Cuando María Pombo visita Cantabria, rara vez falla a su cita con El Tronky. Este asador, ubicado en Pedreña y especializado en carnes y pescados … a la brasa, es uno de los restaurantes imprescindibles de la famosa influencer y empresaria durante sus veraneos en la ‘tierruca’. Tanta es su fama que Pablo Cabezali, más conocido como ‘Cenando con Pablo’, no se ha resistido a probarlo en su última escapada a la comunidad vecina.


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Hace solo unos días el popular influencer gastronómico ha compartido en su canal de ‘Youtube’ su experiencia en este establecimiento enclavado en el muelle de Pedreña, a un paso de Santander en barco y a 15 minutos en coche de la localidad de Galizano, donde la creadora de contenido y su familia se han construido dos espectaculares chalés.

«Llevaba en mi lista mucho tiempo y tenía muchas ganas de probar», comienza diciendo Cabezali. Cuando la más famosa de las hermanas Pombo se pasa por este asador, se atiborra a percebes, una de sus comidas favoritas. Sin embargo, el creador de contenido opta por otras opciones del menú, que no son pocas.

Después del aperitivo, una sopa de pescado a la que no pone ningún pero -«me gusta porque te sumerge en lo que voy a encontrar aquí», dice-, la comida arranca con unas anchoas, uno de los platos estrella del local. «¡Qué maravilla! Qué producto tan rico… Hace años no me entusiasmaban y ahora me encantan. Se sienten de calidad, muy premium, y están muy bien de punto de sal», destaca.

El menú prosigue con una receta típica cántabra, el cachón (sepia) a la vinagreta, unas rabas que le sorprenden -tanto por su preparación como por su precio, 8 euros- y unas navajas a la plancha. El siguiente plato que degusta son unas almejas, pero no le convencen: «Tienen mucho ajo. Para mi gusto, se han pasado ocho pueblos, casi no saben al producto original, no repetería», lanza.

Demasiado crudo

Y, a continuación, el momento cumbre, un besugo a la brasa por 35 euros. «Está muy tierno, muy bueno. Es un buen besugo. Le han puesto una vinagretita que le queda fenomenal. Le da alegría al plato. ¡Sí señor!», dice Cabezali tras hincarle el dientes y antes de descubrir lo que a, su juicio, es un error en la preparación: «Está crudo por dentro. A Pablo no le importa, pero la mayoría de los clientes, si lo ven así, lo mandarían de vuelta. Técnicamente no está bien hecho, parece un sashimi», apunta.

Tras el postre, llega el momento de la cuenta. El influencer abona un total de 95,60 euros y ofrece su veredicto final sobre el asador. «Muy barato, en cualquier otro restaurante hubiera sido, fácilmente, 100 euros más. El besugo, 35 euros, es un chollo, y las rabas a 8, regaladas. No te meten un estacazado pero la calidad es buena», concluye.