Donald Trump volvió a golpear uno de los sectores más sensibles de la economía europea: el automóvil. El presidente estadounidense anunció este viernes que elevará al 25% los aranceles a los vehículos y camiones importados desde la Unión Europea a partir de la próxima semana, una decisión que amenaza con reabrir una guerra comercial transatlántica que parecía contenida desde el acuerdo alcanzado el año pasado con Ursula von der Leyen.
El anuncio llegó a través de Truth Social y tomó por sorpresa a Bruselas y a los mercados. Trump acusó a la Unión Europea de “no cumplir” el pacto comercial firmado en julio de 2025 en Escocia, aunque no detalló qué cláusulas considera incumplidas. “La Unión Europea no está cumpliendo nuestro acuerdo comercial completamente pactado”, escribió el mandatario. Minutos después confirmó que los nuevos gravámenes entrarán en vigor la próxima semana.
La medida afecta directamente a fabricantes como Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz Group, Stellantis y Volvo Cars, que dependen en gran medida del mercado estadounidense. Estados Unidos representa uno de los principales destinos para los automóviles europeos de alta gama. Solo Alemania exportó cientos de miles de vehículos al mercado estadounidense durante el último año, y cualquier incremento arancelario amenaza con encarecer esos productos para los consumidores estadounidenses y reducir márgenes para los fabricantes europeos.
La decisión supone además un giro abrupto respecto al llamado acuerdo de Turnberry, firmado hace nueve meses entre Washington y Bruselas. Ese pacto había fijado un arancel general del 15% para la mayoría de exportaciones europeas y buscaba evitar una escalada mayor. Para Europa fue un mal menor: aceptó tarifas superiores a las históricas a cambio de estabilidad comercial y de evitar el arancel del 30% con el que Trump había amenazado previamente.
Ahora esa tregua parece romperse. Fuentes europeas citadas por medios internacionales aseguran que Bruselas no recibió ninguna notificación formal antes del anuncio y evalúa posibles represalias comerciales si Washington concreta la medida.
Como era de esperarse, la industria automotriz europea reaccionó con preocupación. Fabricantes alemanes llevan meses advirtiendo que la incertidumbre comercial está frenando inversiones y alterando cadenas globales de suministro. Muchas marcas europeas ya producen parte de sus vehículos en plantas dentro de Estados Unidos —algo que Trump destacó este viernes como prueba de que su estrategia funciona—, pero una parte significativa de sus modelos sigue llegando desde Europa. “No se aplicará a compañías que fabriquen en Estados Unidos”, afirmó Trump, en una clara presión para que más fabricantes trasladen producción al país.
La amenaza llega en un momento particularmente delicado para la economía global. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha disparado la volatilidad en los mercados energéticos por la crisis en el estrecho de Ormuz, mientras bancos centrales aún intentan controlar la inflación tras meses de precios elevados.
Un nuevo conflicto comercial entre Washington y Bruselas podría añadir presión adicional sobre los precios y afectar a consumidores tanto en Estados Unidos como en Europa.
El tema también tiene una dimensión política interna. Trump ha convertido los aranceles en una de las piezas centrales de su narrativa económica de cara a las elecciones legislativas de medio mandato. La Casa Blanca insiste en que estas medidas están incentivando inversión industrial dentro de Estados Unidos y fortaleciendo el empleo manufacturero.
Sus críticos sostienen lo contrario: que los aranceles terminan trasladándose a los consumidores y generan mayor incertidumbre empresarial. Bruselas, por ahora, evita escalar verbalmente el conflicto. Pero tras meses de relativa calma comercial, Trump acaba de recordar que su relación con Europa sigue marcada por una lógica transaccional: los acuerdos duran mientras él considere que le siguen beneficiando.