«¡Vuelve!», corearon a César Rincón mientras deletreaba el toreo en el festival del 12 de octubre en Las Ventas, la jornada más mágica e histórica de la última temporada. El maestro de Bogotá y el de Linares (Curro Vázquez) habían traído la … torería de siempre. Como nunca la habían visto las nuevas generaciones. Fueron muchos los que tentaron al gran César del toreo con un regreso y el propio Rincón decidió torear después dos festivales en su tierra colombiana, en diciembre en Cali, donde cortó una oreja, y en enero en Manizales, que es la Sevilla de Colombia. Pero la mansedumbre del ganado arruinó toda la expectación creada en el coso manizalita.

Tan bonitas fueron sus sensaciones entonces y tan fuerte es el veneno del toreo que César Rincón -con un gran patrimonio a este y al otro lado del Atlántico- quiere enfundarse de nuevo el traje de luces. Torear de nuevo para sentirse vivo, para sentirse joven a sus sesenta años. Según ha podido saber ABC, Rincón anunciará este viernes en la Fundación Cajasol su regreso a los ruedos. En un encuentro informativo con la empresa ofrecerá los detalles del cómo y el cuándo. Y todos los porqués de esta vuelta. Torero de Madrid, lo anuncia en Andalucía. Por algo será…

La mañana del 12 de octubre, cuando le gritaron que volviera a los ruedos, el bogotano sublimó la verónica. «Estatua de ébano con los riñones metidos, con la pata p’alante, con el latido de lo auténtico. En pie los tendidos, que se echaban las manos a la cabeza por lo visto: era el toreo de siempre como nunca… ¿Dónde habita tanta sapiencia, dónde habita tan sincera torería?», escribíamos entonces. Qué sentido de la lidia del gran César, del único César, que brindó otra media para enmarcar en el Museo del Prado.

Loca por ver al sabio de las distancias estaba la afición venteña. Y Rincón otorgó esas viejas distancias, con un novillo que el toro son palabras mayores. «Silencio de misa cuando colocó sobre la derecha las telas, frente a la Puerta Grande, para que lo contemplase la mismísima estatua de Antoñete. Cómo enganchó a Prestigioso adelante, cómo remató detrás de la cadera, colocándose con pureza. ¡Es posible no perder la colocación! Y Rincón nos los recordó. Se frotaba el gentío los ojos: qué forma de torear. Bordó los ayudados finales en una faena de rabo. Y pinchó, con la rabia de quien tuviese que firmar los contratos de la próxima temporada», decía la crónica de ABC.

Su retirada española

Regresa a los ruedos Rincón a sus 60 años. Medio siglo atrás toreaba por primera vez como maletilla en la Nacional, con su espadita de madera. Allí estaba Paco Camino, uno de sus ídolos. «Venga, que salga el niño», dijo el Niño Sabio de Camas. «Y como la inocencia es atrevida salí. Fue un momento mágico. Yo tendría doce años». Un percance impidió que fuese luego su padrino de alternativa en Bogotá. Allí se hizo matador y en su plaza se despidió mano a mano con Ponce. Meses antes había dicho adiós a los ruedos españoles en Barcelona en una histórica tarde de 2007 junto a José Tomás.

Figura del toreo, con el hito de cuatro Puertas Grandes consecutivas en la Monumental de Madrid que supusieron su explosión y su inmortal faena a Bastonito, Rincón ha sufrido también la dureza del toreo y superó una hepatitis C causada por las transfusiones de sangre contaminada tras una grave cornada en Palmira,