«Hoy toca remar». No hablamos de traineras ni de banco fijo. Nos referimos a la Titan Desert, posiblemente la carrera de bicicleta de montaña … por etapas de más dura del mundo. Remar es una palabra clave. La que nadie quiere escuchar. Significa que el recorrido es terrible y que para salir a flote en las arenas del desierto, al ciclista no le queda más remedio que aporrear los pedales con todas sus fuerzas. De lo contrario, la barca se hunde.
Ayer tuvimos que remar a tope. La Titan Desert alcanzaba la cuarta jornada y vivimos la etapa reina. Casi 120 kilómetros de puro desierto. Un crematorio. La estrategia habitual de apretar al principio de la mañana para evitar el sol del mediodía no sirvió de nada. Los tres periodistas de EL CORREO que estamos viviendo esta experiencia invertimos entre 6 y 8 horas en cubrir el recorrido propuesto para la organización, entre las arenas de Sidi Ali y las dunas de Merzouga.
Puro sufrimiento, porque los problemas se van poco a poco acumulando. Los tres estamos padeciendo rozaduras en el culo (hablando claro) pese a la cantidad y tipo de cremas que estamos probando. Es un mal endémico de la Titan. Y la cosa suele ir a peor, a medida que la prueba avanza. Hemos visto a algún ciclista casi llorando hoy por las temidas llagas. Por ahora estamos solo irritados.
Pero el parte médico es largo. Bruno es el que anda más fino, pero arrastra molestias en el antebrazo derecho casi desde el principio. Lucas acumula varios rasguños pero nada serio, afortunadamente. Y Josu pasó ayer un mal día por un dolor de rodilla que, increíblemente, se evaporó en el kilómetros 85.
Y luego están los imponderables. Josu pinchó ayer dos veces. Es algo frecuente si llevas una presión baja en las ruedas para pasar mejor las dunas. Además, se perdió al intentar hacer un recorte en el recorrido junto al mítico Melchor Mauri, que es nuestro capitán en el equipo KH7 del que formamos parte. Porque esta es otra parte interesante de la Titan Desert. La organización propone un recorrido y coloca varios puntos de paso obligatorio. A partir de ahí, cada uno se monta la ruta como mejor puede con el GPS. A veces, un río seco o una duna infranqueable arruinan la escaramuza. Mauri es un zorro del desierto pero no es infalible. En ocasiones se equivoca. «No me he agobiado porque no estaba solo pero el desierto parece todo igual y asusta».
Nuestro compañero Jonathan Castroviejo también se encontró con un callejón sin salida cuando lideraba esta cuarta prueba. El ciclista getxotarra llevaba una ventaja de 2 minutos hacia el kilómetro 30 cuando un intento de recortar el trazado le dejó varado en un río seco. El pelotón de cabeza le dejó atrás sin piedad. Los corredores de élite no perdonan. Nadie espera. Aún así, el exprofesional vizcaíno, seis veces campeón de España contrarreloj, hizo una muy buena etapa, acabando en el puesto 23. «Me ha gustado la sensación de pedalear en la arena y disfrutar del desierto», dijo en meta.
Porque la etapa reina de la Titan Desert no perdona. Es un territorio sin concesiones, donde la línea del horizonte parece burlarse del ciclista, alejándose a cada pedalada. Las llanuras se extienden infinitas, los ciclistas trataban de acortar lo posible. Tenías uno a 50 metros a la izquierda y otro grupo a la misma distancia por la derecha. Todos con el mismo objetivo: pasar por los puntos de control lo antes posible y recortando lo máximo.
Un esfuerzo titánico sobre un océano de polvo y donde el viento, seco y abrasador, se convierte el enemigo invisible. Los participantes hemos tenido que soportar hoy hasta 37 grados. Además no hay refugio, no hay sombra, solo la determinación y el crujido constante de la grava bajo las ruedas. Y eso en el mejor de los casos, ya que también había que sortear grandes bancos de arena. Muchos tenían que poner pie a tierra y caminar bajo el sol de justicia.
Un bilbaíno solidario
En medio de este ‘infierno’ los participantes aprovechan para hablar. Son muchas horas sobre el sillín como para estar en silencio cuando tienes a una persona al lado en tu misma situación. «Tú eres Bruno, de EL CORREO, le dice a este periodista Ibon, un bilbaíno que ha leído las crónicas. Él ha venido a la Titán por una buena causa. Viene en representación de DalecandELA, la asociación sin ánimo de lucro creada para visibilizar la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), recaudar fondos para la investigación y apoyar a los pacientes. Y juntos remamos un rato. Remar, remar y remar.
Ante la dureza de esta jornada, la organización estableció un límite de 12 horas para completar esta etapa. Aun así hubo diez participantes que tuvieron que abandonar. Ya quedan menos de 400 titanes. En concreto estamos en carrera 390 de los 475 que salimos en la ya lejana línea de partida de Boulmane Dades.
Hoy toca subir las dunas de Merzouga. Atravesaremos un cordón de unos 3 kilómetros de estas montañas de arena por las que es casi imposible ciclar. Así que habrá que empujar la bici durante casi una hora. Y luego tocará seguir remando.