Hombres y mujeres no desarrollan ni viven la diabetes de la misma manera, y también difieren en el riesgo, el diagnóstico, el tratamiento, la evolución y las consecuencias de la enfermedad. Se establece así una brecha de género que va mucho más allá de una mera cuestión biológica e incluye …



Hombres y mujeres no desarrollan ni viven la diabetes de la misma manera, y también difieren en el riesgo, el diagnóstico, el tratamiento, la evolución y las consecuencias de la enfermedad. Se establece así una brecha de género que va mucho más allá de una mera cuestión biológica e incluye también factores sociales, culturales y del sistema sanitario. Con la menopausia, surgen nuevos obstáculos que agudizan aún más estas diferencias y plantean la necesidad de un abordaje específico de la diabetes en estos casos.

«Es muy importante conocer bien cómo realizar correctamente el manejo de la menopausia en todas las mujeres, pero en las que además tienen diabetes resulta especialmente trascendental, porque su situación metabólica y su particular riesgo cardiovascular requieren una evaluación específica a la hora de indicar la terapia más adecuada, sopesando riesgos y beneficios», advierte la doctora Carolina Sánchez Malo, especialista en Endocrinología y Nutrición en el Complejo Hospitalario de Jaén, quien indica que «la mayoría de los artículos publicados reconocen que no se dedica tiempo a evaluar síntomas, inquietudes y expectativas en estas mujeres en la consulta diaria».

Recientemente, en el transcurso del XXXVII Congreso Nacional de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes, esta experta ha llamado especialmente la atención sobre la necesidad de optimizar el manejo de la menopausia en la mujer con diabetes, ofreciendo alternativas para aquellos casos en los que está contraindicada la terapia de referencia.

Más allá de la terapia hormonal

Por el momento, no se cuenta con suficiente nivel de evidencia para hacer recomendaciones robustas, sobre todo en diabetes tipo 1, respecto al empleo de terapia hormonal en mujeres con diabetes que están en la menopausia. «Son necesarias investigaciones centradas en este grupo específico de mujeres», demanda la experta, que advierte de que existe «un claro sesgo de indicación de tratamiento». La terapia sintomática se administra a menos del 50% de las mujeres con menopausia y diabetes, en comparación con aquellas que no tienen diabetes. «Tenemos ‘miedo’ a tratarlas, más aún tras los resultados del estudio WHI, que paralizó el tratamiento a millones de mujeres a partir del año 2002», apunta la doctora.

La terapia sintomática más eficaz en la menopausia se basa en la terapia hormonal. La menopausia se debe a la caída brusca de los niveles de estrógenos, y los síntomas más frecuentes, como sofocos, disfunción sexual, ganancia de peso, insomnio o pérdida de masa ósea, están relacionados con ello. Por este motivo, la aportación de estrógenos ha demostrado que mejora la sintomatología por encima de cualquier otra opción terapéutica. «Es la que mejores resultados ofrece en el alivio de los síntomas», informa esta experta.

Al administrar estrógenos (orales o transdérmicos) con o sin progestágenos (en función de la presencia o no de útero), se deben tener en cuenta los efectos de estas hormonas sobre el riesgo cardiovascular, ya elevado por la propia diabetes, así como el riesgo trombótico y de cáncer de mama. Además, es necesario ajustar la terapia antidiabética, eligiendo aquellos fármacos con menor impacto en la masa ósea, las infecciones genitourinarias y las hipoglucemias.

Recursos alternativos

Según la última guía europea sobre el manejo de la menopausia, publicada en 2025, la diabetes bien controlada no se considera una contraindicación para el uso de terapia hormonal sintomática. El estrógeno transdérmico es la opción preferida y, si se precisa junto con progestágeno, «lo ideal –a juicio de la doctora Sánchez Malo– es progesterona micronizada cíclica», que «tiene efecto positivo en la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de la glucosa, siendo eficaz cuando se inicia en mujeres menores de 60 años o dentro de los 10 años posteriores a la menopausia» (hipótesis del tiempo).

En algunas mujeres con diabetes, la terapia hormonal sintomática puede estar contraindicada. De ahí la necesidad de conocer y adoptar, cuando sea pertinente, otros recursos terapéuticos sin efectos adversos en el control metabólico ni en el riesgo cardiovascular. Dentro de estas opciones terapéuticas, la doctora Sánchez Malo enumera, por ejemplo, las intervenciones en estilo de vida con hábitos saludables, la terapia psicológica, el bazedoxifeno, el ospemifeno, la fitoterapia, los inhibidores de la recaptación de serotonina, la gabapentina, la melatonina, y los hidratantes y lubricantes vaginales. Pero, además, matiza, «no se trata solo de aportarle a la mujer los estrógenos que le faltan; también hay que escucharla, tranquilizarla y acompañarla, porque muchas lo pasan realmente mal».

Un aspecto que se considera crucial es dedicar tiempo a la valoración de la disfunción sexual, muy frecuente en esta etapa de la vida, «teniendo en cuenta que existe un problema, siendo consciente de que la paciente no lo va a exponer voluntariamente, e informar sobre las opciones terapéuticas más adecuadas y, si se desconoce el tema, derivarla a un colega que pueda ayudarla», señala la especialista. En su opinión, «es necesario que los servicios de salud promuevan la dimensión ‘sexual’ en la salud y los derechos sexuales con información y educación sexual integral, científica y basada en derechos. Ello implica formación y empatía de los profesionales sanitarios».

Actualmente, existen herramientas de medida de calidad de vida, como la escala CERVANTES, o cuestionarios de satisfacción sexual, que detectan problemas de disfunción sexual a menudo ignorados en la práctica clínica diaria y que pueden ayudar a detectar problemas no comunicados.