Los días de Odile Fernández transcurrían como los de tantas mujeres, tratando de compaginar su trabajo como médica de familia con las exigencias de la maternidad, en su caso multiplicadas por tres. Un caos organizado en el que el cáncer irrumpió súbitamente. Cuando en 2010 le diagnosticaron un tumor de ovario con varias metástasis, supo que necesitaba todo el apoyo posible para su tratamiento. Odile investigó sobre la relación entre alimentación y cáncer y, al ver que a ella la ayudaba en su proceso, plasmó sus conocimientos en un libro, ‘Mis recetas anticáncer’. Fue un éxito que tendría continuidad en otros títulos, como ‘Mi revolución anticáncer’ o ‘Hábitos que te salvarán la vida’. Ahora llega ‘El poder de la suplementación’.

El diagnóstico de cáncer cambió su relación con la medicina, su profesión. Descubrió cosas que no le habían enseñado en la facultad, como el papel clave de la alimentación o de la suplementación. 
En el año 2010 me diagnostican un cáncer de ovario metastásico y empiezo a buscar algo más que la medicina oficial. Yo estudié en la universidad, hice la residencia… pero no tenía ni idea de lo que se llama medicina integrativa. Me pautaron una quimioterapia paliativa, pero yo quería sanar y para eso necesitaba algo más. Me puse a investigar la relación del cáncer con la alimentación, con el estilo de vida, el ejercicio y las emociones, y toda esa investigación la llevé a mi herida, junto al tratamiento médico convencional, y la enfermedad desapareció. Han pasado 15 años y sigo aquí.

Necesitaba investigar, pero sin perder de vista el rigor. ¿Dónde buscó?
Usé PubMed para acceder a Medline, que es la base de datos bibliográfica de la Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU. La investigación médica, los ensayos clínicos, los estudios de formación… todo lo que se publica en medicina se publica ahí. La medicina integrativa se está construyendo desde hace muchos años, pero esa información no le estaba llegando a la población ni a nosotros, a los médicos. Hasta hace bien poco, la medicina integrativa no era una realidad, pero ahora cada vez son más los profesionales que tienen una visión más abierta e integran recomendaciones de estilo de vida para sus pacientes.

Me pautaron una quimioterapia paliativa, pero yo quería sanar y para eso necesitaba algo más

Su primer libro, ‘Mis recetas anticáncer’, arrasó en ventas. ¿No tuvo miedo de escoger un título que podía generar demasiadas expectativas?
Bueno, eran mis recetas anticáncer, las que yo apliqué en mi día a día para intentar salvarme. Para intentar que esa quimioterapia que en principio era paliativa fuera curativa. Es verdad que el título podía generar esas expectativas que dices, pero eran mis recetas, lo que yo investigué.

¿Cómo lo recibieron sus compañeros de profesión? 
La comunidad médica lo recibió muy bien, la verdad. Al final, yo era una médica que estaba hablando de integrar el estilo de vida y el tratamiento del cáncer, que aunque no era lo que se solía hacer, resulta de sentido común. Sí que tengo mis haters, pero son sobre todo nutricionistas. Algunos, con nombre y apellidos, siguen cuestionándome, pero en este caso, el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio más que nunca.

Ahora presenta ‘El poder de la suplementación’. ¿Por qué son importantes los suplementos? 
Son importantes porque podemos tener deficiencias nutricionales que no se pueden paliar con la alimentación. Los suelos están muy empobrecidos y lo que producen contiene menos minerales y vitaminas, pero nosotros necesitamos estos elementos más que nunca, porque el estilo de vida actual –donde hay tanta ansiedad– nos roba minerales como el magnesio. Tampoco hacemos suficiente ejercicio, no tomamos el sol, no dormimos bien… Nuestro estilo de vida y nuestra alimentación actual están haciendo que las deficiencias nutricionales sean bastante comunes. La suplementación bien pensada y bien dirigida resulta muy interesante. 

Los suelos están muy empobrecidos y lo que producen contiene menos minerales y vitaminas, pero nosotros necesitamos estos elementos más que nunca para compensar nuestro estilo de vida

¿Cómo nos podemos asesorar para tener una suplementación «bien pensada y bien dirigida»?
Lo ideal sería que los médicos tuviésemos la formación para poder hacer esa orientación, pero muchas veces no tenemos ni el tiempo ni los conocimientos; por eso publiqué este libro, porque la gente tiende a buscar en Google o a dejarse aconsejar por cualquier influencer y a tomarse cosas sin saber si las necesita. De todas formas, hay algunos suplementos que por nuestra forma de comer y de vivir son básicos para la mayoría, como pueden ser la vitamina D, el omega 3 y el magnesio. Si ponemos en la base esos suplementos vamos a construir salud, porque vamos a permitir a nuestras células funcionar bien.

El magnesio es el más popular.
El magnesio es un mineral que interviene en más de 300 reacciones bioquímicas y regula la síntesis de melatonina y serotonina, por eso es uno de los suplementos más importantes. Es básico para relajar el músculo, producir energía y calmar al sistema nervioso. 

La vitamina D es tan importante que cuando se alcanza el nivel máximo en sangre hay menos riesgo de infecciones respiratorias, de enfermedad cardíaca, depresión e incluso cáncer

¿Y la vitamina D?
La vitamina D es una de las más importantes y resulta que el 80% de la población española tiene déficit porque no nos exponemos suficientemente al sol. Pasamos mucho tiempo en espacios cerrados, usamos fotoprotectores y esto hace que el déficit de vitamina D sea bastante generalizado. Pero la vitamina D es liposoluble, esto quiere decir que existe riesgo de toxicidad por exceso, por eso no se puede consumir de una forma libre: tiene que estar pautada por un médico viendo la necesidad que tenemos. Es tan importante que cuando se alcanza el nivel máximo de vitamina D en sangre hay menos riesgo de infecciones respiratorias, de enfermedad cardíaca, depresión e incluso cáncer. 

Señala como tercer suplemento básico el omega-3.
El omega-3 es un ácido graso esencial que nosotros no producimos, sino que tomamos a través de los alimentos. Tiene un gran poder antiinflamatorio y antioxidante y cuida la salud del cerebro y del corazón. El omega-3 está en el pescado azul y, en menor medida, en las semillas de lino y de chía. No todo el mundo toma tres o cuatro veces por semana pescado azul, que además no debería ser frito porque el calor intenso oxida los ácidos grasos, y por eso la suplementación con omega-3 puede ser también muy interesante. 

Cuando los niños son pequeñitos y viven en medios asépticos, con unos padres que no los dejan ensuciarse, tienen una microbiota más empobrecida que aquellos niños que juegan en contacto con el entorno natural

No solo necesitamos estas sustancias, sino un sistema digestivo preparado para aprovecharlas bien.
Sí, necesitamos un sistema digestivo que pueda absorber los nutrientes que tomamos a través de la comida o de la suplementación. En este caso, lo importante es incorporar a nuestra alimentación alimentos fermentados, como yogur, kéfir, chucrut o kimchi, que son fuente de probióticos. También es importante consumir prebióticos, que son los que van a alimentar a esos microorganismos beneficiosos, y están en la cebolla, el ajo o el plátano verde, y en todos los vegetales en general. Y, por supuesto, intentar no tomar azúcar o aditivos, que van a alterar esas microbiotas, y tener más contacto con la naturaleza, que también alimenta a nuestra microbiota.

¿De qué forma lo hace?
Cuando los niños son pequeñitos y viven en medios asépticos, con unos padres que no los dejan ensuciarse, siempre con las manos limpias, tienen una microbiota más empobrecida que aquellos niños que tocan, que juegan en contacto con el entorno natural. El problema de la microbiota actual es que es muy pobre, le falta diversidad, que es muy importante.