuevamente la soprano donostiarra y más entonado el tenor, que dejó la medida de sus posibilidades con bello timbre y arrojo en los momentos dramáticos, y en su breve aria»y dúo posterior con una desatada Urbieta. Magnífica la escena del reconocimiento padre/hija con un largo dúo lleno de verdad lírica de la buena, muy honesto y comprometido por parte de Ganbaatar y Urbieta, con los acentos orquestales que subrayan el episodio y con matizada vocalización y uso de la ‘mezza-voce’. Exquisito.

Tras las voces de alarma y fragor de batalla, abordamos el tercer y dramático acto, con bella escenografía, estupendas prestaciones de Fassi y Olvera y un fantástico Ganbaatar, una vez más, en un episodio dramático en el que su voz condujo la acción musical y escénica con magisterio y sabiduría, poderoso, templado y con una línea de canto sin artificios que nos hizo recordar a los grandes en este rol, a los que no tiene nada que envidiar. Extraordinario en la breve aria final envuelto en las cuerdas de la orquesta, le secundaron con pasión y entrega el resto de actuantes, tanto en el complicado ‘concertante’, que resolvieron con solvencia, como en el resto del acto. A destacar el ‘duetto’ final de padre e hija, formidables ambos, y el acento fúnebre final de la orquesta que cerró la velada entre grandes aplausos y reconocimientos a todos los participantes.

En definitiva, una producción magnífica, que seguramente irá a más en lo musical en las próximas funciones. No se lo pierdan si tienen ocasión. Bellas escenografías para una puesta en escena historicista y delicada, con perfume estético y poético, de Carlos Santos y sus colaboradores en figurines, peluquería y maquillaje y una acertada iluminación de Grace Morales, fueron el marco marítimo e histórico de la acción, con unos grandes paneles móviles y una afortunada ejecución escénica que subrayó la acción. La dirección escénica de Renato Bonajuato propició grandes cuadros escénicos y supo aprovechar el precioso marco de la escenografía, para propiciar movimientos generales y sobre todo una escucha adecuada de los cantantes, que agradecemos desde estas líneas. La OFGC y su director estuvieron muy bien subrayando todos los episodios y ocupando su papel protagonista. Estupendo Ciampa, muy ovacionado, aunque su obsesión por no tapar, nos privó a veces de episodios en los que la orquesta podría haber dado más de sí al discurso sinfónico.

Un magnífico espectáculo para escuchar y ver con un reparto formidable y muy equilibrado, y un lujo y un motivo para venir a Gran Canaria a escuchar ópera, entre otras cosas.

Ficha

Amigos Canarios de la Opera (ACO). ‘Simon Boccanegra, de Giuseppe Verdi. Solistas:Ariunbaatar Ganbaatar (barítono), Miren Urbieta-Vega (soprano), Ricardo Fassi (bajo), Fabien Lara (tenor), Germán Olvera (barítono). Dirección musical: Francesco Ivan Ciampa. Dirección escénica: Renato Bonajuto. Escenografía: Carlos Santosjevaite. Lugar: Teatro Pérez Galdós.