A veces, los llamamientos de Diego Pablo Simeone a la hinchada del Atlético ante una gran cita contienen una carga que delata el momento por el que pasan sus futbolistas. Su última invocación tuvo un punto de solicitud de auxilio y hasta de súplica. “Necesitamos a nuestra gente que más que nunca”, advirtió el sábado después de que su equipo sumara ante el Athletic (3-2) una victoria tan necesaria para asegurar la participación en la próxima Liga de Campeones como para levantar el ánimo de un plantel muy golpeado por la final de Copa perdida.

La semana pasada fue una de las más duras de la era Simeone. Desde el día siguiente a la derrota en La Cartuja comenzó a impartir una serie de charlas al grupo enfocadas en lo histórico de esta semifinal de la gran competición europea, la sexta del club desde que la competición fue creada en 1955. Las encendidas y motivacionales arengas que impartió también le han servido al propio Simeone como autoterapia. Él mismo ha transmitido que necesitaba reanimarse y abrirse para poder generar el ambiente de excitación que requiere una cita como la de este miércoles en el Metropolitano ante el líder de la Premier. Simeone ha apelado a lo ambiental para recibir al Arsenal en el partido de ida de las semifinales de la Copa de Europa con el fin de que se establezca ese cordón umbilical que tantas veces ha unido el fervor de la grada con las revoluciones y el desempeño del equipo. El Cholo ha adiestrado estos días a sus jugadores para que protagonicen un inicio de partido de fútbol visceral. Una de esas salidas arrolladoras que inflaman a la parroquia rojiblanca en cada acción, ya sea un duelo ganado o un saque de esquina forzado.

Simeone tiende a manejarse bien en la inferioridad. Ya lo hacía como jugador y como entrenador trata de maximizar todo aquello que pueda fortalecer a su equipo y debilitar al contrario. Es consciente de que una tribuna encendida es necesaria para igualar fuerzas con un rival que libra por libra cuenta con una plantilla superior. La necesidad de fortalecer el ánimo ha sido prioritaria. El Arsenal de Arteta pondrá a prueba el exorcismo interno realizado estos días para minimizar los daños por el varapalo del título copero. “Siempre, tras perder, es duro y difícil levantarse, pero la temporada no ha acabado ahí, todavía quedan partidos importantes y todos lo sabemos, no hay tiempo de mirar hacia atrás, sino hacia adelante. Han pasado muchos años de la última semifinal, a los jóvenes les digo que no ocurre cada año”, señala Jan Oblak, en referencia a la semifinal de 2017 perdida contra el Real Madrid.

“La Copa fue un golpe duro porque teníamos mucha ilusión, llegamos a la final y ahora tenemos estas semifinales de Champions. El año pasado en marzo estábamos fuera de todo. Ahora hay que levantarse de ese golpe. Hemos hablado lo que sentíamos cada uno después de la final de Copa. Queremos escribir nuestra historia”, admite Julián Alvarez. El atacante argentino se presentó ayer en la sala de prensa del Cerro del Espino de Majadahonda en vaqueros cortos y un polo azul con la escarapela del club. Por palmarés y jerarquía, su liderazgo ha sido reclamado por Simeone para encabezar junto a los Koke, Griezmann, Marcos Llorente y Oblak el levantamiento moral del grupo. “Julián es fundamental para nosotros, lo demostró con goles cuando el equipo lo necesitaba. Su jerarquía, su manera de luchar, el cómo corre y su manera de jugar contagia”, admite Llorente. El volante está de acuerdo con su entrenador en que el equipo este curso ataca mejor que defiende. “Pienso lo mismo”, abunda el polivalente internacional español.

Llorente también sigue la línea de las charlas de su entrenador. Y apela a la necesidad de no cometer errores. “Tienes que estar bien en todos los detalles. Concentración, el primer partido marca, gestionar bien la presión… Ante estos partidos hay que estar bien en todo”, incide Llorente. Entre los detalles a cuidar y mejorar, Simeone ha hecho hincapié en el poderío del Arsenal en las jugadas de estrategia. Habrá que revisar lo del balón parado, ellos son fuertes ahí”, concluye Llorente.