«Un sueño del que se hablaba en todos los rodajes, en todos los premios. La posibilidad de sentirnos parte de un colectivo». Así concebía … el cine vasco la existencia de una Academia propia, que ya es una realidad. Más de 150 profesionales se reunieron este jueves en asamblea en el Bilbao Arena para debatir sobre la necesidad de una entidad que entregue unos galardones anuales. Votaron y acordaron «por unanimidad» dar luz verde a la Zinemaren Akademia, nombre provisional porque todavía queda todo por determinar: qué requisitos serán necesarios para formar parte, su ámbito geográfico, su sede, sus fuentes de financiación o el nombre de los ‘Goya’ vascos.
Lo cierto es que una cinematografía con una historia de éxito como la vasca demandaba una Academia propia. Sin ir más lejos, la Academia Galega do Audiovisual lleva en activo desde 2002. Cataluña, Andalucía y Valencia también cuentan con entidades propias, asociaciones sin ánimo de lucro que realizan más cometidos que una gala de premios anual.
«La futura academia nace con la voluntad de ser un espacio inclusivo, plural y representativo, al servicio de las y los profesionales del cine y del audiovisual, y como herramienta clave para impulsar el desarrollo del sector», expresa la Academia vasca en su primera nota de prensa. «Aspira a representar, fortalecer y visibilizar el sector audiovisual del territorio».
A la asamblea fundacional en el Bilbao Arena acudieron directores como David Pérez Sañudo, Paul Urkijo, Iratxe Fresneda, Mikel Rueda y Kepa Sojo; productores como Iker Ganuza, Carlos Juárez, Ander Sagardoy y Eduardo Carneros; y actores como Urko Olazabal, Ramón Agirre, Mikel Losada y Lander Otaola. Algunos de ellos fueron los que se animaron a reunir al colectivo. «La junta fundacional tendrá carácter transitorio hasta la celebración de las primeras elecciones de la futura junta de gobierno, momento en el que se definirá de manera democrática la estructura definitiva de la Academia», precisan.

Rodaje de ‘Inurri itsuak’ (Las ciegas hormigas).

Representantes de las Academias de Cataluña, Galicia y Valencia explicaron su historia y funcionamiento. Dejaron claro que ellos no son asociaciones de productores, sindicatos ni entidades de gestión. La labor de una Academia es representativa, humanista, está formada por personas y su labor se mide en términos de imagen y representatividad. También detallaron su financiación, que en su mayor parte es pública. Así, la Academia catalana cubre el 50-60% de su presupuesto con aportaciones públicas, el 40% con patrocinios y contratos y solo el 10% con las cuotas de sus miembros. En el caso de la gallega, la financiación vía subvenciones llega al 85%.
Aunar sensibilidades
A la nueva Academia le queda por determinar algo esencial: qué es cine vasco. En la asamblea había productores navarros y del País Vasco francés. El euskera también será una cuestión esencial para una entidad que tendrá que mantener estrechos lazos con Euskal Telebista, la cadena llamada a retransmitir unos premios que dan visibilidad y sirven para captar recursos, así como con los departamentos de Cultura del Gobierno vasco y las Diputaciones forales.
No será fácil aunar sensibilidades muy distintas. Ahí está el ejemplo de las dos asociaciones de productores vascos que históricamente existían, hasta que hace dos años convergieron en una única entidad. «Todavía no tenemos ni nombre, porque hasta el nombre puede generar conflicto», se escuchó en el Bilbao Arena, que ha servido para poner la primera piedra de la misma manera que la marisquería madrileña O’Pazo reunió en 1987 a los impulsores de la Academia del Cine Español. Aquellas primeras 87 firmas se convirtieron en 3.000 miembros agrupados hoy en 15 especialidades. Sus cometidos van mucho más allá de la concesión de los Goya.
La puesta de largo de la Academia del Cine Vasco tendrá lugar en el Festival de San Sebastián el próximo septiembre. El Zinemaldia ha sido hasta ahora el principal impulsor del cine vasco en una ciudad que también acoge la sede de la Filmoteca vasca y la Escuela de Cine Elías Querejeta en Tabakalera. El talento incontestable de una generación de directores vascos que pusieron el cine español patas arriba en los 90, el prestigio del que han gozado históricamente nuestros técnicos y el volumen imparable de rodajes que acoge Euskadi gracias a los incentivos fiscales justifican por sí solos la existencia de la Academia.