Un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad de Tufts en Estados Unidos y publicado en la revista científica JAMA Network Open ha reveló que la vitamina D podría jugar un papel fundamental a la hora de retrasar o evitar la progresión de la prediabetes. Sin embargo, este beneficio médico no es universal, sino que depende directamente de ciertas variaciones en el genoma de cada individuo.
Los investigadores analizaron los datos provenientes del estudio D2d, un ensayo clínico a gran escala realizado en múltiples centros. En este proyecto se puso a prueba el efecto de administrar 4.000 unidades internacionales diarias de este compuesto frente a un placebo en más de 2.000 adultos estadounidenses con la condición previa a la enfermedad, con el fin de determinar si una cantidad elevada lograba reducir la probabilidad de desarrollarla de manera irreversible.
Reducciones sustanciales
Aunque el ensayo original no halló una disminución significativa del riesgo en todos los participantes, sí planteó interrogantes clave para la investigación. Mediante un análisis minucioso, el equipo descubrió que unos niveles sanguíneos de 40 a 50 ng/ml estaban relacionados con reducciones sustanciales en la evolución patológica, dado que las células productoras de insulina del páncreas poseen receptores para esta sustancia.
Para resolver la incógnita, la investigadora del Centro de Investigación de Nutrición Humana Jean Mayer del USDA, Bess Dawson-Hughes, y su equipo estudiaron el ADN de 2.098 voluntarios. Los resultados mostraron que los adultos con la variante AA del gen del receptor de vitamina D —aproximadamente el 30% de la muestra estudiada— no respondieron al tratamiento diario. Por el contrario, aquellos sujetos con las variantes AC o CC experimentaron una notable caída en el riesgo de enfermar de manera crónica en comparación con quienes recibieron el placebo.
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Según Anastassios Pittas, profesor de medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, estos nuevos hallazgos suponen un paso decisivo hacia una atención médica más personalizada que ayude a reducir la amenaza en adultos de alto riesgo. Además, el experto destacó que se trata de una herramienta preventiva sumamente atractiva por ser económica y accesible en el mercado general.
No obstante, los autores del documento han advertido de que estos resultados no implican que la población deba comenzar a automedicarse con cantidades ingentes de este elemento por su cuenta. Las guías sanitarias actuales recomiendan 600 unidades diarias para la franja de 1 a 70 años y 800 para los mayores de esa edad.
Un consumo excesivo puede resultar muy perjudicial y se ha vinculado médicamente con un mayor riesgo de caídas y fracturas óseas en la tercera edad, por lo que resulta imprescindible esperar a nuevas investigaciones. «Nuestros hallazgos sugieren que, con el tiempo, podremos identificar qué pacientes tienen más probabilidades de beneficiarse de una suplementación adicional», ha concluido la doctora Dawson-Hughes respecto a la necesidad de pruebas genéticas previas.