El tejido adiposo marrón/pardo (TAM) mantiene la temperatura corporal generando calor mediante la metabolización de glucosa y ácidos grasos, un proceso fisiológico denominado termogénesis adaptativa. La activación del TAM se correlaciona inversamente con el índice de masa corporal (IMC) e impacta positivamente la salud cardiometabólica en humanos, lo que lo convierte …

El tejido adiposo marrón/pardo (TAM) mantiene la temperatura corporal generando calor mediante la metabolización de glucosa y ácidos grasos, un proceso fisiológico denominado termogénesis adaptativa. La activación del TAM se correlaciona inversamente con el índice de masa corporal (IMC) e impacta positivamente la salud cardiometabólica en humanos, lo que lo convierte en un objetivo prometedor para combatir la obesidad y sus trastornos metabólicos asociados.

«La grasa parda/marrón tiene un enorme potencial como objetivo terapéutico, pero para aprovecharlo es necesario comprender con exactitud cómo se regula a nivel molecular», según Yu-Hua Tseng, doctor en filosofía, investigador principal del Centro de Diabetes Joslin y profesor de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard.

El equipo de dicho experto en colaboración con el laboratorio del Dr. Kaifu Chen en el Hospital Infantil de Boston (EEUU) y otros investigadores, lograron mapear cómo las células de grasa parda modifican la estructura tridimensional de su genoma en respuesta a una señal hormonal provocada por el frío. «Descubrimos que las señales hormonales pueden reorganizar muy rápidamente la estructura tridimensional del ADN en las células de grasa parda, actuando como un interruptor que activa o desactiva su mecanismo de quema de calorías» subrayó el Dr. Yu-Hua Tseng.

En el centro de este proceso, según pudieron constatar dichos investigadores, se encuentra una proteína llamada H2A.Z, una variante de histona que ayuda a abrir el ADN compactado, haciendo accesibles las regiones reguladoras de genes metabólicos clave. Sin H2A.Z, esta reorganización del ADN a gran escala no puede ocurrir y el programa de quema de calorías de la grasa parda se detiene.

Para comprobar si este mecanismo es esencial para la función de la grasa parda en animales vivos, los científicos de Joslin alteraron específicamente el gen H2A.Z en las células de grasa parda de ratones y examinaron las consecuencias fisiológicas. 

Los científicos pudieron comprobar que, al eliminar el H2A.Z, la grasa parda ya no podía responder con normalidad al frío: el gasto energético disminuía, la regulación de la temperatura corporal se veía afectada y los marcadores del metabolismo de la glucosa empeoraban, todos ellos indicadores de una grasa parda disfuncional. Los resultados mostraron que el H2A.Z no es incidental a la actividad de la grasa parda; es necesario para su función metabólica.

Estos hallazgos, publicados en ‘Nature Metabolism’, contribuyen a comprender cómo el riesgo genético de obesidad y enfermedades metabólicas puede manifestarse a nivel molecular y abren una nueva vía para el desarrollo de fármacos dirigidos a una de las defensas naturales más poderosas del organismo contra la obesidad y la diabetes tipo 2.

«Demostramos que H2A.Z contribuye a moldear las interacciones del ADN que regulan los genes metabólicos de la grasa parda, y que esas mismas regiones albergan numerosas variantes genéticas relacionadas con la obesidad. Comprender esta conexión nos proporciona un objetivo más concreto para traducir los conocimientos genéticos del laboratorio en intervenciones metabólicas reales en la clínica», concluyó el Dr. Yu-Hua Tseng.


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