
30/04/2026
Actualizado 01/05/2026 – 08:23h.
La investigación contra la ELA suma un avance relevante desde la provincia de Alicante. Un equipo del Instituto de Neurociencias UMH-CSIC ha identificado un mecanismo celular clave en la degeneración de las neuronas motoras, un hallazgo que podría abrir nuevas vías para el desarrollo de tratamientos dirigidos a frenar la progresión de esta enfermedad neurodegenerativa.
El estudio, publicado en la revista científica Acta Neuropathologica Communications, señala a la autofagia mediada por chaperonas como una posible nueva diana terapéutica. Se trata de un sistema de «limpieza selectiva» de proteínas que el organismo utiliza para eliminar aquellas que están dañadas. Según los resultados, este mecanismo aparece significativamente reducido en pacientes con esclerosis lateral amiotrófica, conocida como ELA.
La importancia del hallazgo reside en que este sistema celular resulta esencial para mantener el equilibrio interno de las neuronas motoras, las células responsables de controlar los movimientos voluntarios. Cuando este proceso falla, pueden acumularse proteínas tóxicas, uno de los rasgos característicos de la enfermedad.
La ELA provoca una pérdida progresiva de las neuronas motoras y, en la mayoría de los casos, deriva en un fallo respiratorio en un plazo de entre tres y cinco años desde el diagnóstico. Por eso, identificar qué mecanismos intervienen directamente en la supervivencia de estas células supone un paso especialmente relevante para avanzar hacia nuevas estrategias terapéuticas.
El catedrático Salvador Martínez, director del laboratorio de Neurobiología de las enfermedades mentales, neurodegenerativas y neurooncológicas en el Instituto de Neurociencias UMH-CSIC, ha explicado que «la ELA es una enfermedad devastadora cuya causa sigue siendo desconocida en la gran mayoría de los pacientes, lo que dificulta enormemente el desarrollo de tratamientos eficaces». En este sentido, ha subrayado que «identificar mecanismos celulares implicados directamente en la supervivencia de las neuronas es un paso fundamental para avanzar en nuevas estrategias terapéuticas».
Uno de los aspectos más destacados del trabajo es que se ha realizado directamente en tejido humano procedente de pacientes incluidos en ensayos clínicos, además de muestras control de donantes sin enfermedad. Este punto refuerza la relevancia del estudio, ya que permite observar alteraciones que no se habían logrado detectar de la misma forma en modelos animales.
Las neuronas motoras son especialmente vulnerables en la ELA. En más del 90% de los casos acumulan una proteína llamada TDP-43 fuera de su localización habitual, formando agregados tóxicos. El organismo dispone de distintos sistemas para tratar de evitar esa acumulación.
Entre ellos está la autofagia, una especie de mecanismo de limpieza y reciclaje celular. Sin embargo, no todos los tipos de autofagia actúan igual: mientras la macroautofagia elimina residuos de forma más general, la autofagia mediada por chaperonas trabaja de manera mucho más precisa sobre proteínas concretas.
Para analizar este proceso, los investigadores estudiaron muestras de médula espinal mediante técnicas de inmunohistoquímica e inmunofluorescencia. En concreto, evaluaron la presencia de LAMP2A, una proteína clave que actúa como indicador de la actividad de este tipo de autofagia.
Los resultados muestran que las neuronas motoras sanas presentan una alta actividad de este sistema, mientras que en los pacientes con ELA esa actividad está notablemente reducida. «Estos datos indican que la actividad de la autofagia mediada por chaperonas está claramente disminuida en las neuronas motoras de los pacientes con ELA», ha señalado Daniel Garrigós García, primer autor del artículo.
Martínez ha destacado que esta reducción puede ser determinante para explicar por qué estas células acaban degenerando. «En nuestro artículo hemos descrito que las motoneuronas necesitan niveles muy altos de autofagia mediada por chaperonas para sobrevivir. Cuando este mecanismo disminuye, como ocurre en la ELA, son precisamente estas células las que primero sufren y acaban muriendo», ha afirmado.
El estudio también pone en valor el papel de las donaciones altruistas de tejido por parte de pacientes y familias, sin las cuales no habría sido posible observar este mecanismo directamente en muestras humanas. «Hemos podido observar este mecanismo directamente en tejido humano, algo que no habíamos logrado en modelos animales», ha señalado Martínez.
A partir de estos resultados, el equipo investigador plantea que la autofagia mediada por chaperonas podría convertirse en una nueva diana terapéutica. «Nuestro objetivo es intentar modular esta vía para aumentar su actividad», ha explicado el catedrático. Aunque la investigación se encuentra todavía en fases iniciales, el hallazgo abre una puerta esperanzadora para diseñar estrategias que ayuden a ralentizar el avance de la enfermedad.
El trabajo ha contado con la participación del Centro de Investigación del Deporte de la UMH y del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla. Además, ha recibido financiación de la Agencia Estatal de Investigación, el programa Severo Ochoa para Centros de Excelencia en I+D, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el programa Prometeo de la Generalitat Valenciana, el Instituto de Salud Carlos III, los fondos Next Generation EU y, de manera especial, la Cátedra sobre ELA Gregoria Ramos Gil de la UMH.
