El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó ayer que su país «tomará Cuba casi inmediatamente» y amenazó con desplegar un portaviones a cien metros de las costas de la isla para forzar la rendición del régimen, según declaraciones recogidas por El País durante una cena privada del Forum Club en West Palm Beach, Florida.

«A nuestro regreso de Irán, enviaremos uno de nuestros portaviones, quizá el Abraham Lincoln, haremos que se acerque, se detenga a cien metros de la orilla y ellos contestarán: muchas gracias, nos rendimos», declaró Trump ante los asistentes al evento.

El mandatario condicionó la acción a concluir primero las operaciones militares en Irán: «Acabaremos esta primero, me gusta acabar los trabajos».

Trump cometió un error al describir el Abraham Lincoln como «el mayor del mundo»; ese título corresponde al USS Gerald R. Ford, que opera actualmente en Oriente Medio junto al propio Abraham Lincoln y el USS George H.W. Bush en el marco de la Operación Epic Fury contra Irán.

Las declaraciones se produjeron el mismo día en que Trump firmó una nueva orden ejecutiva que amplía y endurece las sanciones contra Cuba, bloqueando todos los bienes en territorio estadounidense de personas vinculadas a sectores clave de la economía cubana: energía, defensa, minería y servicios financieros.

La medida, que entra en vigor de inmediato sin notificación previa para evitar transferencias de fondos, también prohíbe la entrada a EE.UU. a funcionarios, colaboradores y familiares adultos de los designados, y extiende sanciones secundarias a bancos extranjeros que faciliten transacciones con los afectados.

El documento firmado por Trump señala que las políticas del régimen cubano «continúan constituyendo una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos» y que «resultan repugnantes para los valores morales y políticos de las sociedades libres y democráticas».

La nueva orden complementa la Orden Ejecutiva 14380 del 29 de enero de 2026, que declaró emergencia nacional por considerar a Cuba una amenaza a la seguridad de EE.UU. e impuso un embargo energético. Desde entonces, la administración Trump ha acumulado más de 240 sanciones contra el régimen e interceptado al menos siete tanqueros, cortando entre el 80% y el 90% de las importaciones petroleras cubanas.

Las amenazas de Trump no son nuevas. En febrero dijo que «tendría el honor de tomar Cuba» y que una operación militar «no sería muy difícil». En marzo declaró a CNN que «Cuba va a caer bastante pronto» y que «Cuba está lista, después de 50 años». El pasado 27 de abril, el secretario de Estado Marco Rubio advirtió que Cuba «solo tiene dos destinos: ninguno bueno».

La congresista María Elvira Salazar celebró la nueva orden ejecutiva en la red social X: «La era de la política de apaciguamiento ha terminado: no permitiremos que un régimen alineado con nuestros enemigos opere a solo 150 kilómetros de nuestras costas».

El régimen respondió a la escalada trasladando el desfile del 1 de mayo a la Tribuna Antiimperialista frente a la embajada de EE.UU. en La Habana, bajo la consigna «La Patria se defiende», presidido por Raúl Castro y Díaz-Canel. El 29 de abril, Díaz-Canel ya había declarado que «no hay excusa para justificar una agresión contra la isla», en el contexto del ejercicio militar estadounidense Flex2026 con drones, inteligencia artificial y patrullas navales desde Cayo Hueso.

La economía cubana atraviesa su peor crisis en décadas, con apagones de hasta 25 horas diarias en más del 55% del territorio y una contracción proyectada del 7,2% para 2026, acumulando una caída del 23% desde 2019.

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