El sueño americano con acento italiano: la casa de campo en la Toscana ¡de 800 m2! que reconectó a una familia con sus orígenes

Los propietarios estadounidenses de esta casa de campo que parece haber estado en la cima de una colina en la campiña Toscana durante siglos, llegaron al estudio de arquitectura McLean Quinlan con una idea clara: querían bajar el ritmo, reconectar con sus raíces italianas y encontrar un lugar donde sentirse en casa de verdad. No buscaban solo construir una casa de campo, sino también encontrar el entorno adecuado.Y ese lugar tenía un nombre: la Toscana. Pero no en la más conocida. Más allá de las colinas verdes, los cipreses y los viñedos que suelen definir su imagen, existe otra Toscana. Al sur, en la Maremma, el paisaje es más abierto y más seco, especialmente en verano, cuando el verde se atenúa y los tonos se vuelven más terrosos. Es una versión menos idealizada, pero más directa. Fue precisamente esa la que convenció a la familia.

Fachada de la casa de campo en la toscana

El estudio McLean Quinlan insistió en el uso de materiales tradicionales de la zona, como la piedra para las fachadas y las tejas cortadas realizadas artesanalmente.

© Jim Stephenson

El proyecto comenzó con la compra de un terreno de 30 hectáreas. Después llegó el encargo al estudio McLean Quinlan, que, aunque firmaba aquí su primer proyecto en Italia, contaba con una larga trayectoria construyendo en diálogo con el paisaje. “Fiona y yo conocemos muy bien la Toscana y sus casas tradicionales”, explica Kate Quinlan. “Lo que nos fascinó especialmente fue la idea de construir una especie de pequeña torre en lo alto de la colina”.

Una arquitectura que nace del paisaje

La ubicación responde a una lógica muy concreta. En esta zona, las casas de campo se construyen tradicionalmente en lo alto de las colinas, donde el aire circula mejor y el clima es más favorable que en las zonas bajas. Esa idea se recupera aquí no como gesto estético, sino como punto de partida. Los materiales siguen esa misma línea. La piedra local en las fachadas y las tejas de terracota hechas a mano en las cubiertas establecen una continuidad directa con la arquitectura tradicional de la zona. La finca combina olivares, prados de flores y vegetación mediterránea, y sobre ella se distribuyen tres construcciones: una casa principal de 500 metros cuadrados, una segunda vivienda más pequeña de 130 m2 y una tercera edificación inspirada en un granero, convertida en una casa de invitados de 270 m2. A ellas se suman una piscina y varias logias que invitan a una vida al aire libre.