La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) pide reforzar la prevención del síndrome cardiorrenometabólico, ya que un alto porcentaje de la población española presenta factores de riesgo para desarrollarlo. El 30% de los adultos españoles presenta síndrome metabólico, un 15% padece diabetes y un 20% tiene obesidad, factores que constituyen …
La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) pide reforzar la prevención del síndrome cardiorrenometabólico, ya que un alto porcentaje de la población española presenta factores de riesgo para desarrollarlo. El 30% de los adultos españoles presenta síndrome metabólico, un 15% padece diabetes y un 20% tiene obesidad, factores que constituyen el sustrato para su aparición. Las tres patologías constituyen también un importante problema de salud pública a escala mundial, según el ‘IDF Diabetes Atlas’ de la International Diabetes Federation.
Así lo puso de manifiesto la doctora Alejandra Gullón, del Hospital Universitario La Princesa de Madrid, y moderadora de la mesa redonda ‘Prevención del síndrome cardiorrenometabólico: un enfoque integral’, en la XXVIII Reunión de Insuficiencia Cardíaca y Fibrilación Auricular, celebrada los días 16 y 17 de abril en el Auditorio de Zaragoza. El encuentro contó con la participación de cerca de 500 médicos internistas y en él se presentaron 60 trabajos y proyectos de investigación.
Las jornadas contaron, además, con la presencia de profesionales de enfermería y de las Unidades de Manejo Integral de Pacientes con Insuficiencia Cardíaca (UMIPIC), con su influencia en la mejora de la morbimortalidad de los pacientes con insuficiencia cardíaca (IC), y en ellas se presentó un nuevo registro de enfermería especializada en IC, único en España, que aportará evidencia científica sobre el cuidado de los pacientes con esta patología en los próximos años.
El síndrome cardiorrenometabólico aún es un concepto novedoso, definido por la Sociedad Americana del Corazón (American Heart Association) hace solo tres años, en 2023, por lo que se requiere incidir en la toma de conciencia sobre este trastorno tanto entre la población general como entre la comunidad médica. «Se trata de un trastorno sistémico caracterizado por la interacción de alteraciones metabólicas, el desarrollo de la enfermedad renal crónica y de patologías cardiovasculares. El daño orgánico no solo es aditivo, sino que se potencia y retroalimenta. Se asocia a exceso de adiposidad, grasa visceral, inflamación, daño oxidativo y resistencia a la insulina, que afectan a arterias, riñones y corazón, por lo que es clave identificar a los pacientes en fases precoces, antes de que aparezcan manifestaciones clínicas», explicó la doctora Gullón.
La prevención es fundamental, ya que se asocia a una elevada mortalidad prematura y discapacidad, dado que los pacientes con este síndrome tienen un riesgo elevado tanto de sufrir complicaciones cardiovasculares (infarto, insuficiencia cardíaca e ictus) como de desarrollar enfermedad renal crónica, que podría conllevar, en algunas situaciones, la necesidad de diálisis o trasplante renal. Los principales factores implicados en el síndrome cardiorrenometabólico son la obesidad, el exceso de adiposidad, el sedentarismo, la alimentación basada en productos ultraprocesados, el tabaquismo y patologías como la hipertensión arterial (HTA), la diabetes o el exceso de colesterol y triglicéridos.
Características del síndrome cardiorrenometabólico
El síndrome cardiorrenometabólico sigue un proceso evolutivo durante varios años. En su evolución natural se diferencian varias fases. En la fase preclínica (estadio 1) solo están presentes los factores de riesgo, como el sobrepeso, la obesidad o la resistencia a la insulina, sin manifestaciones. En las fases intermedias (estadios 2 y 3), los pacientes presentan diabetes, hipertensión, dislipemia y/o enfermedad renal crónica, con aparición posterior de daño subclínico a nivel arteriosclerótico y cardíaco. Finalmente, en el estadio 4 aparecen los eventos clínicos cardiovasculares, como el ictus, la cardiopatía isquémica, la enfermedad arterial periférica o la insuficiencia cardíaca.
Las manifestaciones clínicas, en los estadios intermedios, pueden ser sutiles y, entre ellas, figuran el aumento de las cifras de presión arterial (PA), hiperglucemia en rango de diabetes, pérdida de proteínas en orina o microalbuminuria, pérdida de energía, fatiga, hinchazón de piernas o aparición de disnea o dolor torácico ante esfuerzos cotidianos como subir escaleras. Con todo, el síndrome cardiorrenometabólico se puede corregir en sus fases iniciales. Una disminución superior al 10% del peso corporal podría lograr la reducción o reversión de la diabetes, una mejoría relevante de la HTA, así como la normalización de los niveles de triglicéridos y otras manifestaciones. En cambio, si el daño está establecido, el objetivo del tratamiento es la estabilización de la enfermedad y evitar su progresión.
«Una parte muy importante de la población tiene insuficiencia renal sin diagnosticar y, a menudo, la función renal no se evalúa si no hay síntomas. El síndrome cardiorrenometabólico tiene una evolución de años, por lo que tenemos una ventana de oportunidad para prevenirlo antes de que dé síntomas y nunca debemos esperar a que surjan complicaciones graves como el fracaso renal o problemas cardíacos como la insuficiencia cardíaca para empezar a intervenir», subrayó la doctora Gullón.
Papel del médico internista y manejo multidisciplinar
El médico internista tiene un perfil idóneo para liderar y coordinar el manejo del síndrome cardiorrenometabólico por su visión integradora de los pacientes pluripatológicos y complejos. Sin embargo, el abordaje multidisciplinar de este trastorno es clave, partiendo desde la prevención y la promoción de la salud a nivel poblacional, dirigidas desde la Atención Primaria (AP) y las estrategias de salud pública. «El abordaje de estos pacientes requiere un enfoque integral y multidisciplinar, especialmente en aquellos con múltiples comorbilidades como hipertensión, diabetes, insuficiencia cardíaca u obesidad. En este contexto, la Medicina Interna desempeña un papel clave por su visión global, coordinando la atención entre especialidades y evitando la fragmentación del manejo clínico», añadió la doctora Gullón.
Para el cribado del síndrome cardiorrenometabólico se debe realizar una anamnesis completa, que incluya síntomas y antecedentes, así como una exploración física que contemple parámetros antropométricos como el peso, el perímetro de la cintura, el cálculo del índice de masa corporal (IMC) e índice cintura/altura (ICA), además de la medición de la presión arterial. Asimismo, es fundamental realizar analíticas básicas de sangre y orina que incluyan la determinación de glucosa, hemoglobina glicosilada, un perfil lipídico completo y una evaluación de la función renal, incorporando la detección de microalbuminuria como marcador temprano de daño renal, junto con estudios complementarios como un electrocardiograma.
En los pacientes que ya presentan daño establecido, se plantea una estrategia de prevención secundaria. Existen tratamientos farmacológicos que permiten mejorar el pronóstico y la calidad de vida. Además, nuevos tratamientos como los agonistas del receptor GLP-1 o los inhibidores SGLT2 han demostrado beneficios en el control metabólico, la reducción de complicaciones cardiovasculares y la protección renal.