En un nuevo incidente entre Rusia y la Unión Europea desde el inicio de la invasión de Ucrania, Rumanía entró ayer en fase de alerta … tras la caída de los restos de, al menos, un dron en un barrio periférico de Galati, una ciudad al este próxima a la frontera con la república invadida. Los trozos impactaron contra un inmueble anexo a un edificio y obligaron a evacuar a cerca de medio millar de vecinos de los suburbios, sobre todo después de que las fuerzas de seguridad encontrasen una pieza sospechosa de contener una carga explosiva.

Los hechos ocurrieron sobre las dos de la madrugada e hicieron saltar las alarmas en el cuartel general de la OTAN, que ordenó despegar a dos cazas británicos en busca de varios aviones no tripulados rusos que aparecían en los radares. Aunque en un primer momento se especuló con una incursión aérea dentro de Ucrania, el Gobierno de Bucarest precisó que los dos Eurofighter Typhoon de la RAF se mantuvieron en todo momento dentro de territorio rumano. Las reglas de enfrentamiento no permiten que la OTAN desempeñe misiones militares y de ataque dentro de suelo ucraniano para que el Kremlin no lo interprete como una agresión directa de la Alianza contra Rusia.

Moscú desató una nueva madrugada infernal. Casi 700 artefactos, entre drones y misiles, volaron en dirección a Dnipro. Odesa y Járkov, donde al menos ocho personas perdieron la vida y 40 resultaron heridas. Algunos aviones no tripulados cruzaron velozmente el sureste de Ucrania y fueron neutralizados sobre la frontera con Rumanía. No es la primera vez que sus escombros caen en los países colindantes, pero sí una de las pocas en que afectan a edificios civiles en zonas habitadas.

Se trata de uno de los incidentes más graves en dominios de la UE en cuatro años de guerra, aunque no se registraron víctimas y los daños tampoco fueron «graves», según el Ministerio de Defensa rumano. Los restos fueron identificados como pertenecientes a un nuevo modelo de dron de ataque ruso, el Geran-2, mucho más peligroso. La industria rusa fabrica mil al día en una única fábrica al suroeste del país.

Todo este asunto cobra especial relevancia al producirse solo unas horas después de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea en Nicosia (Chipre), donde se trató con cierta vehemencia la necesidad de los Veintisiete de reforzar sus instrumentos de defensa recíproca. Los líderes consideran necesario cubrirse las espaldas en previsión de un futuro desmoronamiento de la OTAN si Trump decide sacar a Estados Unidos de la Alianza o reducir drásticamente su aportación militar y financiera.

El sistema operativo

Bruselas tiene sus propias reglas de autoprotección, aunque no resulten tan conocidas como las de la organización transatlántica ni estén tan desarrolladas.Existe una cláusula de defensa colectiva contenida en el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea que obliga a cada miembro a ayudar «con todos los medios a su alcance» a cualquier otro socio comunitario si es víctima de un ataque. Le diferencia muy poco del artículo 5 de la OTAN –si un aliado es agredido, todos los demás también deben considerarse así y defenderse de manera colectiva–, pero el alcance estructural de este último es superior al igual que su carácter disuasorio.

Quizá porque la UE no ha sentido hasta ahora la necesidad de rearmarse, su visión sobre la cooperación interna en casos de fuerza ha sido más política que armada y ha confiado sobre todo en el uso conjunto de la diplomacia o la prestación de financiación colectiva o ayuda humanitaria. Tras capítulos como la guerra en Ucrania, el alejamiento de Estados Unidos y la pretensión de Trump de conquistar Groenlandia, en Chipre se ha decidido esta semana que es preciso pasar a la auténtica acción: crear un sistema operativo sobre cómo activar el principio de defensa mutua llegado el caso y también cómo coordinarlo y dirigirlo, dos aspectos que hasta ahora permanecían en el limbo, además de hacer recuento de los medios disponibles,

La cuestión va más allá de la creación de una ‘miniOTAN’ a la europea, según lo describen algunos entendidos. El Viejo Continente se enfrenta a una guerra previsiblemente muy larga en Ucrania, y eso facilita que los riesgos dentro de las fronteras de la UE crezcan, como acaba de suceder en Rumanía. Si la OTAN se vuelve hipotéticamente quebradiza, Bruselas, Francia, Alemania y el Reino Unido creen que los europeos serán los primeros necesitados en reforzar su frontera este.

Con la nueva asignación de 90.000 millones de euros, Ucrania dispondrá de economía y recursos militares para un año de combates. La crisis en Oriente Medio ha dejado empantanada la negociación de una paz entre Kiev y Moscú con la mediación de Estados Unidos y de su presidente. Donald Trump está concentrado en su propio contencioso con Irán y eso deja a los ucranianos sin un negociador con peso e influencia suficiente para tratar con el líder ruso, Vladímir Putin.