Camisa de cuello blanco —como si fuese un secundario de Industry—, corbata de cuadros escoceses, reloj Cartier vintage, el pelo rapado y flanqueado por un amigo diseñador —Peter Jones, tatuado y con diente de oro e inequívoco aire U (colega, presumiblemente, de Central Saint Martins, donde el joven estudia alguna disciplina creativa)— y por el exmodelo —y, al parecer, exnovio de su madre— Pierre Dolmans.

La llegada de Rocco Ritchie Ciccone (Los Ángeles, 2000) a la caseta de esta revista en la Feria de Abril de Sevilla no la firma ni su padre, Guy Ritchie, en los nuevos episodios de The Gentlemen. Dicen que el único hijo del añorado matrimonio entre Madonna y el cineasta inglés —una unión que nos regaló a Madonna modo lady en la que fuera casa de Cecil Beaton en la campiña inglesa— tiene más sintonía con papá que con mamá. Lo que vimos hace unos días entre pescaíto frito y manzanilla así lo confirma. Rocco sonrió, pero no habló; se divirtió, pero pasó del photocall. Seguro que entendió el revuelo que se formó a su llegada, ya que domina el castellano.

Su novia, Olivia Monjardín, hija de la afamada interiorista Bárbara Maldonado y del empresario Juan Monjardín, es española. Monjardín trabaja, por cierto, en Stella McCartney, autora del vestido de novia y de bautizo con el que sus padres celebraron su amor y su incipiente familia en los primeros 2000 cuando Madonna, animada por su íntima amiga Gwyneth Paltrow —por entonces feliz con Chris Martin, líder de Coldplay— la animó a buscar el amor en Albión. Trudie Styler, esposa de Sting, ofició de celestina.

Dos décadas más tarde, Guy Ritchie ha retomado su carrera de director de cine justo donde la dejó antes de casarse y de dirigir Barridos por la marea, su peor filme: en cintas violentas de pijos y mafiosos que viven al límite con humor, tías buenas y (muy) listas y buena música. Madonna sigue siendo la reina indiscutible del pop y madre de una familia numerosa de la que Rocco es el segundo vástago. Horas antes de que él pisase el albero ella hizo de nuevo historia en Coachella de la mano de Sabrina Carpenter. Distintos escenarios para un mismo circo.