Aquí en la Tierra los días duran 24 horas. Parece una obviedad, una verdad inmutable. Es lo que dura la rotación del planeta sobre su eje, que en realidad son 23 horas, 56 minutos y 4 segundos. Pero si inmutable es «lo que no puede ni se puede cambiar», la duración de los días nunca lo ha sido. Estamos ya en camino de que un día dure 25 horas, un proceso al que, nos dice la NASA, también está contribuyendo el cambio climático.
Decimos que la duración de los días nunca ha sido inmutable porque las horas que tiene cada uno de ellos ha evolucionado a lo largo del tiempo, desde la formación de la Tierra hace 4.500 millones de años. Los científicos han visto que los días han acumulado horas porque la velocidad a la que el planeta gira se ha ralentizado en algunos periodos en los que la Luna estaba más cerca.
Cuando se formó la Tierra, el día duraba apenas unas 6 horas. A medida que la Luna se alejó, nuestro planeta redujo la velocidad del giro sobre su propio eje. Hace 1.500 millones de años, en la época Precámbrica, los días duraban 19 horas. Eso duró mil millones de años. Luego, hace 500 millones de años, eran casi 22 horas.
Cuánto se aleja la Luna
- La Tierra se aleja 3,8 cm más de la Luna cada año. De ese modo, se estima que la duración del día aumenta aproximadamente 2,3 milisegundos por siglo a medida que el planeta continúa desacelerándose. Parece poco, pero la NASA explica que se crea un efecto acumulativo. Eso significa que se podrían perder aproximadamente 40 segundos en un siglo, lo que dejaría a la Tierra con una hora de retraso al final del milenio.
Según los científicos, la influencia lunar ha alargado la duración del día, de promedio, alrededor de 2,4 milisegundos por siglo. Pero también nos afectan los efectos atmosféricos del Sol. Por eso, por una y otro, la velocidad de rotación de nuestro planeta nunca ha sido completamente estable.
Eso es lo que sabíamos hasta ahora, que la influencia gravitacional de la Luna, las mareas, el Sol, los océanos y el movimiento del agua afectaban a la duración de los días aquí en la Tierra. En los últimos 120 años, el eje de rotación del planeta se ha desviado 10 metros.
Las masas de hielo y agua se redistribuyen
Ahora se suma otro factor y este sí es responsabilidad nuestra. La NASA ha confirmado que la rotación de nuestro planeta se está ralentizando —lo que hace los días más largos— y es por culpa del calentamiento global.
La Tierra gira cada vez más despacio. Se debe a la redistribución del hielo y del agua, lo que está modificando la forma en la que se comporta la masa del planeta. De ese modo, los días van camino de durar 25 horas. Un camino largo, tal vez en unos 200 millones de años, siempre que la Tierra y la Luna mantengan su comportamiento actual.
¿Una presa puede frenar la rotación de la Tierra?
- La acción de los seres humanos afecta a la velocidad de giro de la Tierra, pero no sólo por el cambio climático que provocamos y no estamos sabiendo frenar. Hacemos cosas que sorprendentemente también tienen su efecto, como la construcción de megainfraestructuras. La ciencia ha comprobado el caso de la presa de las Tres Gargantas, en China. Al almacenar 40 kilómetros cúbicos de agua a gran altura, el proyecto alteró la distribución de masa. Alargó el día en 0,06 microsegundos y desplazó levemente el eje de la Tierra.
El deshielo de los polos, la pérdida de agua subterránea y el aumento del nivel del mar están modificando la distribución de masa de la Tierra. Dos investigaciones financiadas por la NASA han estudiado los datos de los 120 últimos años y han visto que esa redistribución está alterando ligeramente la rotación de nuestro planeta.
Hielo menos asentado, como los brazos de la patinadora
Ese cambio en la distribución de la masa terrestre está ocurriendo como consecuencia de la crisis climática. El hielo se está fundiendo por las temperaturas en ascenso, hay más agua líquida y las corrientes también cambian. Los investigadores lo explican con una metáfora: la patinadora que gira más rápido si pega los brazos al cuerpo, pero más lento si los separa.
Hasta ahora, la masa de la Tierra estaba más asentada. Al producirse un cambio de distribución también hay un cambio en la velocidad de esta rotación. Cuando el hielo de los polos se derrite y el agua se redistribuye hacia los océanos y regiones cercanas al ecuador, el planeta tiende a girar un poco más lento.
Estos dos estudios de la NASA aportan en detalle cómo es la correlación entre deshielo y ralentización. Calculan que entre el año 2000 y el 2018 ese freno era de 1,33 milisegundos por siglo. En esos dieciocho años, la Tierra estaba 1ºC por encima de las temperaturas previas a la Revolución Industrial.
En 2025, ese calentamiento es ya 1,47ºC por encima de la media preindustrial. Si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen en aumento, a finales del siglo XXI el impacto del clima sobre la rotación podría llegar a 2,62 milisegundos por siglo.
Intercalando segundos para sincronizar relojes
Los días se van alargando apenas unos milisegundos por siglo. Nosotros no lo notamos, pero sí los sistemas tecnológicos de alta precisión. De hecho, una cosa es el llamado tiempo astronómico y otra el tiempo atómico. Este último es que rige a los relojes más precisos.
Para evitar ese desfase, organismos internacionales introducen ocasionalmente los llamados «segundos intercalares», que son ajustes mínimos para sincronizar los relojes oficiales con la rotación real del planeta. El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos explica que los segundos intercalares garantizan que el Tiempo Universal Coordinado (UTC) se mantenga sincronizado con el período de rotación de la Tierra.