Sergio del Molino recupera una pintora olvidada, una más en esa ristra de descubrimientos que revela que el arte no fue un coto de hombres. … Pero no se trata de una autora más. Rosario Weiss es, presumiblemente, descendiente directa de Francisco de Goya. Como hija de su ama de llaves, Leocadia Zorrilla, creció y se formó en Burdeos, la ciudad donde se exilió el maestro, y volvió a Madrid, donde desarrolló una breve carrera truncada por el repentino fallecimiento. El autor, Premio de Periodismo EL CORREO, presentará hoy ‘La hija’, una novela basada en su trayectoria personal y profesional, en un nuevo encuentro del Aula de EL CORREO que tendrá lugar hoy, a partir de las 19.00 horas, en la Biblioteca Bidebarrieta. El acto cuenta con el apoyo de la editorial Alfaguara y BBK.

En los últimos meses se han presentado dos libros y un musical sobre Francisco de Goya. ¿Por qué este renovado interés por el pintor?

– Es un clásico que siempre nos dice cosas nuevas y que nunca ha decaído. En la producción literaria, la filosofía y la historia del arte, siempre hay algo goyesco. No conozco ningún movimiento en los últimos cien años sin su huella.

¿Y a qué género pertenece su aportación? Participa tanto del ensayo como de la ficción.

– A la novela, me resisto a llamarla de otra manera. Aunque hay dos partes, basadas en sendos manuscritos, pero prima la unidad y me parece apropiado emplear esa etiqueta si no nos ponemos muy pejigueros. Creo que cabe en una tradición narrativa que recurre, por ejemplo, a la filosofía, como en el caso de Tolstoi.

Nuestro imaginario artístico se fraguó en el XIX, a menudo fruto de la aleatoriedad y manos extranjeras.

– Sí, es el gran siglo de la historia del arte. Fue cuando se formaron las colecciones de los museos canónicos, el Louvre, el Prado o los Vaticanos. Entonces, el arte se convierte en un instrumento del poder. Se erige la Europa que conocemos, la que presume de ser cuna de la civilización. A Goya ese proceso lo pilló en el medio. Es el primero de los modernos y el último de los clásicos. Las Pinturas Negras se encuentran en el origen de las vanguardias y en el final de un tipo de arte asociado a lo decorativo y la representación formal.

Las Pinturas Negras pudieron desaparecer o quedarse en Francia.

– Sí, todo podría haber ocurrido de otra manera. El banquero D’Erlanger se hizo con ellas y, tras no poder venderlas, las entregó a España y esa supervivencia marca la visión que tenemos de Goya, heredera de una imagen surgida en Francia, porque Delacroix lo descubre. El azar y la historia funcionan en la construcción de nuestros valores. El exilio en Burdeos lo puso en contacto con españoles que, a su vez, establecieron contacto con los impresionistas.

Rosario Weiss parece el último descubrimiento relacionado con Goya, al que se le atribuye su paternidad.

– Es una pintora que sólo conocen los expertos porque tiene poca obra, muy dispersa, además, y murió con tan sólo veintiocho años. Hay dibujos atribuidos al maestro en el Lázaro Galdeano que son de ella. Su recuperación se ha producido a lo largo de los últimos quince años y ha sido lenta, aunque ya es motivo de interés para los coleccionistas.

¿Era hija de Goya?

– La verdad es que era muy conocida en los cenáculos de su tiempo y la trataban como tal. No hay certeza absoluta, pero sí relevantes testimonios literarios que lo indican como las crónicas de Mesonero Romanos e, incluso, aparece en los ‘Episodios’ de Galdós.

¿Una mujer podía vivir como pintora en aquel tiempo?

– Era muy difícil porque les resultaba difícil acceder a la Academia de San Fernando. No se trata del único caso, pero la mayoría han sido olvidadas. En el Prado tan sólo se recogen dos o tres casos. ¡Imagina si ya se antojaba complicado para un pintor sin padrinos! En el XVIII era más sencillo porque la doctrina ilustrada tomaba muy en serio la educación de las mujeres y los artistas aceptaban aprendizas. El Romanticismo era muy machista y mojigato y reducía a las mujeres a la condición doméstica. Las artistas que surgen son amateurs.

El libro sugiere una relación tormentosa entre Goya y su hijo Javier.

– La relación es compleja. Intuyo que el pintor padecía un sentimiento de culpa por haber sido un padre ausente que lo había consentido y que quería redimirse con Rosario, una niña con talento artístico.

El libro también es un fresco de un tiempo terrible. Conocemos la invasión francesa, pero apenas sabemos del reinado de Fernando VII y la represión que ejerció.

– El siglo XIX lo tenemos muy descuidado. Lo reducimos a la introducción del ferrocarril y no distinguimos sus etapas. Damos vueltas a la Guerra Civil y el franquismo cuando este periodo es un tiempo fundacional, de cambios y violencia. La historia de Bilbao y de la biblioteca de Bidebarrieta, donde hablaré, no tiene sentido sin abordar su tradición liberal. No podemos quedarnos con que fue el tiempo de una gente que padecía sífilis, esnifaba rapé y hablaba raro.

Tampoco se puede entender la vida de Rosario y los suyos sin su pensamiento liberal.

– Era miembro de una familia de liberales acérrimos. Ahora bien, aquel liberalismo no se corresponde con la ideología actual del mismo nombre ya que incluso mantienen posiciones contrarias. Se trataba de una fuerza progresista y democratizadora.

¿Existen similitudes entre aquel periodo oscurantista, sobrevenido tras el Trienio Liberal, y el que vivimos?

–Es difícil establecer similitudes más allá de la polarización de la sociedad que impide consensos básicos. En el libro hay hechos y situaciones que nos pueden resultar familiares porque como escritor, no historiador, he forzado presentismos. Los personajes nos interpelan y ayudan a entender el mundo.

La pintora llegó a ser la preceptora de dibujo de la reina Isabel II.

– Este hecho tiene que ver mucho con la ideología. Ella accede por liberal y el propósito era insuflar ese espíritu en la cabezota impenetrable de la monarca.

La breve vida de Rosario Weiss fue muy difícil.

– Su ejemplo da cuenta de lo que ha supuesto ser artista y significarse políticamente en España a lo largo de los últimos doscientos años. Incluso su muerte está relacionada con cuestiones políticas si nos ponemos conspiranoicos. Hasta la llegada de la democracia, pocos españoles pudieron gozar de una vida plácida en la que no impactaran las convulsiones que sacudieron el país.