El aumento de los casos de cáncer colorrectal en adultos jóvenes lleva años inquietando a la comunidad científica. Aunque esta enfermedad sigue concentrándose sobre todo en mayores de 50 años, la subida de diagnósticos en personas más jóvenes ha abierto un debate médico y social de gran calado: qué está cambiando para que un tumor tradicionalmente asociado al envejecimiento esté ganando terreno antes de esa edad.

Ahora, un estudio dirigido por el Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) da un paso importante para responder a esa pregunta. La investigación, publicada en la revista Nature Medicine, concluye que determinados cambios epigenéticos relacionados con la dieta, el tabaquismo y la exposición a pesticidas están asociados al desarrollo de cáncer colorrectal de aparición temprana. Entre esas señales, los investigadores han puesto el foco en el picloram, un herbicida de uso generalizado que emerge como nuevo factor de riesgo potencial en menores de 50 años.

El hallazgo resulta relevante porque este trabajo rastrea la huella que dejan el entorno y los hábitos de vida sobre el organismo a través de marcas epigenéticas, una especie de sistema de regulación que modifica la actividad de los genes sin cambiar la secuencia del ADN. En otras palabras, el estudio trata de averiguar cómo las experiencias acumuladas a lo largo de la vida, desde la alimentación hasta la exposición a tóxicos, pueden quedar inscritas en el cuerpo y relacionarse con la aparición del tumor.

La pista del exposoma

Los investigadores se han centrado en el llamado exposoma, un concepto que agrupa todas las exposiciones ambientales y de estilo de vida a las que se enfrenta una persona desde etapas tempranas. Esa idea lleva tiempo ganando peso en oncología, sobre todo en tumores cuyo aumento no se explica con facilidad por factores puramente genéticos.

En el caso del cáncer colorrectal de inicio temprano, las alteraciones moleculares detectadas hasta ahora no habían permitido identificar rasgos específicos que diferenciaran claramente estos tumores de los que aparecen en edades más avanzadas. Sin embargo, los investigadores sí observaban que los casos en menores de 50 años presentan características clínicas y patológicas particulares. Esa aparente contradicción ha reforzado la hipótesis de que el problema puede estar más en lo que rodea al individuo que en mutaciones distintivas del tumor.

Con esa base, el equipo liderado por José A. Seoane, jefe del Grupo de Biología Computacional del Cáncer del VHIO, comparó patrones de metilación del ADN entre pacientes con cáncer colorrectal de aparición temprana y pacientes con cáncer colorrectal diagnosticado a edades más avanzadas. Para ello utilizaron datos del Atlas del Genoma del Cáncer y validaron posteriormente los resultados en otros nueve grupos independientes de pacientes.

La metilación es una de las principales marcas epigenéticas y actúa como un sistema que puede activar o silenciar genes. Los autores del estudio elaboraron puntuaciones de riesgo basadas en estas marcas para reconstruir la exposición a distintos factores ambientales y de estilo de vida. El análisis confirmó vínculos ya apuntados por estudios previos, como la influencia de la dieta, el tabaquismo y el nivel educativo, pero también reveló una asociación llamativa con la exposición a pesticidas.

El picloram, en el foco

Dentro de ese grupo de pesticidas, uno destacó por encima del resto: el picloram. Según la investigación, los tumores de aparición temprana mostraban una correlación especialmente clara con la exposición a este herbicida. Para comprobar si esa señal tenía reflejo más allá de las muestras tumorales, los científicos recurrieron a datos poblacionales de Estados Unidos.

Concretamente, cruzaron información de los registros del Programa de Vigilancia, Epidemiología y Resultados Finales del Instituto Nacional del Cáncer con datos sobre el uso de pesticidas por condados del Servicio Geológico de Estados Unidos. El resultado fue que los condados con mayor utilización de picloram presentaban también tasas más elevadas de cáncer colorrectal de aparición temprana. La asociación se mantuvo incluso después de ajustar por factores socioeconómicos y por la exposición a otros pesticidas.

Ese punto es uno de los más delicados y a la vez más prometedores del estudio. Los autores no indican que el picloram sea, por sí solo, la causa del cáncer, pero sí apuntan a que su exposición prolongada podría desempeñar un papel relevante en una parte de los casos. Este herbicida se utiliza desde mediados de la década de 1960, lo que significa que las generaciones diagnosticadas hoy antes de los 50 años pudieron haber estado expuestas durante etapas tempranas y durante más tiempo que quienes desarrollaron el tumor a edades más avanzadas.

Una posible vía tumoral distinta

Ante la fuerza de la señal asociada al picloram, el equipo analizó también las características moleculares de los tumores con mayor exposición a este herbicida. Ahí encontró otra diferencia significativa: estos tumores presentaban menos mutaciones en el gen APC, una alteración clásica en cáncer colorrectal y estrechamente relacionada con la vía Wnt, fundamental en el crecimiento celular.

Esa observación abre una hipótesis interesante. Si la exposición al picloram está asociada a tumores con menos alteraciones en APC, podría estar favoreciendo el desarrollo del cáncer por caminos biológicos distintos de los más habituales. No es una conclusión, pero sí una pista que justifica nuevas investigaciones y que puede cambiar la forma en que se estudian estos casos en pacientes jóvenes.

Una enfermedad cada vez más presente en jóvenes

El cáncer colorrectal es hoy el tercer cáncer más frecuente del mundo y la segunda causa de muerte por cáncer a escala global. La inmensa mayoría de los casos sigue produciéndose en mayores de 50 años, pero el ascenso de los diagnósticos tempranos ha alterado ese patrón. En Estados Unidos, de hecho, ya es la principal causa de muerte por cáncer en hombres menores de 50 años y la segunda en mujeres de esa misma franja de edad.

Ese cambio obliga a mirar más allá de los factores clásicos y refuerza el valor de trabajos como el del VHIO. La principal aportación de este estudio no es solo haber identificado un posible nuevo factor de riesgo, sino haber demostrado que la epigenética puede funcionar como una herramienta útil para medir el impacto del entorno sobre los tejidos y para reconstruir exposiciones que a menudo son difíciles de cuantificar con precisión en estudios convencionales.

La investigación, financiada por la Fundación “la Caixa” y la Asociación Española Contra el Cáncer, deja varias conclusiones. Por un lado, confirma que el estilo de vida y las exposiciones ambientales dejan una huella medible en el organismo que puede estar relacionada con el cáncer colorrectal de inicio temprano. Por otro, refuerza la necesidad de impulsar estrategias preventivas tanto a nivel individual como desde las políticas públicas, especialmente en un contexto en el que cada vez más adultos jóvenes entran en la estadística de una enfermedad que durante décadas parecía reservada a edades más avanzadas.