¿Qué es más difícil, correr los 100 metros en 9,58s, saltar 6,31 metros con pértiga, saltar casi nueve metros en longitud o lanzar una jabalina más de 98 metros? ¿O, quizás, correr el maratón en menos de dos horas?
Un debate de barra de bar, una discusión de oficina, la justificación de una apuesta, que el reciente maratón de Londres, la marca que comienza por uno (1h 59m 30s) por primera vez en la historia, ha hecho obligatoria. Los puristas del atletismo quieren levantar la voz escandalizados, qué estupidez, no hay un mejor supremo, cada campeón es Dios en lo suyo, pero les derrota su alma estadística, el vicio de comparar marcas y épocas, y especialidades. Se apoyan entonces en las llamadas tablas de puntuación húngaras publicadas y actualizadas por World Athletics, un modelo de referencia creado por el ingeniero húngaro Bojidar Sipiriev hace cuatro décadas que sirve para valorar los resultados en las pruebas combinadas y permite comparar las marcas en las diferentes disciplinas del atletismo. Y, sorprendentemente para muchos, ni Usain Bolt ni Mondo Duplantis ni Mike Powell, y mucho menos Sabastian Sawe, el maratoniano en la Luna, han logrado la mayor hazaña atlética, sino un jabalinista checo llamado Jan Zelezny que envió la lanza a 98,48 metros, casi un campo de fútbol de portería a portería, hace 30 años.
Los 9,58s de Usain Bolt en 2009 son la segunda marca y los 6,31m de Duplantis hace unos meses, la tercera. El primera maratón de la historia en menos de dos horas es solamente la novena proeza de la historia del atletismo. ¿Pero cómo?, podrían preguntar extrañados aquellos que admirados y conmovidos han saludado la gesta como uno de los grandes hitos de la humanidad, una señal de que el progreso en la ciencia, en la tecnología, en la nutrición, en la comprensión del funcionamiento del organismo, puede conducir a un futuro mejor. Un símbolo. Una razón para el optimismo. Pero el atletismo no es solo emoción. Es competición por la victoria, títulos y, sobre todo, números hasta la centésima.
Y detalles. En el prefacio de la edición de 2025 de las tablas de puntuación, World Athletics señala: “Debido a la mejora sin precedentes de los resultados en las pruebas de maratón, se han producido desproporciones en las tablas. Por lo tanto, ha sido necesario ajustar los parámetros en consecuencia”. La federación internacional se refiere a un hecho incontrovertible: la autorización de zapatillas con gran cantidad de espuma y placas de carbono con inmensa capacidad para devolver la energía en cada pisada ha convertido en normal lo que hace 15 años era excepcional. Las referencias son otras. El valor de las marcas, también. En 2008, cuando Haile Gebrselassie dejó el récord del mundo en 2h 3m 59s, el tiempo medio de los 10 mejores maratones del año rondaba las 2h 6m. Este 2026, esa misma media roza las 2h 2m. El récord del etíope es actualmente la 47ª mejor marca de la historia, otra prueba de que bajar de dos horas no es tan excepcional como simbólico: no solo fue Sawe quien derribó la barrera, también lo hizo, 11s más tarde, el etíope Yomif Kejelcha en el primer maratón que corría en su vida, y el ugandés Jakob Kiplimo (2h 28s), corrió también por debajo del récord mundial anterior.
El exatleta Jorge González Amo mantiene una opinión radical. “Se vive una obsesión tremenda por comparar las marcas de los maratones y se olvida que estas dependen en muchas veces de la bondad del recorrido, del tiempo, de la calidad de las liebres…”, dice. “Y se olvida que el principal objetivo de un atleta no es batir récords sino conseguir victorias”. Sawe tiene 31 años y ninguna participación olímpica. Eliud Kipchoge, también plusmarquista mundial de maratón, ha sido dos veces campeón olímpico, como Abebe Bikila, el padre del maratón, que batió el récord del mundo cuando sus victorias en Roma y Tokio.
Eran atletas únicos, excepcionales, como Zelezny, tres veces campeón olímpico, y su marca, intocable desde 1996. Desde que Bolt consiguió su primer récord del mundo de los 100 metros, en 2008, la plusmarca mundial del maratón se ha batido siete veces. El jamaicano, ocho veces campeón olímpico, fijó en 2009 su récord definitivo de los 100m y los 200m (19,19s), y desde entonces, entre él y el resto hay un desierto. Nadie se ha acercado en el hectómetro a menos de 11 centésimas, un mundo que las tablas de puntuación registran tan rigurosamente como el valor de los 6,31m de Mondo Duplantis, que batió por primera vez un récord del mundo hace seis años y solo él lo ha superado 13 veces más.
Top ten de las marcas más valiosas de la historia del atletismo