Felicidad Blanc es mucho más que la madre de los Panero, es la madre de ‘El desencanto’, la película que Jaime Chávarri rodó en 1976 y que se convirtió en la gran metáfora del fin del franquismo. Blanc tenía 63 años y aparecía como … el único sostén de una familia perdida. Ahí estaban la cháchara de Michi, el malditismo de Leopoldo María y la teatralidad de Juan Luis. Ante tres hijos desafiantes –los tres, escritores–, Felicidad Blanc se mostraba impasible, «enigmática en su indolencia», según Virginia Trueba Mira, que ha editado para Cátedra ‘Espejo de sombras’, la autobiografía que Blanc publicó un año después del documental a modo de réplica. La película la había dejado insatisfecha: «Yo aparecía como cambiante, con algo de inconsecuente y sobre todo que no era enteramente yo».
Para darle forma al libro, Blanc contó con la ayuda de la periodista Natividad Massanés. Vio ‘El desencanto’, quedó fascinada y le propuso escribir unas memorias. Blanc aceptó, con la condición de limitarse a dictar sus recuerdos. «Cuando cojo la pluma vence, sobre todo, la estética. Me preocupa aquello como literatura, no como confesión, y pierdo naturalidad», explicó. Fue un proceso «extenuante». Massanés viajaba a Madrid, grababan durante días, luego transcribía las cintas y ordenaba el material. «La señora que ha venido me tiene todo el día trabajando, es implacable, termino literalmente extenuada después de grabaciones de cuatro o cinco horas», escribió Blanc. En noviembre de 1977 el libro estaba en la calle. En un mes ya se estaba imprimiendo la segunda edición, y hubo más. Fue un éxito.
Blanc había nacido en 1913 en la calle Jorge Juan, en el corazón del barrio de Salamanca de Madrid, en una familia de vocación burguesa. «Mi siglo fue el XIX», diría ella. La genealogía familiar que abre ‘Espejo de sombras’ habla de un bisabuelo militar que dilapidó la fortuna familiar, una abuela que enviudó joven y una madre, también llamada Felicidad, que nació casi por accidente. «Pienso que ese nombre fue como un desafío al destino, pues ni mi madre ni yo fuimos demasiado felices», escribe.
La madre de ‘El desencanto’ se casó con Leopoldo Panero, que con el tiempo se convertiría en poeta del régimen franquista. Había crecido leyendo a Flaubert, Austen, Turguéniev. A Felicidad le iba la literatura, y escribió cuentos que publicaron las mejores revistas de la época. Su unión con un escritor parecía inevitable. Su primer encuentro con Panero fue en el Museo del Prado, pero no salió bien. Fue toda una premonición. Se habían citado delante de la copia de ‘La Gioconda’, y antes de que llegara el poeta entró un desconocido. «Nuestras miradas empiezan a ser apasionadas», recordaba. Cuando minutos después apareció el verdadero Leopoldo, la decepción fue enorme. «Cuando me lo presentan me quedo turbada. Quién es ese intruso. No me gusta, le odio».
Violencia
Se casaron el 29 de mayo de 1941. De camino a la iglesia, dudó. «¿Y si siguiéramos, si no nos paráramos en esa puerta y nada cambiara?». Según Trueba Mira, sabía lo que le esperaba. Pronto llegaron los embarazos. El primero lo describe con repugnancia: «Siento un asco indecible, no lo puedo comer. ¿Qué me pasa? Estoy enferma de una enfermedad desconocida que todavía no sé cuál es. Pronto lo sabré. Voy a tener mi primer hijo». El niño de su segundo embarazo, en 1944, no se pudo salvar. «Le veo marchar en una caja blanca, que le queda grande, con su carita arrugada de niño viejo que no ha podido vivir». Leopoldo Panero ni la acompañó aquel día.
‘Espejo de sombras’ es un libro atravesado por la violencia que Blanc vivió, señala Trueba Mira. La de su marido –«la más conocida y hablada»–, la de su padre… «Blanc encontrará en su matrimonio gestos parecidos a los de su padre (autoritarismo, ausencia) y otros nuevos (alcoholismo) que le permitirán entender la condición de estructura de la violencia (aunque ella ni siquiera conociera esa palabra)». Blanc nunca se definió como feminista, pero publicó el libro con la intención de que fuera «el punto de partida para que otras mujeres escribieran memorias más interesantes que las suyas, una vez perdido el miedo a hablar».
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‘Espejo de sombras’

La muerte de Panero en 1962 no la liberó del todo. Los problemas mentales y las sucesivas detenciones de su hijo Leopoldo María la llevaron a recorrer comisarías, cárceles y psiquiátricos. «Ni quiero recordar la impresión de aquel manicomio, un caserón antiguo, tétrico. Paso por una galería llena de camas en la que todos los enfermos tienen puesto el casco del electroshock», recordaba del Hospital Frenopático de Barcelona, donde ingresaron a Leopoldo María tras su segundo intento de suicidio. Su hermana Eloísa también sufrió problemas mentales: «La visión de mi hermana con la cara cambiada totalmente, como la de esas locas que yo había visto en las películas, era para mí aterradora».
‘Espejo de sombras’ es el libro que Felicidad Blanc eligió para mostrarse al mundo. Su máscara. «Intempestiva, desconcertante por momentos, singular sin duda», según Trueba Mira. No la de una víctima, como se acostumbra a interpretar, sino la de alguien que «nunca estuvo dispuesta a concederle al otro el poder de destruirla». Felicidad Blanc, que murió en San Sebastián en 1990, huyó de todos los papeles que intentaron asignarle: no fue esposa perfecta, ni viuda ejemplar, ni madre abnegada, ni feminista militante. Quizá, su rasgo más destacado, concluye Trueba Mira, y también el más sorprendente, fue «el de mantenerse en pie pese al daño recibido».
