Pero a quien ha rendido homenaje de forma explícita Blazy en los apenas 20 minutos que ha durado el desfile ha sido a su fundadora. En particular, al legado de Coco Chanel en la ciudad a orillas del Cantábrico en la que se refugió durante la I Guerra Mundial, y donde abrió su primera boutique en 1915. Mademoiselle llegó a Biarritz precedida por su fama entre la alta sociedad parisina, a la que ya había conquistado con su primer oficio, el de sombrerera. En el destino vacacional predilecto de la realeza europea, que tomaba los baños de sol siguiendo el ejemplo de la primera influencer de la historia, la emperatriz Eugenia de Montijo, Chanel encontró el escenario adecuado para sus prendas. Al borde del mar, o en el Casino –escenario por cierto del desfile Crucero–, el punto, un tejido fluido y ligero que, como recuerdan desde la casa, “solía utilizarse para la ropa interior”; el lino y el algodón resultaban simple y llanamente perfectos.

Gorrito de baño conjunto estampado y un abrigo de jaqcard de seda con ribetes de tweed y botones joya. Ms Chanel imposible.

Gorrito de baño, conjunto estampado y un abrigo de jaqcard de seda con ribetes de tweed y botones joya. Más Chanel, imposible.

Sus conjuntos elegantes y cómodos, “que se podían llevar tanto de día como de noche, en interiores y al aire libre”, subrayan, fueron un éxito rotundo entre las mujeres adineradas de principios de siglo ávidas por sacudirse el corsé, de liberarse de la rigidez de su clase y abrazar la efervescencia que caracterizó el período de entreguerras. Por darse al jazz, el champán y la ambigüedad sexual. Con Chanel, las mujeres mundanas se convirtieron en flappers. Un estilo que resulta hoy tremendamente contemporáneo en la visión del nuevo diseñador de la marca francesa. El primer look del desfile Crucero, un vestido de color negro y talle bajo con motivos geométricos inspirados en el Art Déco, podría pertenecer perfectamente a la primera línea de ropa de Gabrielle Chanel. Combinarlo con mocasines planos nos recuerda al instante que no; que estamos ante el Chanel del siglo XXI que con tanto acierto –y éxito de ventas– firma Blazy. “Chanel es una oruga y una mariposa. Necesitamos vestidos pegados a la tierra y vestidos que vuelen, porque la mariposa no va al mercado pero la oruga tampoco va al baile”, explicó el creador en una entrevista reciente en el diario El País. Una declaración original de los años 50 de Coco Chanel en Le Figaro.