El tercer largometraje de Bi Gan, el noir romántico Largo viaje hacia la noche (2018), incluía un portentoso plano secuencia de una hora de duración, hoy celebrado como uno de los mayores logros técnicos y sensoriales del cine reciente, a causa del cual el espectador salía de la sala preguntándose si realmente acababa de ver aquello o más bien lo había soñado. 

Y ese poder del cine para reproducir la lógica onírica –y para transportarnos, y para redefinir nuestra percepción del paso del tiempo– es un asunto esencial del nuevo trabajo del cineasta chino, una elegía profundamente melancólica por ese alarde creativo que fue el primer siglo de cine, y por las vidas vividas a través de él.

Resurrection plantea un universo alternativo en el que la humanidad ha bloqueado todo acceso al subconsciente, se fija en un ser inexplicable señalado como un paria a causa de su amor por las películas y lo acompaña en un extraño viaje a través de épocas, géneros y estilos narrativos; de pasadizos secretos, habitaciones en penumbra y escaleras sinuosas; de tahúres, clérigos proscritos, mafiosos perdedores y otros personajes que cargan con el peso de su propio fatalismo aunque, por momentos, nos obsequien con algún chiste escatológico para insuflar cierta ligereza. 

Bi, entretanto, nos invita a encontrar nuestros propios significados mientras acumula homenajes a Murnau, a Wong Kar-wai, a Las zapatillas rojas (1948), a Lon Chaney, a La dama de Shanghái (1947), a Hou Hsiao-Hsien y El regador regado (1895). Descifrar por completo las intenciones de Resurrection probablemente requeriría más conocimiento de la historia de China y acceso a la mente de su creador del que la mayoría de espectadores poseemos, pero en su avance la película nos envuelve con delicadez y esmero, y nos seduce sea cual sea el nivel de comprensión.

Para ello, se sirve de una combinación de ritmos hipnóticos y niveles extraordinarios de artificio e imaginación. Es una obra desbordante de inventiva visual, plagada de planos que no se parecen a ningún otro existente y embriagada por su propia capacidad para asombrar. 

Pero esa exhibición de virtuosismo no funciona como mera ostentación, sino que logra transmitir tanto un entusiasmo genuino por todas las ilusiones que el medio puede generar como, a menudo, significados relevantes. Sirva de muestra el deslumbrante plano secuencia a bordo del que transcurre su último segmento y que, lejos de contentarse con epatarnos, se reivindica como una herramienta esencial para los experimentos del cineasta chino con las posibilidades del relato cinematográfico.

El trazo de amargura y tristeza que recorre Resurrection se intensifica a medida que la película se acerca a su clímax. En su plano final, nos encontramos en una sala de cine de cera, llena de figuras que se derriten mientras la pantalla arde. ¿Realmente nos enfrentamos a la verdadera desaparición del cine entre las llamas? Si es así, esta obra mayúscula está muy cerca de ser la despedida que merece.

Título ‘Resurrection’

  • Director

    Bi Gan

  • Género

    Drama

  • País

    China

  • Sinopsis

    En un mundo donde la humanidad ha perdido la capacidad de soñar, una criatura sigue fascinada por las ilusiones que se desvanecen del mundo onírico. Este monstruo, a la deriva en la ensoñación, se aferra a visiones que nadie más puede ver… hasta que aparece una mujer. Dotada del raro poder de percibir estas ilusiones tal como son, decide adentrarse en los sueños del monstruo, decidida a descubrir la verdad que se oculta en su interior.

  • Guión

    Bi Gan

  • Duración

    160 min

  • Distribuidora

    Madfer, Filmin

  • Reparto

    Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao

  • Estreno

    30 de abril

'Resurrection' cartel