Una cita concertada, lejos de miradas indiscretas y con el mismo número de ‘jugadores’ en cada bando, los cuales, para diferenciarse, portan camisetas de distinto color. Los encuentros, que pueden disputarse de local o visitante, cuentan con árbitros y un cronómetro a poner en marcha … nada más arrancar. Pero aquí no hay goles ni porterías y raro es el partido que dura más de un minuto, por lo que cualquier parecido con el fútbol es mera coincidencia. Si acaso, el saludo final entre los contendientes, con independencia del resultado obtenido. Es la ‘Champions League del hooliganismo’, la misma que ha provocado esta temporada un claro viraje de la violencia ultra en España.
El control policial en torno a los partidos de fútbol, unido a las abultadas multas propuestas por la Comisión Antiviolencia y a las dificultades que encuentran los grupos para desplazarse en masa sin ser detectados, son algunas de las claves de la llegada de este particular club de la lucha. Y el grupo que mejor representa este cambio de paradigma es el Frente Atlético, cuyos radicales en el último mes han sido de la partida en dos peleas internacionales. «Son círculos muy cerrados, en los que no todos los integrantes del grupo tienen información de las quedadas», apuntan a ABC las fuentes policiales consultadas.
La primera de las contiendas tuvo lugar en una zona de campo de Madrid, ocho contra ocho. A un lado, de rojo, los radicales colchoneros, seis de ellos por debajo de los 25 años y los dos restantes sin límite de edad; al otro, de azul, los miembro de Club Bizarre (hooligans ucranianos) y Segedka (del Chornomorets Odesa), dispuestos también bajo las mismas condiciones. La pelea dura 50 segundos y la victoria cae del lado foráneo, quienes aplaudirán después «la buena organización de los anfitriones». Al acabar, los que aún siguen en pie levantan a los caídos y todos posan entre abrazos para la foto final.
El segundo de los embates, en cambio, fue a domicilio, después de que seis ultras del Frente se desplazaran a tierras francesas para enfrentarse a otros seis de Jeunesse Boulogne, un grupo integrado dentro del Kop of Boulogne, una de las dos facciones radicales del PSG. Aunque esta vez los golpes solo duran 35 segundos, los madrileños cosechan su segunda derrota, lo que tampoco impide a los dos grupos lanzarse alabanzas de respeto y salir de nuevo en la foto de familia de rigor.
En ambos casos, los contendientes pactaron un enfrentamiento sin armas: nada de palos, cuchillos o cualquier objeto contundente; a cambio, eso sí, de poder utilizar protectores bucales, cascos de goma y guantes propios de las artes marciales mixtas. Se da la circunstancia de que parisinos y ucranianos ya se enfrentaron a finales del año pasado, también en el país galo, en una especie de liga cruzada que pone de manifiesto la relación entre hinchadas de tan distinto pelaje. Más aún, cuando este tipo de escaramuzas, en zonas aisladas y sin posibilidad de huida, no siempre llegan a producirse debido a la falta de confianza a la hora de cumplir con las reglas acordadas.
En la foto principal, los miembros de Jeunesse Boulogne antes de su pelea con el Frente (abajo). En la imagen vertical, los radicales ucranianos en Madrid.
(ABC)
Pese a que los colchoneros son actualmente los más activos en estos menesteres, la primera ‘draka’ registrada en España reunió en 2018 a Ultras Sur con la ya extinta Costa Nostra. Diez contra diez, a las afueras de Málaga, y triunfo para los visitantes. Dentro de la región, el primer enfrentamiento tuvo lugar en 2021, cuando el Frente Atlético y los propios de Ultras Sur volvieron a la carga en una zona boscosa, prácticamente idéntica a la elegida por los rojiblancos para enfrentarse dos años más tarde a sus homólogos holandeses del Feyenoord. Una batalla europea coincidente con el partido de Champions que ambos equipos jugaban en la capital, condición que ahora es totalmente irrelevante.
Mensajería instantánea
Para recordar el primer intento entre los dos principales grupos madrileños, hay que remontarse a mayo de 2013, un día antes de la final de Copa del Rey que el Atlético ganó al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. En aquella ocasión, los violentos se citaron en un descampado próximo al campus de Cantoblanco, pero la trifulca nunca llegó a producirse, ya que mientras los merengues esperaban en el punto marcado, el bando rojiblanco dio media vuelta al advertir en las inmediaciones la presencia de un coche policial.
Desde entonces, los conatos de encontrarse mutuamente no han cesado. Si en la primera década de los 2000, unos y otros pusieron de moda los intentos de dar esquinazo a la Policía y alcanzar el estadio rival el mismo día de partido, ahora las estrategias son bien diferentes. Por si fuera poco, la pandemia aceleró la singular emancipación de los radicales, más alejados de los estadios y con comunicación instantánea como distinguida hoja de ruta.
Prueba de ello es la ausencia de incidentes entre ultras rivales en los alrededores del Santiago Bernabéu o Metropolitano esta temporada. Las razones son dispares, pero el balance es idéntico: los de Chamartín, expulsados del fondo sur hace ya 13 años, se limitan a realizar concurridas previas en Marceliano Santamaría, controlada a cal y canto por las Unidades de Intervención Policial (UIP); y al este de la capital, el diseño urbanístico de feudo rojiblanco, alejado de viviendas y con grandes explanadas en los aledaños para una mejor afluencia del aforo, complica sobremanera cualquier encontronazo.
Presión policial
Reglas
Grupos pequeños
Calendario
El último ejemplo ha sido la visita de Herri Norte (Athletic de Bilbao) el pasado fin de semana. Algo menos de medio centenar de radicales anduvieron solos por los alrededores del polideportivo de San Blas, a casi 2 kilómetros de la zona de reunión del Frente. En su improvisado camino, fueron interceptados por los agentes, quienes los recondujeron por la calle Etruria para llegar escoltados hasta la misma puerta visitante.
Solo los Bukaneros del Rayo Vallecano han protagonizado este curso una trifulca a la vieja usanza. Fue la noche anterior al partido que disputaban en casa contra el Lech Poznan (un equipo polaco cuyos ultras, los llamados Terror Machine, tienen fama de ser una de las hinchadas más peligrosas de Europa), cuando más de 200 ultras armados con palos y bengalas chocaron a la altura del Metro de Buenos Aires, en plena avenida de la Albufera y a solo unos pasos del estadio franjirrojo.
Para evitar ser interceptados, el grueso de los polacos se desplazó a Vallecas en Metro, haciéndose notar desde la última hora de la tarde. Aunque para entonces había ya seis furgonetas de la UIP en el enclave, los radicales de uno y otro lado buscaron la gresca aprovechándose de que el dispositivo especial, con refuerzo de efectivos de la Policía Nacional procedentes de las propias Unidades de Intervención Policial, la Unidad Especial de Caballería y la Brigada Provincial de Información, no se activa hasta el mismo día del partido.