Rubén Fariñas

27/04/2026

Actualizado 28/04/2026 – 17:24h.

Existen «lagunas» en su historia. No podía ser de otra forma para un genio que tuvo en el enigma la mística necesaria para que hoy muchos no acaben de explicarse quién era realmente el artista.

En el centenario de su muerte, Leonoticias pone en marcha un recorrido que arranca en el origen, desde el primer contacto con León, de uno de los arquitectos más valorados del mundo que dejó en la provincia dos obras para la posteridad.

Antoni Gaudí se fijó en una provincia de interior como esta para levantar dos edificios muy diferentes: uno religioso y una casa de tiendas. Ese camino entre Astorga y León durante varios años a finales del siglo XIX sirvió para que el genial artista dejara su sello.

La primera discrepancia nace ya en la fecha de la llegada de Gaudí a León. Algunos sitúan un primer acercamiento en 1886, pero, según el historiador César García Álvarez, miembro del comité científico de Casa Botines, esa visita inicial pudo producirse en el invierno de 1888 a 1889. Lo hizo en tren, de eso hay certeza, y estima que estuvo «entre cinco y siete veces» en ambas ciudades.

César García Álvarez.

César García Álvarez.

(Fundos)

Pero, ¿por qué vino? Pues porque mantenía una estrechísima relación con el obispo de Astorga, Joan Bautista Grau, paisano suyo de Reus, quien contactó con el diseñador catalán para que le ayudase con su Palacio Episcopal.

¿Y a León? Se cree que fue a través de Eusebi Güell, señor del palacio en el que estaba trabajando en Barcelona, quien mantenía contactos con Joan Homs i Botines, un empresario textil con comercio de telas en León, cercano a Simón Fernández y Mariano Andrés, quienes se enriquecieron con su negocio en la Plaza Mayor y adquirieron el solar de lo que hoy es la Casa Botines.

Recreación con IA de Gaudí trazando los planos de Botines.

Recreación con IA de Gaudí trazando los planos de Botines.

El encaje de Gaudí en la provincia

Se desconoce el lugar en el que pudo hospedarse en Astorga, pero sí se sabe que en León lo hizo en la calle Cardenal Landázuri, en la casa de Cayetano Sentís i Gran, canónigo de la Catedral y al que le unían vínculos en su tierra natal.

Su encaje en la sociedad leonesa del siglo XIX fue «complejo», define el profesor García Álvarez. Contaba con fama de «excéntrico, diferente» y una parte le rechazó, incluidos los arquitectos de la época que no veían con buenos ojos los planos gaudinianos. «Muchos estaban movidos por la envidia porque disfrutó de presupuestos altísimos», explica el historiador. Al final, su mecenas era la segunda fortuna del país y yerno del Marqués de Comillas: Eusebi Güell.

Gaudí se adaptó al terreno, como hacía en todas sus obras. Se conoce el plano y los materiales, no así el dinero que pidió, que sería considerable, aunque abarató costes trayendo a su equipo de Cataluña y piezas prefabricadas que solo debía ensamblar. «Se interesaba por todo lo que había en el lugar», cuenta el experto. En Astorga utilizó alfarería tradicional de Jiménez de Jamuz y en León piedra característica de la provincia como la pizarra.

Como personaje en la historia fue único por «su extraordinaria riqueza y mezcla de contrarios». Logró mezclar en la arquitectura «naturaleza, imaginación, espíritu y geometría». Por ello, que León cuente con dos edificios es «un auténtico lujo» por la «extraordinaria originalidad» que tienen el Palacio Episcopal y Casa Botines, obras que iremos conociendo en las próximas semanas.