Cuando Marcos Verano terminó la carrera de arquitectura decidió emigrar a Londres. Lo hizo acompañado de algunos colegas y con el objetivo de obtener allí trabajo. Lo consiguió y pasó cuatro años en una ciudad de 10 millones de habitantes, lejos de su casa, pero sumando experiencia vital y laboral.

 «Viví cuatro años en Londres y trabajé siete para una empresa de allí. Fue una experiencia clave, pero no es una ciudad para tener la vida que quiero ahora», resume. Por eso buscó la forma de volver a España y por eso, se ha asentado en Sotillo de la Ribera, con 470 habitantes, donde tiene raíces su pareja y donde actualmente desarrolla un proyecto empresarial.

Explica que para él, la pandemia marcó un punto de inflexión. Relata que el teletrabajo dejó de tratarse como una excepción para convertirse en una herramienta real. «Demostró que se puede trabajar bien sin estar físicamente en la oficina», añade. Con ese cambio empezó su camino de vuelta, primero a Pamplona, donde ayudó a abrir una sede de su empresa, y después al entorno rural.

Desde hace cuatro meses trabaja como autónomo, en colaboración con otro arquitecto, en un proyecto al que han puesto el nombre de Uno:Uno. Su actividad abarca desde viviendas unifamiliares hasta proyectos de mayor escala, pero hay una tendencia clara. «La mayoría de nuestros clientes son gente joven que quiere hacerse su primera vivienda fuera de la ciudad», asegura.

El factor económico supone algo determinante y considera que resulta una de las principales razones por las que hay más jóvenes que vuelven a zonas rurales. «¿Por qué voy a pagar 400.000 euros por un piso en Madrid cuando puedo hacerme una casa por menos en un pueblo?», plantea. 

A ello se le añaden otras cuestiones que también impulsan el éxodo de las ciudades. «Aquí tienes tranquilidad, comunidad, tiempo. Mi hija crece en un entorno seguro, juega en el parque y todo el mundo se conoce», explica. 

Lejos de suponer un freno profesional, el entorno rural se presenta como una oportunidad. «Hay demanda, hay proyectos y hay margen para crecer. Además, el trato es más directo, más humano», señala. La cercanía con la administración local, por ejemplo, agiliza procesos como la obtención de licencias.

No obstante, señala que haber vivido fuera le ha dado una perspectiva nueva. «Salir te abre la mente, pero también te hace valorar lo que tienes aquí», reflexiona. En su caso, hay un balance claro, no echa de menos la gran ciudad para vivir, aunque sí para visitar. «Londres es increíble, pero como turista. Para el día a día, esto es otra cosa», confiesa. Valora mucho lo aprendido y la experiencia, pero está donde quiere estar.