Usa tu cerebro

Doctor en física, en psicología y en informática: “Tuve que estudiar mucho para poder hacer algo, pero fue divertido”. Desde hace 30 años, se dedica a la neurociencia, y asegura que el cerebro cuanto más lo usamos y lo estimulamos, más resistente es. “Pero, en el fondo, es algo más simple: vivir bien. Aristóteles lo llamaba eudaimonía”. Deco es un referente mundial por su nuevo mapa cerebral realizado con la Universidad de Oxford que marca un antes y un después en el conocimiento del cerebro humano. Permite entender cómo funciona y se desarrolla el cerebro en niños y adolescentes. Utiliza la neurociencia computacional para observar cómo el cerebro procesa información y se organiza dinámicamente. Ha participado en el VI Seminario Internacional sobre Neurociencia y Educación que reúne a los expertos mundiales en Girona.

Ha hecho un nuevo mapa cerebral.

Un mapa que no es una foto, sino que muestra cómo se comunican las distintas regiones del cerebro en tiempo real.

Deme un ejemplo, por favor.

Responder a una pregunta clásica: cómo funciona el cerebro cuando hacemos memoria, tomamos decisiones o prestamos atención.

¿Cómo percibimos, y cómo recordamos?

Voy más allá: el cerebro es muy interesante cuando no hace nada, en el llamado estado de reposo, ni rígido ni inestable, y eso le da la flexibilidad para percibir, recordar o decidir y actuar. Sin estado de reposo el cerebro pierde flexibilidad. En la depresión aparece la rumiación: el cerebro se queda atascado .

¿Y la aplicación clínica?

El diseño de la terapia en enfermedades neurológicas y psiquiátricas tiene que ser individualizado. Cada paciente tiene un problema particular.

No basta con ponerle una etiqueta.

No: esquizofrénico, bipolar…; usamos resonancias, técnicas de neuroimagen y mode- los que intentan entender qué mecanismo concreto está fallando en su cerebro.

¿Y todo eso en qué mejora la vida?

Podemos predecir cómo ese paciente va a reaccionar a diferentes terapias y cuál es la más adecuada: farmacológica, electromagnética o incluso psicoterapias.

¿Qué nos dice ese nuevo modelo?

Primero, que la robustez del cerebro es enorme. Incluso si hay averías –anatómicas, bioquímicas–, podemos entender cómo se comporta el cerebro a pesar de que algo no está como debería. Y segundo, que podemos precisar mejor las causas.

También estudia el cerebro en formación.

El cerebro humano se desarrolla desde que nacemos hasta los 25 años. Por eso muchas enfermedades psiquiátricas aparecen en la adolescencia. Es una etapa clave en la que podemos detectar riesgos incluso antes de que se manifiesten en la conducta. Eso permite actuar antes de que estalle el problema.

¿Ha comparado sistemas educativos?

Sí, cómo el cerebro se desarrolla de forma distinta según el sistema educativo: el suizo, más rígido, estructurado y reglado, frente al Montessori, más flexible y centrado en el alumno. Hemos visto que el cerebro se organiza jerárquicamente de forma distinta. Nosotros hablamos de “orquestación”.

Explíqueme eso.

Piense en una orquesta: hay director, primeros violines, chelos… Si falla uno u otro, cambia la música. El cerebro funciona igual: tiene una jerarquía de funciones.

¿Y eso se puede medir?

Sí, utilizamos marcos matemáticos –como la termodinámica– para medir esa organización del cerebro. Para saber quién dirige, qué falla y cómo intervenir.

¿Con cuál de los dos modelos se queda?

Los sistemas rígidos pueden ser contraproducentes, pero no podemos generalizar. Y curiosamente el sistema educativo influye más en la organización cerebral de las niñas que en la de los niños.

¿Las emociones ayudan a aprender?

Los centros emocionales están muy arriba en la jerarquía cerebral. No son los directores, pero casi. No hay un único director claro, pero la corteza prefrontal es uno de ellos. Por eso, cuando falla –como en la esquizofre- nia–, se desorganiza toda la sinfonía.

La adolescencia, entonces, es decisiva.

Totalmente. Pero se puede intervenir.

¿Es un cerebro incompleto?

Es un cerebro distinto, en plena reconfiguración, con mucha plasticidad y variabilidad.

En esa etapa es cuando más lo castigamos.

El alcohol y las drogas afectan directamente a la organización del cerebro. Hay que intervenir con inteligencia.

¿Cómo?

Hoy las intervenciones más habituales son farmacológicas, pero hay mucha expectativa en técnicas de perturbación electromagnética, que son menos invasivas porque no modifican la química del cerebro y pueden ayudar a reconducir su funcionamiento. ¿Recuerda los televisores de válvulas?

Sí, aquellos enormes.

A veces dejaban de funcionar y uno les daba un golpe y volvían a arrancar. Era un sistema robusto, como el cerebro. Pero ahora intentamos no golpear en cualquier sitio, sino entender cómo funciona ese circuito para intervenir de forma mucho más precisa.

¿Qué le conviene al cerebro?

La flexibilidad. Un cerebro rígido siempre vuelve al mismo sitio. Uno flexible puede adaptarse.

¿Cómo se cuida el cerebro?

Con la forma de vida. El cerebro cambia continuamente: no es el mismo por la mañana que por la noche. Cómo vivimos –lo que pensamos, lo que hacemos, con quién estamos– lo va moldeando. Cuanto más lo usamos y lo estimulamos, más resistente es. En el fondo, es algo bastante simple: vivir bien.