Con Luis Enrique se cae muchas veces en la hipocresía. Cuando las cosas le salen bien, se habla de personalidad, valentía y gestión férrea. Cuando le salen mal, se cuestiona el método, se le tacha de protagonista y de intervencionista. Ya se suele decir: hablar con el periódico del lunes en la mano no tiene mérito.
Esta temporada, una de las preguntas que se repiten en sus ruedas de prensa tiene que ver con los porteros. En cierta parte, se puede llegar a entender. Luis Enrique despachó a Gianluigi Donnarumma después de hacer historia, fichó a Lucas Chevalier por 40 ‘kilos’ y el que juega es el suplente del italiano, Matvey Safonov. ¿Tiene sentido? Para él sí, y eso es lo que debe valer.

Chevalier, portero del PSG / EFE
Si el asturiano revalida el título de Champions League, se dirá que la gestión bajo palos ha sido sensacional. Si no lo hace, quizás se le buscarán las cosquillas por ahí. Sea como fuere, el propio Luis Enrique explicó su método para gestionar la portería, “un puesto diferente”, en la rueda de prensa previa al choque contra el Lorient.
He hecho de todo con los porteros durante mi carrera como entrenador. Me acuerdo en el Barcelona B, que hacía jugar a cada portero siete partidos. Y luego escogí al portero que consideraba mejor
“He hecho de todo con los porteros durante mi carrera como entrenador. Me acuerdo en el Barcelona B, que hacía jugar a cada portero siete partidos. Y luego escogí al portero que consideraba mejor. Estoy abierto a cambiar cosas en el fútbol porque hay muchos tópicos que hay que analizar. El mundo ha cambiado en todos los aspectos. ¿Por qué no puede cambiar en el fútbol? Es lo que pienso de cada posición. Estoy abierto a cambiar cosas. No tengo problemas”, señaló.
Si analizamos su aventura en los banquillos, es totalmente así. Su primera experiencia como entrenador, en el Barça B, ya dejó una pista clara de cómo entiende la gestión de la portería. En la temporada 2007-08, apostó por Miño por delante de Oier. Después, según ha recordado él mismo, optó por repartir minutos entre sus guardametas antes de tomar una decisión definitiva.

Rubén Miño, durante un entrenamiento con el Barça / SPORT
En la temporada 2011-12, en la Roma, Luis Enrique se encontró con una portería con varias alternativas, pero ninguna terminó de convencerle plenamente. De este modo, se deshizo de sus tres guardametas y pidió al club a Maarten Stekelenburg, mítico portero neerlandés, que llegó procedente del Ajax por una cantidad cercana a los ocho millones de euros. Necesitaba a alguien en quien confiar plenamente en la portería.
En el Celta, Luis Enrique se acabó quedando con Yoel Rodríguez por delante de Sergio Álvarez y Rubén Blanco. Y en el Barça, poco que decir. Su gestión fue extremadamente mediática. La llegada de Marc-André ter Stegen, procedente del Borussia Mönchengladbach, estaba cerrada, pero él tenía a su propia opción: Claudio Bravo, más experimentado y contrastado.

Claudio Bravo, en un partido con la camiseta del FC Barcelona / Ignasi Paredes
Al Barça no le quedó otra que pasar por caja y traer al chileno, quien jugó LaLiga. El alemán, por su parte, se quedó con la Copa y la Champions. Esta fue la gestión de Luis Enrique en la portería, la que sirvió para ganar el triplete y la última ‘Orejona’ culé. Cuando Bravo se marchó al City (la salida pudo ser la de Ter Stegen), el ex del Gladbach empezó a sumar importancia en Liga, mientras Jasper Cillessen aprovechó la oportunidad de la Copa.

La Champions de 2015, el gran título de Ter Stegen con el Barça / EFE
Por último, Luis Enrique tuvo que gestionar la portería de la Selección. Empezó confiando en David de Gea, pero le acabó abriendo la puerta a un Unai Simón que, a día de hoy, parece ser el hombre de confianza bajo palos de Luis de la Fuente por delante de Álex Remiro, Joan Garcia o David Raya.
La portería es especial; seguramente, el puesto más complicado de defender sobre el campo y en el que tomar decisiones desde el banquillo. Y Luis Enrique siempre ha optado por no casarse con nadie y por apostar por los que le generan confianza.
¿Está bien o mal? Es su manera de trabajar. Ahora tocará comprobar si Safonov es capaz de levantar la Champions a final de curso, como sí hizo Donnarumma. O Chevalier, si es que el francés le arrebata la titularidad al ruso en el sprint final de la temporada. Solo el tiempo, y quizás Luis Enrique, tiene la respuesta.