Ante más de un millar de personas, de todas las edades, en la vía central de los Jardines de Murillo, a escasos metros del Palacio de San Telmo, sede del Gobierno andaluz, entre palmeras, adelfas en flor y mucho polen para los alérgicos, el presidente de la Junta y candidato a la reelección por el PP, Juan Manuel Moreno, ha arrancado la campaña electoral con el reto de revalidar una mayoría absoluta que lo convertiría en el primer barón popular en no tener que depender de Vox desde que Extremadura inaugurara el ciclo electoral el pasado mes de diciembre. Un evento primaveral y casi íntimo, al ritmo de Kilómetro Sur -que ha interpretado un grupo de jóvenes sevillanos a quienes el PP ha encargado la canción- y, desde luego, menos frenético que hace cuatro años, cuando el dirigente andaluz dio el pistoletazo de salida en Málaga, primero, y en Sevilla, después; y más idílico que en 2018, cuando lo hizo delante de donde se ubicaba el puticlub vinculado al escándalo de corrupción de la Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe) durante los gobiernos socialistas.
El presidente de la Junta ha hecho un repaso, en positivo, de su gestión en los últimos siete años: creación de empleo, récord en inversión extranjera… “Somos muy dados a olvidar y cuando alguien hace un balance pido a los ciudadanos que no olviden, que hagan un ejercicio de dónde estábamos, parálisis, falta de ilusión… y donde estamos” ha dicho el dirigente popular. “Esta Andalucía nada tiene que ver, ni en motivación ni en espíritu con la Andalucía de triste legado del Gobierno socialista”, ha enfatizado.
Moreno arranca la campaña envuelto en el optimismo que le auguran las encuestas que le ponen al alcance de la mano revalidar la mayoría absoluta. Pero esa perspectiva también se convierte en la principal amenaza si no alcanza los 55 diputados que separan esa mayoría “de estabilidad”, como él denomina a la mayoría absoluta, de tener que depender de la formación ultra, un vínculo al que, como le recuerdan los de Santiago Abascal, ya se ató en 2018 cuando pactó con ellos para gobernar, y que públicamente recalca que no quiere repetir.
Hace cuatro años apeló al voto útil para romper con esa atadura y esa es la misma estrategia que está utilizando ahora con su mantra: “estabilidad o lío”, pero esta tarde, además de para desmarcarse de Vox, ha utilizado el mensaje para alejarse del pasado socialista. “El 17 de mayo no nos podemos meter en un lío, Cuando las cosas van bien no podemos depender de quien nos quiere meter los palos en la rueda, chantajearnos o volver atrás al pasado más oscuro”, ha dicho Moreno.
Aunque su equipo asegura que la estrategia de la campaña pasa por hablar solo de Andalucía y evitar que cale el ruido de la política nacional, entre el que se encuentra la “prioridad nacional” de Vox, Moreno no ha rehuido confrontar esta tarde con el Gobierno de España al que ha acusado de haber “desatendido” a la comunidad. “Es el que menos cariño y empatía ha demostrado con Andalucía de la historia”, ha sostenido poniendo como ejemplo la falta de inversión en infraestructuras en la provincia de Sevilla.
El dirigente popular ha tirado de la socorrido agravio territorial y ha criticado la financiación singular planteada por la ex vicepresidenta primera y candidata socialista a la Junta, María Jesús Montero: “Vamos a levantar siempre la voz para defender los intereses de Andalucía, porque sabemos que después del 17 de mayo van a ceder la recaudación íntegra de los impuestos a Cataluña”. Y para ello, de acuerdo con el barón popular, también es necesario revalidar la mayoría absoluta. “Frente a los privilegios de unos necesitamos un gobierno fuerte para defender los intereses de los andaluces que queremos ser iguales a un catalán, a un vasco y para eso necesitamos gobiernos fuertes para ser contundentes en la defensa de Andalucía”, ha enfatizado.
Ante el riesgo de que cuatro años después, la estrategia del voto útil no cale entre los votantes de centroizquierda que lo apoyaron entonces ante el desencanto con el PSOE, Moreno necesita mantener en tensión a los suyos. Por eso estos días no para de apelar a no dejarse llevar por el exceso de confianza y den por seguro un triunfo que, de no alcanzarse, le obligaría a claudicar ante Vox y poner en peligro el liderazgo personalista, esa marca Juanma, muy por encima de las siglas del partido, que ha conseguido apuntalar durante estos años en el poder. “No hay nada ganado”, ha advertido a los suyos.
Las sensaciones entre su equipo, sin embargo, son buenas. “Vemos el mismo calor y entusiasmo ciudadano por el presidente que hace cuatro años”, indican miembros de su equipo más cercano sobre las muestras de apoyo que han percibido las últimas semanas donde ha acudido a ferias y romerías. Por eso su precampaña ha sido amable, buscando explotar esa cercanía —selfis con simpatizantes y vídeos con perros— y alejarse de los temas de política nacional que le resultan incómodos, para encapsular la campaña en Andalucía, insisten los responsables de la campaña consultados. Salvo para el agravio con Cataluña y la financiación singular, vinculados a los pactos y acuerdos alcanzados por Montero.